Científicos colocan 42 esponjas marinas en un puerto español contaminado y una especie sorprende tras 455 días

 
Por Alejandro Lingenti. 4 septiembre 2026

Los puertos son infraestructuras fundamentales para el transporte, la pesca y el turismo, pero también constituyen algunos de los ecosistemas costeros más transformados por la actividad humana. La escasa circulación del agua en determinadas dársenas puede favorecer la acumulación de contaminantes, mientras muelles, dragados y otras construcciones modifican profundamente los hábitats naturales.

Un equipo del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), en colaboración con la empresa Ocean Ecostructures, ha decidido buscar aliados donde quizá menos se esperaban: las esponjas marinas. El estudio publicado en Frontiers in Marine Science analizó cinco especies mediterráneas para averiguar cuáles podían soportar su traslado desde un ambiente natural hasta un puerto degradado. Después de 455 días de seguimiento, una destacó claramente sobre todas las demás: Chondrosia reniformis, conocida popularmente como esponja riñón de pollo.

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El objetivo de llevar 42 esponjas marinas al puerto: recuperar parte de la vida perdida

La investigación, dirigida por Manuel Maldonado y Carlota Escarré, se desarrolló en Marina Palamós, Girona. Los científicos seleccionaron cinco especies: Chondrosia reniformis, Corticium candelabrum, Crambe crambe, Scalarispongia scalaris e Ircinia oros.

Los ejemplares de esponjas marinas fueron recogidos en aguas próximas a Blanes. Tras una fase de preparación, se fijaron sobre placas que posteriormente se instalaron en estructuras sumergidas especialmente concebidas para favorecer la colonización por organismos marinos.

En total se utilizaron 42 ejemplares en el experimento, aunque Corticium candelabrum no llegó a ser trasladada al puerto porque sus individuos murieron durante la preparación en laboratorio. Las otras especies tuvieron resultados muy diferentes.

Crambe crambe, Scalarispongia scalaris e Ircinia oros fueron reduciendo progresivamente su tamaño y sus ejemplares acabaron muriendo entre los 20 y los 165 días posteriores al traslado.

Chondrosia reniformis o esponja riñón de pollo, en cambio, respondió de manera extraordinaria. El 91,7% de los ejemplares originales sobrevivió durante los 455 días. La población experimental partía de 24 individuos y algunos se dividieron para producir clones, hasta alcanzar temporalmente 40 ejemplares.

Cuatro especies no soportaron el puerto contaminado y murieron en pocos meses

Una de las características más sorprendentes de Chondrosia reniformis es su capacidad para desplazarse lentamente sobre el sustrato. Los investigadores registraron movimientos acumulados de hasta 12,7 centímetros, una habilidad que puede resultar decisiva en un entorno cambiante.

Si las condiciones empeoran, estos animales pueden modificar su posición y buscar espacios más protegidos frente a sedimentos, radiación solar, depredadores o competencia con otros organismos.

También poseen una notable capacidad de regeneración. El estudio documentó ejemplares afectados por episodios de enfermedad que consiguieron recuperar posteriormente sus tejidos.

A ello se suma la reproducción asexual por fragmentación. Durante los meses cálidos, algunos de estos poríferos se dividieron y generaron clones, lo que permite que una población pueda expandirse sin que los investigadores tengan que introducir continuamente nuevos individuos.

Los científicos también quieren estudiar otro posible secreto de su resistencia: Chondrosia reniformis alberga una elevada concentración de microorganismos simbióticos en sus tejidos. Una de las próximas líneas de investigación será determinar si ese microbioma contribuye a su capacidad para soportar ambientes contaminados.

Por qué las esponjas pueden ayudar a recuperar aguas degradadas

Las esponjas son mucho más que organismos inmóviles adheridos a las rocas. Funcionan como auténticos filtros biológicos, haciendo circular agua continuamente por sus cuerpos y capturando partículas y microorganismos.

Su posible utilización frente a la contaminación no parte únicamente del nuevo experimento español. Un estudio publicado en Science of the Total Environment comprobó que esponjas instaladas en infraestructuras de marinas podían acumular contaminantes orgánicos e inorgánicos y planteó su utilización como herramienta de biomonitorización y como solución basada en la naturaleza.

Otra investigación publicada en Mediterranean Marine Science analizó la capacidad de Axinella damicornis para retener plomo y cadmio. Los resultados mostraron una importante acumulación de estos metales en sus tejidos, aunque también revelaron que concentraciones elevadas pueden provocar estrés y necrosis en los animales.

Más recientemente, un trabajo publicado en Environmental Science & Technology ha observado que determinadas esponjas mediterráneas pueden retirar del agua algunos compuestos orgánicos volátiles, probablemente gracias en parte a la actividad de los microorganismos que viven asociados a ellas.

Una solución prometedora que no puede limpiar un puerto por sí sola

Los investigadores insisten en una distinción importante: el experimento no demuestra que Chondrosia reniformis pueda descontaminar por sí sola un puerto. Su objetivo era anterior a esa fase: encontrar especies suficientemente resistentes como para incorporarlas posteriormente a proyectos de restauración ecológica.

La idea es combinar esponjas con otros organismos y estructuras que permitan recuperar progresivamente algunas funciones ecológicas perdidas. Estos animales pueden filtrar agua, reciclar nutrientes y proporcionar microhábitats para otros seres vivos, convirtiéndose en auténticas “ingenieras del ecosistema”.

El éxito observado en Palamós abre así una posibilidad interesante: utilizar organismos autóctonos resistentes para devolver biodiversidad y funciones naturales a espacios costeros profundamente modificados por el ser humano.

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