En 1982 reintrodujeron 28 asnos salvajes en el desierto: 40 años después han transformado el ecosistema de forma natural

 
Por Irene Juste, Editora Sénior. 14 septiembre 2026

En 1982, un grupo de 28 asnos salvajes fue liberado en el cráter Ramón, una enorme depresión situada en el desierto del Néguev. El objetivo era recuperar una especie que había desaparecido de esta región décadas atrás. Más de 40 años después, aquellos animales no solo han conseguido establecerse en libertad: también están modificando el entorno de una forma que beneficia a otras especies.

La historia de estos asnos demuestra que algunos animales pueden desempeñar un papel mucho más importante en un ecosistema de lo que puede parecer a simple vista. Al alimentarse, desplazarse y buscar agua, estos grandes herbívoros pueden alterar el suelo, dispersar semillas y crear recursos que terminan utilizando otros animales.

Una especie que volvió al desierto después de décadas

El asno salvaje asiático (Equus hemionus) fue desapareciendo de distintas zonas de Oriente Próximo durante el siglo XX debido, entre otros factores, a la caza y a la transformación de su hábitat. En el caso del Néguev, la especie había desaparecido de la región y los proyectos de conservación buscaron recuperar una población viable.

En 1982 comenzó la reintroducción en el área de Makhtesh Ramon, conocida también como el cráter Ramón. Los primeros ejemplares fueron dejados en libertad después de que los programas de conservación consiguieran disponer de animales suficientes para iniciar una nueva población.

El proyecto tuvo éxito y los asnos comenzaron a reproducirse en el medio natural. Estudios posteriores documentaron un crecimiento sostenido de la población y una expansión progresiva por otras zonas áridas del Néguev.

La recuperación no consistió simplemente en aumentar el número de animales. Con el tiempo, los investigadores observaron que la presencia de estos herbívoros también podía tener consecuencias sobre el propio funcionamiento del ecosistema.

Los asnos se han convertido en auténticos ingenieros del desierto

Una de las características más sorprendentes de estos animales es su capacidad para encontrar agua en terrenos extremadamente secos. Cuando las fuentes superficiales escasean, pueden utilizar sus fuertes cascos para excavar en los cauces arenosos y alcanzar pequeñas reservas de agua subterránea.

Estos agujeros pueden convertirse temporalmente en puntos de agua aprovechados por otros animales que no tienen la misma capacidad para excavar. Gacelas, zorros, aves y pequeños mamíferos pueden beneficiarse de estos recursos cuando las condiciones son especialmente secas.

El efecto va más allá del agua. Al remover el suelo, estos équidos modifican pequeñas zonas del terreno y pueden favorecer que la humedad permanezca durante más tiempo después de las lluvias. En un ambiente donde cada pequeña reserva de agua puede marcar una diferencia, estas modificaciones pueden tener consecuencias para otras especies.

Por eso se utiliza el concepto de “ingenieros del ecosistema” para describir a animales capaces de modificar físicamente su entorno y generar recursos que posteriormente aprovechan otros organismos.

Las semillas también viajan gracias a estos animales

La alimentación de los asnos es otro de los mecanismos que puede explicar su influencia sobre la vegetación del desierto.

Entre las plantas presentes en el Néguev se encuentran las acacias, árboles especialmente importantes en estos ambientes áridos. Sus frutos y vainas forman parte de la alimentación de distintos herbívoros y sus semillas pueden desplazarse grandes distancias a través de los animales que las consumen.

Cuando un asno ingiere frutos y posteriormente se desplaza por el desierto, puede transportar las semillas hasta lugares alejados de la planta original. Algunas terminan siendo expulsadas junto con las heces, lo que proporciona materia orgánica y puede favorecer su establecimiento cuando las condiciones de humedad son adecuadas.

Este proceso convierte a los grandes herbívoros en importantes agentes de dispersión de semillas. No significa que los asnos hayan convertido por sí solos un desierto en un bosque, pero sí que su presencia puede contribuir a modificar la distribución de algunas plantas y a mantener determinados procesos ecológicos.

De hecho, investigaciones realizadas en el cráter Ramón han estudiado durante años el efecto del pastoreo de estos animales sobre las comunidades vegetales. Los resultados muestran que su impacto sobre la vegetación no puede resumirse simplemente como una “reforestación” y que los efectos dependen de las condiciones concretas del ecosistema.

Más de cuatro décadas después, el paisaje es diferente

La reintroducción de los asnos salvajes ha terminado convirtiéndose en un ejemplo llamativo de cómo recuperar una especie puede tener consecuencias que van mucho más allá de aumentar su población.

Los animales se han expandido desde las zonas iniciales de liberación hacia otras áreas del Néguev y han conseguido sobrevivir en uno de los ambientes más secos y extremos de la región. Investigaciones recientes estiman que la población supera actualmente los 300 ejemplares, aunque las cifras pueden variar según el área y el método utilizado para realizar el seguimiento.

Su actividad cotidiana también deja una huella sobre el paisaje: excavan para conseguir agua, consumen vegetación, transportan semillas y generan recursos que pueden ser utilizados por otros animales.

El caso del cráter Ramón recuerda así que la recuperación de una especie no termina necesariamente cuando los animales vuelven a reproducirse en libertad. En determinadas circunstancias, su regreso puede recuperar también algunas de las funciones ecológicas que desempeñaban antes de desaparecer.

Más de 40 años después de aquella primera liberación, los asnos salvajes del Néguev siguen siendo un ejemplo de cómo un animal puede convertirse, casi sin proponérselo, en uno de los protagonistas de la recuperación de su propio ecosistema.

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