El cinturón verde del planeta se mueve: la vegetación terrestre acelera su migración hacia el noreste

 
Por Alejandro Lingenti. 22 marzo 2026
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La Tierra no reverdece siempre en el mismo sitio ni al mismo ritmo. Un estudio publicado en PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America) por un equipo liderado desde Leipzig, iDiv y el Max Planck Institute for Biogeochemistry (con participación del español Gustau Camps-Valls), ha calculado por primera vez el "centro de masa" de la vegetación global para seguir el pulso anual de la biosfera. El resultado es llamativo: ese gran "cinturón verde" que se desplaza cada año con las estaciones está migrando de forma acelerada hacia el noreste.

¿Cómo descubrieron que el cinturón verde del planeta se mueve hacia el noreste?

Los investigadores tomaron observaciones satelitales y datos de modelos del sistema Tierra para localizar el punto donde se concentra, en cada momento del año, la mayor "masa" de verdor del planeta. Ese centro oscila cada año entre el Atlántico Norte, cerca de Islandia, a mediados de julio, y el área situada frente a Liberia en marzo. Pero cuando comparó décadas de datos, el equipo vio que la trayectoria ya no es la misma: se ha desplazado de manera sostenida hacia el noreste.

El artículo científico Accelerated north-east shift of the global green wave trajectory, resume esa señal en una frase técnica pero muy reveladora: el centroide de la “green wave” se mueve hacia el norte incluso en ambos veranos —el boreal y el austral—, mientras que el desplazamiento hacia el este también se acelera. En otras palabras, el “latido” vegetal del planeta se está reorganizando y su amplitud anual se reduce. Los autores consideran que esta métrica permite leer, de un vistazo, cómo cambian a escala global la fenología, la productividad y la distribución temporal del verdor terrestre.

¿Qué empuja el desplazamiento del cinturón verde?

Los propios autores apuntan a una combinación de factores. Por un lado, los inviernos más suaves y las temporadas de crecimiento más largas en el hemisferio norte permiten que la vegetación se mantenga verde durante más tiempo. En la nota difundida por el Max Planck Institute, Miguel Mahecha, profesor de la Universidad de Leipzig, señala que ese alargamiento de la estación de crecimiento podría estar impulsando el corrimiento anual del "centro verde", aunque advierte de que esa hipótesis todavía debe explorarse más a fondo.

Por otro lado, el trabajo encaja con una literatura científica más amplia sobre el reverdecimiento global. Un estudio en Nature Climate Change estimó que entre el 25% y el 50% de la superficie vegetada del planeta mostró una tendencia persistente al aumento del área foliar y atribuyó alrededor del 70% de esa señal al efecto fertilizante del CO₂. NASA divulgó ese hallazgo subrayando que el aumento de CO₂ puede estimular la fotosíntesis y el crecimiento vegetal, aunque no de manera uniforme en todos los ecosistemas.

Ese punto es importante: cuando se habla del CO₂ como fertilizante no se está diciendo que más emisiones sean una buena noticia para la biosfera. Lo que muestran los estudios es que una parte de la vegetación responde al aumento de CO₂ con más fotosíntesis y más hoja, especialmente allí donde temperatura y agua no son, todavía, un freno severo. Pero ese efecto tiene límites. Nature Climate Change advierte que la disponibilidad de nitrógeno y fósforo condiciona la intensidad real de esa fertilización en la mayor parte de la vegetación mundial.

¿Por qué el desplazamiento del cinturón de vegetación hacia el este importa tanto?

La novedad más inesperada del estudio no fue solo el avance hacia el norte, sino el componente oriental de la deriva. El equipo de investigación vincula ese corrimiento al este con focos de reverdecimiento especialmente intensos en India, China y Rusia. Esa interpretación encaja con observaciones previas de NASA basadas en MODIS, que identificaron a China e India como actores clave del aumento global del área foliar en las últimas dos décadas, por una mezcla de reforestación, agricultura intensiva y múltiples cosechas.

Eso no significa que todo reverdecimiento sea equivalente desde el punto de vista ecológico. El aumento de hojas puede deberse a bosques en recuperación, a cultivos intensivos o a plantaciones, y sus efectos sobre biodiversidad, agua o suelos no son los mismos. De hecho, NASA advirtió en 2019 de que el verdor añadido en China e India no compensa la pérdida de vegetación natural en áreas tropicales como Brasil o Indonesia. El planeta puede verse más verde en los satélites y, aun así, estar degradando ecosistemas de altísimo valor ecológico.

Imagen: NASA

Una señal útil, pero no necesariamente tranquilizadora

La utilidad del nuevo indicador está en que integra muchos procesos a la vez: clima, uso del suelo, sequías, incendios, productividad vegetal e incluso migraciones animales asociadas a la fenología. En ese sentido, ofrece una forma nueva de medir la reorganización de la superficie viva del planeta. Los autores del estudio sostienen que seguir la trayectoria del centroide del verdor puede servir para entender mejor cómo están cambiando el funcionamiento de la biosfera y el ciclo del carbono en un mundo más cálido.

Sin embargo, el mensaje no es linealmente optimista. Otras investigaciones recientes recuerdan que el reverdecimiento no crece indefinidamente: el agua, el calor extremo y las limitaciones de nutrientes pueden frenar o invertir la respuesta vegetal. Un artículo publicado en Nature Communications en 2025 señalaba precisamente que el estrés hídrico y térmico, junto con las limitaciones de recursos, pueden estabilizar o limitar el reverdecimiento y el sumidero terrestre de carbono.

Lo que hace especialmente interesante este trabajo es que convierte un fenómeno muy complejo en una señal fácil de seguir: el planeta "respira" en verde, y esa respiración se está desplazando. Que el centro de masa del verdor global migre hacia el noreste no es una curiosidad cartográfica. Es una forma de ver, casi en tiempo real, cómo el calentamiento, el CO₂ y los cambios de uso del suelo están redibujando la geografía funcional de la biosfera. Y aunque en algunas regiones eso implique más hojas o estaciones más largas, el trasfondo sigue siendo el mismo: la vida terrestre está ajustando su calendario y su mapa a un clima alterado, sobre todo por la actividad humana.

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