En 1889 un ingeniero español reforestó 5.000 hectáreas a cañonazos: más de un siglo después, Sierra Espuña es uno de los grandes pulmones verdes de Murcia

 
Por Irene Juste, Editora Sénior. 10 septiembre 2026
Imagen: EFE

A finales del siglo XIX, Sierra Espuña tenía muy poco que ver con el paisaje que conocemos actualmente. La sobreexplotación forestal, el pastoreo y la tala habían dejado la montaña prácticamente desarbolada, con graves problemas de erosión y un elevado riesgo de inundaciones. Fue entonces cuando un ingeniero de montes decidió afrontar un reto que parecía casi imposible: recuperar el bosque perdido.

Su nombre era Ricardo Codorníu y Stárico, un ingeniero nacido en Cartagena en 1846 y considerado uno de los pioneros del conservacionismo en España. En 1889 comenzó una de las grandes actuaciones de restauración forestal de la época en Sierra Espuña, en Murcia. El proyecto llegó a extenderse por cerca de 5.000 hectáreas y utilizó métodos tan sorprendentes como el lanzamiento de semillas en zonas inaccesibles mediante trabucos.

El resultado se puede contemplar todavía hoy. Aquella sierra que había quedado prácticamente desnuda se convirtió en un extenso paisaje forestal que actualmente es considerado un modelo de restauración hidrológico-forestal.

Sierra Espuña estaba al borde de convertirse en un paisaje desértico

Durante siglos, la presión humana había transformado profundamente Sierra Espuña. La madera se utilizaba para diferentes actividades, mientras que el pastoreo, la obtención de carbón, la minería y la ampliación de las zonas agrícolas fueron reduciendo progresivamente la cubierta vegetal. A finales del siglo XIX, el resultado era una montaña muy degradada y con escasa protección frente a la erosión.

La situación también tenía consecuencias sobre el agua. Sin un bosque con una masa forestal capaz de retener el suelo, las lluvias torrenciales podían provocar graves avenidas en una zona ya castigada por las inundaciones.

La alarma aumentó después de episodios como la riada de Santa Teresa de 1879. En este contexto, en septiembre de 1888 se constituyó la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura, integrada por los ingenieros de montes José Musso Moreno, Ricardo Codorníu y Juan Ángel de Madariaga.

Imagen: Región de Murcia Natural

El ingeniero que quiso devolver los árboles a una montaña casi desnuda

Ricardo Codorníu fue una de las figuras fundamentales de aquella restauración. Nacido en Cartagena en 1846, se había formado en la Escuela de Montes y desarrolló durante toda su vida una intensa defensa de los bosques y de la conservación de la naturaleza. La Región de Murcia lo recuerda como “el Apóstol del Árbol”.

Cuando se puso en marcha el proyecto de Sierra Espuña, el objetivo no consistía simplemente en plantar árboles. Había que recuperar el suelo, controlar la escorrentía y conseguir que las nuevas masas forestales pudieran sobrevivir en un terreno muy deteriorado.

Los trabajos comenzaron bajo la dirección de Musso y, desde diciembre de 1895, pasaron a estar dirigidos por Codorníu, con la colaboración de Madariaga. La investigación publicada por la Universidad de Murcia permite matizar una cifra que suele aparecer en los relatos populares: Codorníu no fue el único responsable de las 5.000 hectáreas. La restauración fue un proceso desarrollado durante décadas y en el que participaron varios ingenieros.

Semillas disparadas con trabucos para llegar a las zonas más inaccesibles

La parte más llamativa de aquella historia llegó cuando hubo que actuar sobre lugares donde resultaba extremadamente complicado acceder. En las fuentes sobre la restauración se recuerda que llegaron a utilizarse trabucos para lanzar semillas en zonas de difícil acceso. El propio Ministerio para la Transición Ecológica ha presentado Sierra Espuña como un ejemplo histórico de restauración de una zona degradada y menciona la curiosa técnica de sembrar “a cañonazos”.

Pero aquella imagen tan llamativa era solamente una pequeña parte de una intervención mucho más ambiciosa.

Los ingenieros estudiaron las condiciones del terreno y seleccionaron las especies que podían adaptarse mejor a cada zona. Se utilizaron principalmente diferentes especies de pino y también otras especies como la encina allí donde las condiciones lo permitían. Según la investigación de la Universidad de Murcia, durante la primera fase se repoblaron más de 3.256 hectáreas y se plantaron más de 4,3 millones de árboles.

Imagen: EFE

240 kilómetros de caminos, cientos de miles de bancales y kilómetros de diques

La gran transformación de Sierra Espuña no se consiguió únicamente con árboles. La restauración exigió una auténtica obra de ingeniería forestal para intentar recuperar el suelo y controlar el agua.

Se construyeron caminos, sendas, viveros y diferentes infraestructuras destinadas a facilitar las plantaciones y proteger el terreno. Los trabajos también incorporaron numerosos diques y sistemas de retención para reducir la erosión y frenar la escorrentía.

La magnitud de la actuación fue extraordinaria para la época. La documentación divulgativa sobre el proyecto recoge 240 kilómetros de caminos y sendas, 144 kilómetros de diques en ladera y unos 420.000 bancales, además de viveros forestales destinados a producir las plantas necesarias para la repoblación.

El propósito era claro: conseguir que el agua dejara de arrastrar el suelo montaña abajo y que la nueva vegetación pudiera asentarse y desarrollarse.

De una montaña devastada a casi 5.000 hectáreas de bosque

Los resultados fueron cambiando progresivamente el paisaje. La restauración no terminó con Codorníu: en 1901 la Comisión fue sustituida por la División Hidrológico-Forestal del Segura y, desde 1903, los trabajos continuaron bajo la dirección del ingeniero Ramón Melgares Góngora. Para 1924, la superficie total repoblada había alcanzado 4.894 hectáreas.

Es una cifra que ayuda a entender la verdadera dimensión del proyecto. No se trató de una plantación puntual, sino de una actuación prolongada durante décadas que transformó por completo el paisaje.

Hoy, Territorio Sierra Espuña considera aquel proceso un modelo europeo de restauración hidrológico-forestal. Los antiguos terrenos degradados dieron paso al paisaje forestal que caracteriza actualmente este espacio natural, con pinares de repoblación y una vegetación mucho más abundante en barrancos y zonas húmedas.

El legado de Codorníu sigue verde más de un siglo después

La historia de Sierra Espuña demuestra hasta qué punto una restauración ambiental puede cambiar un paisaje cuando se mantiene durante generaciones. Lo que a finales del siglo XIX era un territorio gravemente degradado acabó convirtiéndose en uno de los grandes espacios forestales de Murcia.

El reconocimiento también llegó décadas después. En 1931, Sierra Espuña fue declarada Sitio Natural de Interés Nacional, consolidando la protección de un territorio cuya recuperación había comenzado más de cuarenta años antes.

Codorníu murió en 1923, pero su legado permaneció en los bosques que ayudó a recuperar. Hoy, cuando los visitantes recorren Sierra Espuña entre pinares, barrancos y antiguas infraestructuras forestales, resulta difícil imaginar que aquella montaña llegó a estar prácticamente desnuda.

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