Wilton y Wapa, los dos nuevos linces que impulsan la recuperación de la especie en Castilla y León
La recuperación del lince ibérico (Lynx pardinus) constituye uno de los mayores éxitos recientes de la conservación europea. De encontrarse al borde de la desaparición a comienzos de este siglo, la especie ha pasado a superar ampliamente los 2.600 ejemplares entre España y Portugal.
El último capítulo de este proceso se desarrolla en el Cerrato palentino, donde Castilla y León intenta consolidar una nueva población. Allí han llegado ahora Wilton y Wapa, dos nuevos ejemplares que se suman a los liberados anteriormente.
La noticia invita al optimismo, aunque la expansión del felino también está dejando al descubierto uno de sus mayores problemas: cuanto más territorio ocupa, mayor es su exposición a carreteras, canales y actividades humanas.
Wilton y Wapa, los dos linces que ya recorren en libertad el Cerrato palentino
Wilton, un macho procedente del centro de cría en cautividad de La Olivilla, en Jaén, y Wapa, una hembra trasladada desde Andalucía, han pasado por el recinto de presuelta de Astudillo antes de incorporarse al medio natural. Con ellos son ya seis los animales liberados durante la campaña de 2026, después de Weep, Woofer, Whitney y Wendolin. El programa prevé continuar incorporando ejemplares durante este año.
El Cerrato palentino fue seleccionado después de estudiar diferentes áreas de Castilla y León. Entre sus ventajas se encuentran la disponibilidad de hábitat apropiado y, especialmente, una buena densidad de conejo silvestre, alimento fundamental del lince ibérico.
Los primeros resultados han sido especialmente esperanzadores. En mayo se confirmó el nacimiento de cinco cachorros en libertad, distribuidos en dos camadas. Las madres fueron Virgo y Valeriana, dos hembras liberadas en 2025. Se trató de las primeras reproducciones de la especie en libertad registradas en la mitad norte de España varias décadas después de su desaparición de la zona.
La expansión palentina forma parte de una recuperación mucho mayor. El censo coordinado por el Ministerio para la Transición Ecológica contabilizó 2.663 linces ibéricos en España y Portugal durante 2025, un 10,9 % más que el año anterior. España albergaba 2.269 ejemplares: 1.051 en Castilla-La Mancha, 885 en Andalucía y 302 en Extremadura, además de poblaciones más pequeñas en Murcia y Castilla y León y presencia en Madrid.
El lince ibérico se recupera, pero las carreteras siguen cobrándose cientos de vidas
El aumento de la población tiene una consecuencia paradójica. Los linces se dispersan por territorios cada vez más amplios y atraviesan con mayor frecuencia carreteras y otras infraestructuras construidas por el ser humano.
Los datos oficiales muestran la magnitud del problema. Durante 2025 se registraron 273 linces muertos y 212 de ellos fallecieron atropellados, lo que significa que los accidentes en carreteras y pistas representaron el 77,9 % de las muertes registradas.
El problema continúa en 2026. El pasado 5 de agosto, dos crías murieron atropelladas en San Martín de Montalbán (Toledo), en la carretera CM-4009. Según la información publicada por la Cadena SER, una hembra intentaba atravesar la vía acompañada de tres cachorros cuando dos de ellos fueron alcanzados. La zona ya estaba considerada un punto especialmente peligroso para estos animales.
Castilla y León tampoco ha estado libre de accidentes. El primer año de reintroducción en el Cerrato terminó con varias bajas: de los nueve animales inicialmente liberados, cuatro murieron, tres atropellados y uno ahogado.
Uno de los casos más significativos fue el de Vuelvepiedras, primer macho liberado dentro del proyecto palentino, que apareció muerto en agosto de 2025 después de caer al Canal de Villalaco. El seguimiento mediante GPS permitió reconstruir su recorrido y la necropsia confirmó el ahogamiento.
Para reducir estos riesgos, las administraciones están instalando vallados, señalización específica, pasos de fauna y otras medidas destinadas a evitar que los animales accedan a determinados tramos de carretera. En Castilla y León, las actuaciones sobre infraestructuras viarias vinculadas al proyecto han supuesto inversiones superiores al millón de euros.
Atropellos, disparos y furtivismo: las amenazas que persisten
Las carreteras no son el único peligro. La recuperación del lince continúa conviviendo con episodios de persecución ilegal, pese a tratarse de una especie estrictamente protegida.
Uno de los casos más graves ocurrió en Madrid a finales de 2024. Un ejemplar fue encontrado muerto por disparos en una finca de El Molar, con la cabeza y las patas amputadas. El caso fue trasladado a la Fiscalía de Medio Ambiente para determinar las circunstancias de su muerte.
Más recientemente, en agosto de 2026, el Seprona desarticuló en Cuenca una presunta organización dedicada a eliminar depredadores silvestres para favorecer la caza menor en un coto situado entre Barajas de Melo y Huelves. La investigación comenzó precisamente tras localizar un lince ibérico muerto por disparos. Los agentes encontraron además indicios del empleo de cepos, lazos, trampas y otros métodos prohibidos.
A estas amenazas se añaden la fragmentación del hábitat y las fluctuaciones de las poblaciones de conejo. La situación del lince, no obstante, es incomparablemente mejor que hace dos décadas. En 2024 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza rebajó su categoría mundial de “en peligro” a “vulnerable” , aunque España continúa considerándolo “en peligro” en su catálogo nacional.
La llegada de Wilton y Wapa a Palencia representa, por tanto, mucho más que la liberación de dos animales. El gran desafío ya no consiste únicamente en aumentar el número de linces, sino en conseguir que las nuevas poblaciones puedan conectarse, reproducirse y desplazarse sin que carreteras, canales o persecución humana conviertan esa expansión en una nueva fuente de mortalidad.
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