Entre 1997 y 2002 liberaron 1.541 ciervos canadienses en antiguas minas de carbón a cielo abierto: 25 años después son unos 13.000

 
Por Alejandro Lingenti. 7 septiembre 2026

Durante más de un siglo, los grandes ciervos que antiguamente recorrían Kentucky estuvieron prácticamente ausentes de este estado de Estados Unidos. La situación comenzó a cambiar en diciembre de 1997, cuando siete animales salieron de un remolque en el este del territorio. Era el comienzo de uno de los proyectos de reintroducción de grandes mamíferos más exitosos del este de Estados Unidos.

Entre 1997 y 2002, el Departamento de Pesca y Vida Silvestre de Kentucky (KDFWR) trasladó 1.541 ejemplares procedentes de seis estados: Arizona, Kansas, Dakota del Norte, Nuevo México, Oregón y Utah. En la actualidad, distintas estimaciones sitúan la población en torno a los 13.000 animales, convirtiéndola en la mayor de este tipo al este de las Montañas Rocosas.

Las antiguas minas de carbón terminaron ofreciendo algo que los wapitíes necesitaban

Conviene hacer una aclaración sobre el nombre de la espeice. Aunque algunas informaciones en español se refieren a estos animales como “alces”, se trata de wapitíeso ciervos canadienses (Cervus canadensis), conocidos en inglés norteamericano como elk. El verdadero alce pertenece a otra especie, la denominada Alces alces., y la confusión se da porque en inglés británico, la misma palabra elk, se usa para referirse a los alces.

La elección del este de Kentucky no fue casual. Antes de iniciar las liberaciones, las autoridades realizaron en 1997 un estudio de viabilidad y consultas públicas. La zona ofrecía una combinación favorable: una gran superficie disponible, baja densidad de población humana y relativamente poca agricultura comercial.

Había, además, una característica aparentemente contradictoria: décadas de minería de carbón a cielo abierto habían transformado profundamente parte del paisaje de los Apalaches.

Los wapitíes necesitan espacios abiertos donde alimentarse, algo menos abundante en los densos bosques del este estadounidense. Las antiguas explotaciones mineras, una vez recuperadas y cubiertas por vegetación, habían generado extensiones de pastizales y matorrales que proporcionaban alimento.

La actual zona de restauración comprende 16 condados y más de 4,1 millones de acres, alrededor de 1,66 millones de hectáreas. Según el KDFWR, aproximadamente el 80 % corresponde a bosque caducifolio y cerca del 10 % a minas de superficie activas o recuperadas.

Esto no significa que la minería se haya convertido en una herramienta de conservación. Un estudio sobre los cambios de cobertura del suelo en el este de Kentucky advierte de sus impactos sobre los ecosistemas terrestres, los hábitats acuáticos y la calidad del agua. Además, la vegetación que coloniza terrenos mineros restaurados no siempre reproduce el ecosistema que existía antes de la explotación.

Imagen: YouTube / @DrRaymondFinch

De siete animales a una población de miles: así creció la manada en Kentucky

La magnitud del proyecto fue determinante. Aunque empezaron con siete ejemplares, en lugar de introducir en total solo unas pocas decenas, Kentucky trasladó más de 1.500 durante cinco años consecutivos y los distribuyó en diferentes puntos.

La Rocky Mountain Elk Foundation estima que aquella población fundadora dio lugar a una manada de alrededor de 13.000 ejemplares, mientras que fuentes oficiales y estimaciones realizadas en distintos años ofrecen cifras algo diferentes debido a los métodos empleados para calcular la población.

El éxito también permitió invertir el proceso. Kentucky, que inicialmente necesitó animales procedentes de otros estados, ha terminado convirtiéndose en población fuente para proyectos de restauración en otras regiones.

En 2022, además, las autoridades trasladaron animales dentro del propio estado para ocupar áreas donde la densidad seguía siendo baja. Uno de esos proyectos llevó wapitíes al condado de McCreary y al entorno del Daniel Boone National Forest.

No todos los wapitíes procedían del mismo lugar: la genética fue otra de las claves

Existe otro aspecto especialmente interesante. Los animales liberados no procedían de una única población.

Una investigación publicada en The Journal of Wildlife Management analizó la diversidad genética de los wapitíes restaurados y encontró niveles comparables a los de las poblaciones originales utilizadas para las reintroducciones. Los investigadores detectaron especialmente la huella genética de los animales procedentes de Utah y Dakota del Norte.

El estudio plantea que el éxito de Kentucky pudo deberse, en parte, a tres decisiones: liberar un número elevado de individuos, repetir las introducciones durante varios años y recurrir a poblaciones de distintos orígenes. De esta manera se redujo el riesgo de sufrir los problemas genéticos que pueden aparecer cuando una población se reconstruye a partir de muy pocos ejemplares.

La historia de Kentucky tampoco significa que la restauración haya terminado. La población requiere seguimiento, control sanitario y gestión del hábitat. De hecho, una investigación impulsada en 2026 estudia cómo técnicas como la caza y determinados tratamientos de la vegetación pueden mejorar la disponibilidad de alimento para estos grandes herbívoros.

El resultado, casi tres décadas después de aquellas primeras liberaciones, ofrece una lección relevante para otros proyectos de conservación: recuperar una especie desaparecida no consiste únicamente en devolver animales al territorio. La cantidad y diversidad genética de los ejemplares fundadores, la calidad del hábitat y el seguimiento posterior pueden decidir si una reintroducción fracasa o consigue establecer una población viable.

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