El vaciado de un embalse en La Rioja enciende las alarmas: varias especies protegidas podrían quedar sin refugio
Las presas y embalses requieren trabajos periódicos de mantenimiento para garantizar su seguridad. Sustituir válvulas, revisar estructuras o reparar infraestructuras hidráulicas obliga en ocasiones a reducir drásticamente el nivel del agua. Eso es lo que está ocurriendo en el embalse de El Perdiguero, en Calahorra (La Rioja), donde se ha iniciado un proceso de vaciado parcial para intervenir en la presa. Aunque la operación responde a motivos técnicos, el descenso rápido del nivel del agua ha despertado la inquietud de especialistas en biodiversidad.
El problema no es la intervención en sí, sino la manera en que se está realizando. Cuando el agua retrocede rápidamente, el ecosistema que se ha formado durante años dentro del embalse puede quedar expuesto en cuestión de días. Los peces y otros animales acuáticos se concentran entonces en pequeñas bolsas de agua donde el oxígeno disminuye con rapidez y la temperatura se vuelve más inestable. En esas condiciones, varias especies, incluidas protegidas, podrían quedar sin refugio en breve y su supervivencia se complica.
Hay varias especies vulnerables en el ecosistema del embalse
Uno de los motivos de la preocupación es que el embalse y sus alrededores albergan fauna considerada de especial interés para la conservación, según han señalado organizaciones como Ecologistas en Acción.
Entre las especies presentes en El Perdiguero se encuentra el pez fraile, un pequeño pez de agua dulce que está catalogado como especie en peligro de extinción en La Rioja y que depende de aguas tranquilas y relativamente limpias para sobrevivir, por lo que un cambio brusco en el hábitat puede afectar a su población.
También se ha documentado la presencia en este embalse de la anguila europea, una especie cuya población ha sufrido un descenso dramático en Europa y que actualmente está considerada en peligro crítico de extinción a escala global.
A estas especies se suman otras que forman parte del ecosistema fluvial del valle del Ebro como el galápago leproso, una tortuga de agua dulce protegida en España, además de peces como el gobio ibérico, el barbo de Graells o la tenca. Todas dependen de un entorno acuático relativamente estable. Cuando el agua desaparece de forma repentina, muchas quedan atrapadas en zonas fangosas o en charcas aisladas.
¿Qué ocurre cuando baja el nivel del agua rápidamente en el embalse?
Los científicos que estudian ecosistemas acuáticos explican que los vaciados rápidos pueden generar varias alteraciones. Una de las principales es la reducción del oxígeno disuelto en el agua. Cuando el volumen de agua disminuye, los peces se concentran en espacios cada vez más pequeños. Esto provoca un aumento de la competencia por el oxígeno y puede generar situaciones de estrés o mortalidad.
También se producen cambios en la temperatura del agua y en la calidad del hábitat. Los reptiles acuáticos y anfibios que utilizan las orillas como refugio o zona de alimentación pueden verse obligados a desplazarse rápidamente para encontrar nuevas áreas húmedas. En algunos casos, los animales quedan atrapados en zonas fangosas donde su supervivencia se complica.
El papel de los rescates de la fauna del embalse El Perdiguero y la importancia de la planificación
Los especialistas en gestión ambiental suelen recomendar que los descensos de nivel en embalses se acompañen siempre de planes de rescate de fauna. Estos programas pueden incluir acciones como capturar peces para trasladarlos a otros tramos del río, recoger reptiles o anfibios para liberarlos en humedales cercanos y monitorizar la calidad del agua durante el proceso. Son medidas usuales en proyectos de restauración fluvial o en intervenciones hidráulicas donde se prevé un impacto sobre la biodiversidad. El objetivo es reducir al mínimo las consecuencias para las especies que dependen del ecosistema acuático.
Lo cierto es que el caso del embalse riojano El Perdiguero refleja un debate cada vez más presente en la gestión del agua en España. El país cuenta con más de un millar de presas y embalses, muchos construidos durante el siglo XX para abastecimiento, riego o producción hidroeléctrica. Con el paso del tiempo, estas infraestructuras necesitan mantenimiento periódico.
Los expertos recuerdan que, aunque los embalses sean construcciones humanas, en ellos se desarrollan ecosistemas complejos: peces, reptiles, aves acuáticas e incluso mamíferos dependen de estos hábitats. Por eso, cada vez más investigadores defienden que las obras hidráulicas deben integrar criterios de conservación de la biodiversidad.
El reto de compatibilizar infraestructuras y naturaleza
La gestión del agua implica equilibrar necesidades diferentes. Por un lado, las presas cumplen funciones fundamentales: regulación de caudales, abastecimiento de agua, producción de energía o control de inundaciones. Por otro, los ecosistemas que se desarrollan en torno a ellas también tienen un valor ambiental.
El reto consiste en planificar las intervenciones técnicas de forma que reduzcan al máximo su impacto sobre la fauna. Medidas como descensos progresivos del nivel del agua, rescates de animales o seguimiento ambiental pueden ayudar a compatibilizar ambas necesidades.
El caso del embalse de El Perdiguero deja en evidencia que incluso infraestructuras construidas por el ser humano pueden convertirse, con el paso del tiempo, en refugios importantes para la biodiversidad, lo que implica una gestión responsable que requiere imperiosamente una mirada que combine ingeniería y conservación.
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- Preocupación por el vaciado del embalse de El Perdiguero. Ecologistas en acción. Disponible en: https://www.ecologistasenaccion.org/357529/preocupacion-por-el-vaciado-del-embalse-de-el-perdiguero/