En 1945 la plantaron en Islandia para frenar la erosión y ahora esta planta invasora amenaza la flora autóctona de la isla

 
Por Irene Juste, Editora Sénior. 21 octubre 2026

En 1945, Islandia introdujo el lupino de Nootka (Lupinus nootkatensis), una planta originaria de Norteamérica, con la esperanza de recuperar los suelos degradados y frenar la erosión. Su capacidad para mejorar la fertilidad del terreno parecía una solución prometedora para un país marcado por la pérdida de vegetación. Sin embargo, con el paso de las décadas, la especie se ha extendido por amplias zonas de la isla y ha comenzado a desplazar a plantas autóctonas.

Un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Plant Science en junio de 2018 analizó los efectos de esta expansión sobre la biodiversidad vegetal y calculó hasta dónde podría llegar la planta en las próximas décadas. Los resultados muestran que su presencia puede reducir la riqueza de especies en determinados hábitats y que el cambio climático podría favorecer su avance.

La planta que Islandia introdujo para recuperar sus suelos y frenar la erosión

Islandia llevaba siglos sufriendo una importante degradación de sus suelos. La deforestación, el pastoreo y las duras condiciones ambientales habían contribuido a la pérdida de vegetación, dejando extensas superficies expuestas a la erosión provocada por el viento y el agua.

En este contexto, el lupino de Nootka se presentó como una herramienta para recuperar terrenos degradados y favorecer la reforestación. Originaria de las regiones costeras de Alaska y Canadá, esta planta herbácea perenne destaca por su capacidad para colonizar suelos pobres y estabilizar terrenos expuestos.

Una de sus principales características es que pertenece a la familia de las leguminosas y puede fijar nitrógeno atmosférico mediante una asociación con bacterias de sus raíces. Este proceso enriquece el suelo y puede facilitar el establecimiento de otras plantas en lugares donde la vegetación apenas consigue desarrollarse.

El problema es que esa misma capacidad puede alterar el equilibrio de los ecosistemas. En ambientes fríos, el nitrógeno disponible constituye un factor importante para el crecimiento de las plantas, por lo que su incorporación en grandes cantidades puede beneficiar a unas especies y perjudicar a otras.

La expansión del lupino de Nootka por las tierras bajas de Islandia

Con el paso del tiempo, el lupino dejó de estar limitado a los terrenos donde se había introducido. Las sucesivas plantaciones y la dispersión de sus semillas favorecieron su expansión, especialmente por las tierras bajas y las zonas próximas a carreteras y áreas habitadas.

El estudio de Vetter y otros investigadores, publicado en 2018, analizó los registros de presencia de la especie y elaboró modelos para estimar qué superficies de Islandia resultaban adecuadas para su crecimiento.

Según sus resultados, en las condiciones climáticas de referencia utilizadas por los investigadores, alrededor del 13,3 % de la superficie terrestre del país presentaba condiciones apropiadas para el lupino. El modelo también identificó las carreteras y la actividad humana como factores relevantes para explicar su distribución.

En 2016, la planta se encontraba registrada hasta los 572 metros de altitud. Sin embargo, las proyecciones climáticas del estudio apuntaban a que podría alcanzar cotas cercanas a los 1.100 metros entre 2061 y 2080, ampliando su presencia hacia las Tierras Altas Centrales.

Los autores calcularon que la superficie potencialmente adecuada para la especie podría aumentar hasta situarse entre el 39,1 % y el 61,7 % del territorio islandés, según los escenarios climáticos analizados. Estas cifras representan estimaciones de hábitat potencial, no una predicción de que la planta vaya a ocupar necesariamente toda esa superficie.

El lupino de Nootka reduce la diversidad de plantas autóctonas

Para estudiar el impacto de esta especie, el equipo científico realizó un trabajo de campo en Morsádalur, un valle situado en el Parque Nacional Vatnajökull, al sureste de Islandia. Allí comparó 27 parcelas de tres tipos de hábitat: brezales, praderas y bosques de abedules.

Las parcelas presentaban diferentes niveles de cobertura de lupino, desde zonas sin presencia de la planta hasta otras donde dominaba la vegetación. Los investigadores evaluaron la riqueza de especies, la diversidad vegetal y los cambios en la composición de las comunidades.

Los resultados mostraron que la diversidad de plantas disminuía significativamente en los brezales y los bosques cuando la cobertura del lupino era elevada. En el brezal, el hábitat con mayor riqueza de especies de los tres estudiados, el número de especies vegetales descendía a medida que aumentaba la presencia de la planta invasora.

Entre las especies afectadas se encontraban pequeñas plantas en roseta, plantas de porte almohadillado, orquídeas y arbustos de crecimiento lento. Los investigadores también observaron cambios en la composición de la vegetación, con un aumento de algunas especies adaptadas a suelos ricos en nitrógeno.

No obstante, el efecto no fue idéntico en todos los ambientes: el estudio no detectó una reducción significativa de la diversidad vegetal en las praderas analizadas. Esta diferencia demuestra que el impacto de una especie invasora depende tanto de sus características como del hábitat en el que se establece.

El Instituto de Ciencias Naturales de Islandia también identifica el lupino de Nootka como una planta exótica invasora en el país. En su información sobre las especies vegetales invasoras, la entidad advierte de que estas plantas pueden modificar los ecosistemas y amenazar la biodiversidad.

El cambio climático podría favorecer su expansión

El calentamiento global añade otra dificultad a la gestión del lupino de Nootka. Los modelos publicados en Frontiers in Plant Science apuntan a que el aumento de las temperaturas podría hacer que nuevas áreas de Islandia reunieran condiciones adecuadas para su establecimiento.

Si la planta continúa extendiéndose, algunos hábitats que albergan especies adaptadas al frío podrían experimentar cambios importantes en su composición. Además, el nitrógeno que incorpora al suelo puede favorecer el establecimiento de otras plantas que también alteran la vegetación autóctona.

Los investigadores señalan que la expansión de esta especie supone un reto para la conservación de los ecosistemas y para los propios proyectos de restauración ambiental. Una planta capaz de recuperar suelos desnudos puede resultar útil en terrenos muy degradados, pero su introducción cerca de hábitats naturales ricos en especies puede tener consecuencias distintas.

Por eso, la cuestión no consiste en descartar cualquier intervención para recuperar suelos erosionados, sino en elegir las especies adecuadas para cada entorno y controlar sus efectos a largo plazo. En Islandia, el lupino de Nootka muestra cómo una solución concebida para mejorar el medio natural puede convertirse en una amenaza cuando su expansión altera el equilibrio de los ecosistemas.

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