Planta ajos este otoño y tendrás una cosecha en verano: cómo hacerlo paso a paso para que crezcan grandes
El otoño es uno de los mejores momentos del año para poner ajos en el huerto. Aunque durante los meses más fríos parezca que apenas ocurre nada bajo tierra, los dientes que se planten ahora tendrán tiempo de echar raíces antes de que llegue la primavera y continuarán desarrollándose durante los meses siguientes.
Además, el ajo ocupa poco espacio y no necesita un huerto grande para cultivarlo. Basta con elegir una zona soleada, preparar bien la tierra y colocar cada diente de la forma adecuada. Con unos cuidados sencillos, la recompensa llegará unos meses después, cuando los bulbos estén listos para cosechar. Desde el momento de plantarlos hasta la cosecha hay varios detalles que pueden marcar la diferencia.
El otoño es el momento de plantar los ajos
El ajo se cultiva a partir de los propios dientes que forman la cabeza, no de semillas. Por eso, para plantarlo basta con separar una cabeza y utilizar sus dientes como punto de partida para conseguir nuevas plantas.
En España, la época concreta puede variar según el clima de cada zona, pero el otoño es, en general, un buen momento para plantarlos. Septiembre, octubre y noviembre pueden ser meses adecuados, especialmente cuando las temperaturas empiezan a bajar después del verano.
Una de las razones para hacerlo con antelación es permitir que los dientes desarrollen raíces antes de que llegue el invierno. Después, cuando las temperaturas vuelven a subir y los días son más largos, la planta retoma su crecimiento y comienza a formar el bulbo que se cosechará meses más tarde.
También existen distintas variedades de ajo, con diferencias en tamaño, sabor y adaptación al clima. Las variedades de cuello duro suelen producir dientes grandes y desarrollan un tallo floral, mientras que las de cuello blando suelen conservarse durante más tiempo y se adaptan bien a zonas más cálidas.
Cómo preparar la tierra antes de plantar los dientes de ajo
El lugar elegido es tan importante como el propio diente de ajo. Esta planta necesita una zona con buena exposición al sol y un suelo que drene bien el agua.
El exceso de humedad es uno de los problemas que conviene evitar, ya que un terreno que permanece constantemente mojado puede favorecer la aparición de podredumbres y dificultar el desarrollo de los bulbos.
Antes de plantar, conviene remover la tierra para que quede suelta y retirar piedras, restos vegetales y malas hierbas. Si el suelo es demasiado compacto o arcilloso, se puede mejorar incorporando materia orgánica bien descompuesta.
No hace falta disponer de una gran superficie. Los ajos ocupan relativamente poco espacio y pueden cultivarse en una pequeña zona del huerto o incluso en un recipiente suficientemente profundo, siempre que cuente con un buen drenaje.
El paso clave para plantar los dientes de ajo
Una vez preparada la tierra llega el momento más importante: colocar correctamente cada diente.
Lo primero es separar los dientes de una cabeza de ajo sin quitarles la piel que los recubre. Es preferible elegir los que estén sanos, firmes y tengan un buen tamaño.
Después hay que plantar los ajos correctamente y, para ello, hay que fijarse en su forma. Cada diente tiene una parte puntiaguda y otra más plana. La punta debe quedar hacia arriba, mientras que la parte plana debe quedar hacia abajo, porque es por donde se desarrollarán las raíces.
Los dientes se entierran de manera que queden cubiertos por varios centímetros de tierra y se dejan separados entre sí para que cada planta tenga espacio suficiente para desarrollarse. Como referencia, se pueden dejar unos 15-20 centímetros entre dientes.
Una vez colocados, se cubren con tierra y se realiza un primer riego. A partir de ese momento hay que mantener el sustrato ligeramente húmedo, pero sin llegar a encharcarlo.
También puede ser útil colocar una capa de acolchado sobre la superficie. Además de ayudar a conservar la humedad, protege el suelo frente a los cambios de temperatura y dificulta el crecimiento de malas hierbas.
Durante las semanas siguientes, los primeros brotes comenzarán a aparecer. Dependiendo de la variedad y de las condiciones meteorológicas, pueden tardar varias semanas en salir a la superficie.
Los cuidados que necesitan los ajos durante el invierno y la primavera
Una vez plantados, los ajos no requieren una atención constante. Durante el invierno lo más importante es vigilar la humedad del suelo y mantener la zona libre de malas hierbas.
Regar demasiado puede ser contraproducente, especialmente durante los periodos de lluvia. El objetivo es que la tierra conserve cierta humedad, pero que el agua pueda drenarse con facilidad.
Cuando llega la primavera y la planta vuelve a crecer con fuerza, se puede aportar fertilizante adecuado para favorecer su desarrollo. También es importante controlar las malas hierbas, ya que compiten con los ajos por el agua y los nutrientes.
En las variedades de cuello duro puede aparecer un tallo floral conocido como escapo. Algunos jardineros lo retiran cuando comienza a desarrollarse para que la planta concentre más recursos en el bulbo. Estos tallos también son comestibles y tienen un sabor suave a ajo.
Cómo saber cuándo los ajos están listos para cosechar
La cosecha llegará normalmente a finales de primavera o durante el verano, aunque la fecha exacta dependerá de la variedad, el momento de plantación y las condiciones de cada zona.
Una de las señales más fáciles de observar está en las hojas. Cuando una parte importante del follaje comienza a amarillear y secarse, los bulbos pueden estar preparados para salir de la tierra.
Para comprobarlo, se puede retirar con cuidado la tierra de alrededor de una planta y observar el tamaño del bulbo. Si está suficientemente desarrollado, se extraen los ajos con cuidado, ayudándose de una horquilla de jardín si el terreno está muy compacto.
Después de cosecharlos, no conviene lavarlos. Es mejor retirar suavemente la tierra que quede adherida y dejarlos secar en un lugar seco, ventilado y protegido de la humedad durante unas semanas. Este proceso permite que las capas exteriores se sequen y formen la cubierta que ayudará a conservar el ajo.
Una vez curados, los bulbos pueden almacenarse en un lugar fresco, seco y bien ventilado. De esta manera, una tarea sencilla que empieza en otoño puede terminar con una cosecha de ajos cultivados en casa el próximo verano.
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