La calabaza japonesa que parece una bombilla y sabe a castaña se cultiva en un pequeño pueblo de Madrid
El otoño trae consigo las calabazas, pero no todas tienen el aspecto de las grandes piezas anaranjadas que encontramos habitualmente en los comercios. En Titulcia, un pequeño municipio del sureste de la Comunidad de Madrid, se cultiva una variedad mucho más pequeña, de color naranja rojizo y con una característica forma de bombilla o pera.
Se trata del potimarrón, una calabaza de origen japonés que llama la atención no solo por su aspecto. Su pulpa tiene un sabor dulce con un ligero recuerdo a las castañas, una de las particularidades que han hecho que esta variedad tenga presencia en la cocina de otoño.
Una calabaza japonesa muy diferente a las habituales y cultivada en España
Titulcia es un municipio situado en el sureste de la Comunidad de Madrid y cuenta con algo menos de 1.400 habitantes según los datos poblacionales más recientes disponibles. Allí, entre los cultivos de la vega del Jarama, existe una producción muy particular: la de calabaza potimarrón.
A simple vista, poco tiene que ver con las calabazas de gran tamaño que suelen asociarse al otoño. La calabaza potimarrón es más pequeña, presenta una forma redondeada que se estrecha hacia el extremo y puede recordar a una bombilla o a una pera. Su piel tiene además un tono que va del rojo al naranja, bastante diferente del naranja uniforme de otras variedades.
La producción de Titulcia es una huerta especializada en la siembra de esta variedad, que destaca por su peculiar aspecto y su sabor con cierto regusto a castaña.
El potimarrón pertenece a la especie Cucurbita maxima y también aparece comercialmente asociado a nombres como Hokkaido o Red Kuri, aunque dentro de este grupo existen diferentes variedades y selecciones. Su origen se encuentra en Japón y, con el tiempo, se ha extendido por otros países europeos.
Aunque la producción en Titulcia llama la atención, no es el único lugar del país donde podemos ver esta calabaza cultivada. También está en otras áreas, como el País Vasco y El Bierzo.
El potimarrón tiene forma de bombilla y un sabor que recuerda a la castaña
Una de las características que hacen especial a esta calabaza es precisamente su sabor. La pulpa es densa y dulce y tiene un matiz que recuerda a las castañas, algo que también se refleja en el propio nombre potimarrón. La palabra procede de la combinación de potiron, utilizada en francés para referirse a las calabazas, y marron, relacionada con la castaña.
El potimarrón también destaca por su piel fina. En algunas variedades puede consumirse después de la cocción, por lo que no siempre es necesario retirarla antes de preparar la calabaza. Esta característica, unida a su tamaño más manejable, hace que sea una variedad especialmente apreciada en la cocina.
Una variedad de otoño que se recoge entre septiembre y octubre
Como ocurre con otras calabazas de invierno, el cultivo del potimarrón comienza meses antes de que sus frutos lleguen a los mercados. La planta necesita calor y buena exposición solar durante su desarrollo, mientras que la recolección se concentra en el otoño. Es decir, el cultivo se realiza durante los meses cálidos y los frutos se recolectan habitualmente entre septiembre y octubre. Es precisamente en esta época cuando la calabaza empieza a adquirir protagonismo en las huertas y en la cocina.
El potimarrón se suma así a la diversidad de calabazas que pueden encontrarse actualmente en las huertas españolas.
El cultivo del potimarrón necesita espacio y bastante sol
Como otras calabazas, el potimarrón desarrolla plantas que necesitan espacio para extenderse, especialmente en el caso de las variedades rastreras. Durante su desarrollo requiere una exposición soleada y un suelo rico y bien trabajado, además de riegos regulares que permitan mantener unas buenas condiciones de humedad.
El cultivo se realiza durante los meses cálidos, cuando las temperaturas favorecen el crecimiento de la planta. A medida que esta se desarrolla, sus tallos se extienden por el terreno y los frutos van formándose hasta alcanzar el tamaño y la coloración propios de cada variedad. Por eso, disponer de suficiente espacio entre las plantas facilita su desarrollo y permite que los frutos crezcan sin quedar demasiado juntos.
Las necesidades concretas pueden variar según la variedad de potimarrón cultivada, pero las condiciones de sol, suelo fértil y disponibilidad de agua son algunos de los aspectos fundamentales para conseguir un buen desarrollo. En el caso de variedades como Uchiki Kuri, además, se recomienda dejar una separación amplia entre plantas debido a su crecimiento.
Una calabaza pequeña que encaja especialmente bien en la cocina de otoño
El tamaño del potimarrón permite utilizarlo de una manera diferente a las calabazas de gran formato. Su pulpa firme puede emplearse en cremas, purés, guarniciones o preparaciones al horno, mientras que su forma también permite cocinarla rellena.
El hecho de que algunas variedades tengan una piel fina y comestible después de cocinarse es otra de sus particularidades. El resultado es una hortaliza que puede prepararse sin necesidad de realizar el mismo trabajo que requieren otras calabazas de piel más dura.
Mientras las calabazas más grandes llenan huertos y mercados durante el otoño, el potimarrón ofrece una imagen diferente: frutos más pequeños, de tonos rojizos y con esa característica forma de bombilla que también lo distingue en las huertas españolas. Titulcia, a pocos kilómetros de Madrid, es uno de los lugares donde este tipo de calabaza japonesa tiene una presencia especialmente destacada.
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