En 1946 plantaron este arbusto sudafricano para proteger las dunas de Australia y ahora se extiende por el 46 % de su costa y amenaza sus ecosistemas

 
Por Germán Portillo, Ambientólogo. 27 octubre 2026
Imagen: © Queensland Government

En 1946, Australia plantó un arbusto originario de Sudáfrica para estabilizar las dunas y frenar la erosión de la costa. Décadas después, aquella solución se ha convertido en un problema medioambiental: el bitou bush se ha extendido por el 46 % de la costa de Nueva Gales del Sur y amenaza la biodiversidad de sus ecosistemas.

Su rápida propagación le ha permitido colonizar distintos hábitats y desplazar a especies vegetales autóctonas. Su capacidad para producir miles de semillas y adaptarse a condiciones difíciles complica su control y obliga a las autoridades a buscar nuevas formas de frenar su expansión.

El arbusto sudafricano que Australia plantó para estabilizar las dunas

Lo que comenzó como una solución para frenar el desplazamiento de la arena terminó convirtiéndose en un problema medioambiental de gran alcance. El arbusto sudafricano bitou bush (Chrysanthemoides monilifera subsp. rotundata) fue introducido en la costa de Nueva Gales del Sur, en Australia, para estabilizar las dunas y recuperar terrenos degradados. Sin embargo, su rápida expansión hizo que acabara ocupando amplias zonas del litoral y desplazando a parte de la vegetación autóctona.

Según el Departamento de Medio Ambiente y Patrimonio de Nueva Gales del Sur, la planta se extendió hasta alcanzar el 46 % de la costa del estado, con poblaciones que en algunos lugares llegan a adentrarse hasta diez kilómetros tierra adentro. Su presencia amenaza distintos hábitats naturales y dificulta la supervivencia de especies vegetales y animales propias de la región.

Imagen: © Queensland Government

Cómo ha conseguido extenderse por el 46 % de la costa de Nueva Gales del Sur

La expansión del bitou bush no se explica únicamente por su plantación en las dunas australianas. Su capacidad para producir grandes cantidades de semillas y adaptarse a distintas condiciones ambientales facilitó que colonizara nuevos territorios. Actualmente, esta especie está presente en el 46 % de la costa de Nueva Gales del Sur y, en algunas zonas, ha avanzado hasta diez kilómetros tierra adentro.

Uno de los principales factores de su propagación es la dispersión de sus semillas. Cada ejemplar puede producir decenas de miles al año y estas pueden ser transportadas a lugares alejados por aves y otros animales que consumen sus frutos. El agua también contribuye a su expansión, ya que las semillas pueden desplazarse mediante las corrientes marinas, los arroyos y otros cursos de agua cercanos al litoral.

A estos mecanismos naturales se suma la actividad humana. El movimiento de tierra, el transporte de maquinaria y los vehículos pueden trasladar semillas de una zona a otra, favoreciendo la aparición de nuevos focos de crecimiento. Además, los incendios y las alteraciones del suelo pueden estimular la germinación de las semillas que permanecen enterradas.

La resistencia de esta planta también ha contribuido a su expansión. El bitou bush tolera la salinidad, los vientos fuertes, la sequía y los suelos pobres en nutrientes, condiciones habituales en muchos entornos costeros. Esta combinación de factores hace que resulte difícil frenar su avance una vez que se establece en un nuevo lugar, especialmente cuando existe un banco de semillas en el suelo capaz de originar nuevas plantas durante años.

Las especies autóctonas que están en riesgo por la expansión del arbusto invasor

Al crecer con rapidez y formar masas densas de vegetación, este arbusto ocupa el espacio que necesitan las especies autóctonas para desarrollarse, dificultando la germinación de nuevas plantas y modificando la composición de los ecosistemas. Entre los entornos afectados se encuentran las dunas, los brezales costeros, los pastizales, los bosques y las zonas húmedas.

Cuando el arbusto desplaza a las plantas nativas, también reduce la disponibilidad de alimento y refugio para los animales que dependen de ellas. La transformación de estos espacios puede perjudicar especialmente a las especies que necesitan unas condiciones concretas para alimentarse, reproducirse o encontrar lugares adecuados donde construir sus nidos.

La magnitud del problema llevó a las autoridades de Nueva Gales del Sur a identificar 157 especies vegetales autóctonas, 3 poblaciones de plantas y 24 comunidades ecológicas en riesgo por la invasión del bitou bush.

Drones, retirada manual y otras medidas para frenar su expansión

Ante la extensión del bitou bush y sus efectos sobre la biodiversidad, las autoridades de Nueva Gales del Sur han centrado sus esfuerzos en limitar su propagación y recuperar las zonas naturales afectadas. Una de las prioridades es actuar en los lugares donde la invasión supone un mayor riesgo para las especies amenazadas. El plan de control de esta planta identifica 169 áreas prioritarias y establece zonas de contención en el norte y el sur del territorio para intentar frenar su avance y reducir los daños sobre los ecosistemas autóctonos.

Para controlar el arbusto se emplean diferentes métodos, entre ellos la retirada manual, la aplicación selectiva de herbicidas y el seguimiento de los brotes que aparecen después de las primeras intervenciones. También se están incorporando nuevas tecnologías, como los drones, que permiten localizar las zonas afectadas y tratar la vegetación invasora en terrenos de difícil acceso, reduciendo la necesidad de intervenir directamente en lugares peligrosos o especialmente sensibles.

Sin embargo, eliminar las plantas existentes no garantiza que el problema desaparezca. Las semillas que permanecen en el suelo pueden germinar posteriormente y dar lugar a nuevos ejemplares, por lo que resulta necesario revisar periódicamente las áreas tratadas. Cuando se reduce la presencia del arbusto, los trabajos de restauración también incluyen la revegetación con especies autóctonas para favorecer la recuperación de la cubierta vegetal y limitar la aparición de nuevas invasiones.

Aunque el control del bitou bush sigue siendo un desafío, la combinación de medidas de contención, vigilancia y restauración ofrece una vía para proteger los hábitats costeros y mejorar las condiciones para que la flora y la fauna autóctonas puedan recuperarse.

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