Almería, Granada, Málaga y Murcia se deforman por el choque entre África y Eurasia: así se mueve la corteza terrestre

 
Por Irene Juste, Editora Sénior. 6 noviembre 2026
Imagen: Madarieta-Txurruka et al., Gondwana Research (2026).

La corteza terrestre no permanece quieta, aunque sus movimientos sean tan lentos que resulten imperceptibles para las personas. En el sur y el sureste de España, la presión que ejercen las placas tectónicas africana y euroasiática está provocando deformaciones en el terreno que los científicos pueden medir mediante instrumentos de precisión.

Una investigación publicada en enero de 2026 en la revista científica Gondwana Research ha permitido conocer mejor cómo se distribuyen estas fuerzas bajo la península ibérica y el norte de África. Los resultados muestran que Almería, Granada, Málaga y Murcia no se mueven de la misma manera: hay bloques que giran, zonas donde la corteza se estira y sectores en los que grandes masas de roca se desplazan hacia el oeste.

El hallazgo ayuda a comprender por qué el sureste peninsular concentra una actividad tectónica importante y cómo se relaciona con la formación de terremotos.

El choque entre África y Eurasia deforma el sur de España

Las placas africana y euroasiática continúan acercándose a una velocidad aproximada de cinco milímetros al año. Aunque se trata de un desplazamiento muy pequeño, la presión acumulada durante miles y millones de años ha contribuido a levantar cordilleras y a generar una compleja red de fracturas en la corteza.

Según explica el Instituto Geográfico Nacional (IGN) en su descripción sismotectónica de las Béticas, esta convergencia se produce de forma oblicua y afecta especialmente al entorno de la cordillera Bética, situada entre el golfo de Cádiz y el litoral levantino.

La investigación, encabezada por Asier Madarieta-Txurruka y otros diez especialistas, identifica diferentes comportamientos de la corteza en esta región. No existe un único movimiento uniforme: las características geológicas y la disposición de las fallas hacen que cada sector responda de una forma distinta a las fuerzas tectónicas.

Imagen: Madarieta-Txurruka et al., Gondwana Research (2026).

Tres zonas de Andalucía y el sureste presentan movimientos diferentes

Uno de los resultados más llamativos del trabajo es la diferencia entre las Béticas orientales, centrales y occidentales.

En las Béticas orientales, que comprenden el este de Almería, Murcia y Alicante, los bloques de terreno presentan una tendencia a girar en sentido contrario a las agujas del reloj. Los cálculos recogidos en el estudio alcanzan hasta 11 nanorradianes al año, una variación extremadamente pequeña que solo puede detectarse mediante mediciones científicas.

En las Béticas centrales, donde se encuentran las cuencas de Granada, Guadix y Baza, el comportamiento es diferente. Aquí predomina una tendencia al estiramiento de la corteza, que alcanza valores de hasta 17 nanodeformaciones anuales. En otras palabras, determinadas partes del terreno tienden a separarse lentamente.

Por su parte, en las Béticas occidentales y el entorno de Málaga, los investigadores identifican movimientos de grandes bloques hacia el oeste, además de deformaciones y desplazamientos asociados a las fracturas geológicas. En este sector también se registran algunos de los valores más elevados de giro horario.

Esta distribución demuestra que el empuje entre las dos placas no se transmite de manera idéntica por todo el territorio. La propia estructura de la cordillera y la existencia de bloques con movimientos diferentes condicionan cómo se reparte la presión.

Un corredor de fallas de 250 kilómetros entre Almería y Alicante

Otra de las estructuras importantes para entender esta actividad es la Zona de Cizalla de las Béticas Orientales, un corredor de fracturas de aproximadamente 250 kilómetros que se extiende desde el este de Almería, atraviesa el litoral de Murcia y Alicante y llega hasta el cabo de la Nao.

El IGN identifica este sistema como el principal conjunto de fallas activas de la península ibérica. Entre las más conocidas se encuentran las fallas de Carboneras y Palomares, en Almería; Carrascoy y Alhama de Murcia, en la Región de Murcia; y Crevillente y Bajo Segura, en Alicante.

Estas fracturas permiten que diferentes bloques de roca se desplacen unos respecto a otros. Sus movimientos suelen ser muy lentos, generalmente de entre uno y dos milímetros anuales.

La deformación tampoco se limita a tierra firme. El proceso continúa bajo el mar de Alborán, donde existe una zona de contacto entre las estructuras tectónicas del norte de Marruecos y las del sureste peninsular. El mapa sismotectónico del IGN sobre el mar de Alborán recoge algunas de las principales fallas que atraviesan esta región.

Imagen: Madarieta-Txurruka et al., Gondwana Research (2026).

Más de 2.200 mecanismos focales para estudiar la actividad tectónica

Para elaborar sus conclusiones, los investigadores analizaron aproximadamente 2.200 mecanismos focales de terremotos registrados entre 1910 y 2024. Estos datos permiten conocer cómo se rompieron las rocas durante los seísmos y qué tipo de fuerzas actuaron sobre ellas.

El equipo también utilizó mediciones geodésicas GNSS, una tecnología capaz de detectar desplazamientos muy pequeños mediante estaciones de posicionamiento por satélite. A partir de estos registros pudo elaborar mapas de deformación y estudiar cómo se distribuyen las tensiones en la corteza.

El trabajo, titulado New insights on active geodynamics of Iberia and Northwestern Africa from seismic stress and geodetic strain-rate fields, está disponible en Gondwana Research.

Estos resultados son especialmente relevantes porque las Béticas constituyen una de las regiones con mayor actividad sísmica de España. Sin embargo, detectar deformaciones tectónicas no significa que vaya a producirse próximamente un terremoto de gran magnitud.

La mayoría de los seísmos registrados en esta cordillera son superficiales y de magnitud baja o moderada, aunque existen antecedentes históricos de terremotos destructivos. El estudio llevado a cabo por geólogos, permite comprender mejor los procesos que los originan, pero no establece una predicción de cuándo ni dónde ocurrirá el próximo.

Así, el movimiento casi imperceptible de la corteza bajo el sureste español ofrece una nueva pista para entender la compleja actividad geológica de la península ibérica.

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