Los científicos analizan 400 jabalíes y confirman que los urbanos y los rurales son genéticamente diferentes
Durante años, los jabalíes fueron vistos como animales propios de los bosques y zonas rurales, pero su presencia en las ciudades ha cambiado esa percepción. Hoy, estos mamíferos recorren parques, calles y áreas urbanas en busca de alimento y refugio, adaptándose a un entorno creado por los humanos. Un nuevo análisis genético realizado en cientos de ejemplares revela que los jabalíes urbanos y rurales presentan diferencias importantes en su ADN. El hallazgo muestra cómo las ciudades pueden influir en la evolución de las especies y además nos plantea nuevos desafíos para gestionar la convivencia entre la fauna silvestre y nosotros como población humana.
La vida en la ciudad está dejando huella en el ADN de los jabalíes
La ciudad no “reescribe” de forma inmediata el ADN de un jabalí, pero sí puede favorecer que las poblaciones urbanas muestren una composición genética distinta. Eso es lo que han observado los equipos que trabajan con jabalíes de Berlín y Barcelona. El proyecto del Leibniz Institute for Zoo and Wildlife Research compara animales urbanos con ejemplares rurales próximos mediante marcadores genéticos y algoritmos de agrupamiento. Los resultados indican que, en ambas ciudades, los jabalíes urbanos forman grupos genotípicos reconocibles y diferenciados de los rurales.
En Berlín, un estudio publicado en Journal of Applied Ecology analizó cientos de jabalíes adultos y subadultos mediante 13 loci microsatélites. Los investigadores identificaron varios grupos genéticos asociados a bosques urbanos y concluyeron que la estructura observada era compatible con una combinación de aislamiento, historia de colonización y movimiento entre la ciudad y Brandeburgo. La diferencia genética no implica que haya surgido una nueva especie ni demuestra, por sí sola, que la selección natural urbana haya producido “genes de ciudad”.
Barcelona ofrece un patrón comparable. Un trabajo de 2022, basado en 19 loci microsatélites, encontró que los jabalíes urbanos constituían una población tipo “isla” genéticamente diferenciada pese a recibir flujo génico desde zonas rurales. Los propios autores advierten que todavía no está resuelto hasta qué punto los rasgos observados en animales urbanos son heredados o responden a plasticidad del comportamiento. Por eso, hablar de una “huella urbana” en el ADN es válido como metáfora de diferenciación poblacional, pero no como prueba de mutaciones causadas directamente por vivir entre edificios.
Los jabalíes urbanos crean sus propios grupos genéticos sin desconectarse del campo
Que los jabalíes urbanos formen grupos genéticos propios no significa que estén completamente aislados. La clave está en el flujo génico: algunos animales se desplazan entre el campo y la ciudad, se reproducen y mantienen una conexión entre poblaciones que, aun así, conservan diferencias detectables. El proyecto del Leibniz-IZW describe esa combinación de diferenciación y conectividad en Berlín y Barcelona, con una dinámica fuente-sumidero más marcada en Berlín y más débil en Barcelona.
El estudio de Berlín ayuda a entender este mosaico. Los investigadores encontraron tres agrupaciones genéticas asociadas a bosques urbanos, mientras que buena parte de los jabalíes abatidos dentro de zonas edificadas fueron asignados al grupo rural circundante. Esto sugiere que los espacios forestales de la ciudad pueden albergar poblaciones relativamente estables, mientras determinados ejemplares procedentes del exterior siguen entrando en áreas urbanizadas. Las carreteras, masas de agua, urbanizaciones y otros elementos del paisaje pueden limitar los movimientos sin bloquearlos por completo.
En Barcelona, el análisis genético reveló un flujo principalmente desde las áreas rurales hacia la población urbana. A pesar de esa llegada de genes, los jabalíes próximos a la ciudad mantuvieron una identidad genética diferenciada, lo que llevó a los autores a describirlos como una población insular periurbana y a clasificar la especie como “explotadora urbana”. La imagen que emerge no es la de dos mundos separados, sino la de una metapoblación: núcleos urbanos con características propias conectados de forma desigual con el campo. Esa conexión es crucial para interpretar su expansión y decidir dónde intervenir.
El ADN de los jabalíes revela por qué controlar solo los de la ciudad puede no ser suficiente
La genética aporta una consecuencia práctica: gestionar los jabalíes que aparecen dentro de una ciudad puede ser insuficiente si siguen llegando individuos desde zonas rurales. El Leibniz-IZW concluye que la diferenciación genética coexiste con dinámicas fuente-sumidero y recomienda que ciudades y municipios coordinen sus planes. El estudio de Berlín llegó a una conclusión semejante al señalar que Berlín y Brandeburgo necesitaban estrategias comunes para reducir la población y los conflictos.
Los datos de Barcelona añaden otra pieza. El trabajo de 2022 propone disminuir el atractivo de las áreas urbanas y reducir la migración hacia ellas, en lugar de confiar exclusivamente en retirar animales una vez habituados al entorno humano. Eso incluye limitar recursos antropogénicos accesibles y prevenir comportamientos que favorezcan la permanencia junto a personas. Esta recomendación encaja con investigaciones posteriores sobre control poblacional en el área metropolitana de Barcelona.
Además de conocer su estructura genética, comprender qué individuos son más difíciles de controlar también resulta fundamental para diseñar estrategias eficaces. Un estudio de 2024 evaluó 1.454 jabalíes capturados entre 2014 y 2022 mediante redes de caída, teleanestesia, jaulas, recechos nocturnos y batidas. Los métodos no actuaron igual sobre todas las edades y sexos: las jaulas y redes funcionaron mejor con juveniles, mientras otras técnicas capturaron en mayor proporción adultos o añojos. Los autores sostienen que esa selectividad, el coste y la reducción de fuentes alimentarias deben considerarse conjuntamente.
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