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Introdujeron 14 lobos en Yellowstone hace 30 años y ahora los científicos observan cómo se recuperan los bosques

 
Alejandro Lingenti
Por Alejandro Lingenti. 26 octubre 2026
Introdujeron 14 lobos en Yellowstone hace 30 años y ahora los científicos observan cómo se recuperan los bosques
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En enero de 1995, 14 lobos grises llegaron al parque nacional de Yellowstone, en Estados Unidos, después de aproximadamente siete décadas de ausencia. La iniciativa pretendía recuperar una especie que había desaparecido de este territorio por la persecución humana. Tres décadas después, sus consecuencias van mucho más allá de la conservación de un depredador.

La recuperación de los lobos ha coincidido con importantes transformaciones en la vegetación, especialmente en las poblaciones de álamos y sauces, que durante décadas habían tenido dificultades para desarrollarse.

Un estudio publicado en julio de 2025 por investigadores de la Universidad Estatal de Oregon documentó la aparición de una nueva generación de álamos adultos en determinadas zonas del parque, un fenómeno que no se observaba desde hacía unos 80 años.

Por qué desaparecieron los lobos de Yellowstone y cómo comenzó su recuperación

El protagonista de esta recuperación es el lobo gris (Canis lupus), un mamífero carnívoro de la familia de los cánidos que habita diferentes regiones de América del Norte, Europa y Asia.

Se caracteriza por su cuerpo robusto, sus patas largas y su espeso pelaje, cuya coloración puede variar entre tonos grises, marrones, negros y blanquecinos. Es un animal social que suele organizarse en manadas familiares, generalmente formadas por una pareja reproductora y sus descendientes.

Los lobos desempeñan una función fundamental como depredadores de grandes herbívoros. En Yellowstone, sus principales presas incluyen los uapitíes o ciervos canadienses, conocidos en Norteamérica como elks, además de otros ungulados.

Durante las primeras décadas del siglo XX, la persecución sistemática de estos carnívoros provocó su desaparición del parque. Sin su presencia, los herbívoros quedaron sometidos a una menor presión depredadora, lo que contribuyó al deterioro de determinadas comunidades vegetales.

Para revertir esta situación, las autoridades estadounidenses trasladaron ejemplares procedentes de Canadá. A los 14 lobos introducidos en 1995 se sumaron otros 17 en 1996, hasta completar un programa inicial de 31 animales.

La operación, documentada por el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, se convirtió en uno de los proyectos de recuperación de grandes carnívoros más conocidos del mundo.

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Los lobos regresaron a Yellowstone y los álamos vuelven a crecer después de décadas

Uno de los resultados más significativos se ha observado en los álamos temblones (Populus tremuloides), árboles característicos de los bosques norteamericanos.

Durante décadas, los ciervos canadienses consumían sus brotes jóvenes antes de que alcanzaran suficiente altura. La presión constante del ramoneo impedía que muchos ejemplares llegaran a convertirse en árboles adultos. La situación comenzó a cambiar con la recuperación de los grandes depredadores, incluidos los lobos, los osos y los pumas.

En una investigación difundida por la Universidad Estatal de Oregon, los científicos analizaron 87 agrupaciones de álamos situadas en el norte de Yellowstone. Los resultados mostraron que aproximadamente un tercio presentaba numerosos ejemplares jóvenes de gran altura, mientras que otro tercio registraba zonas donde estos árboles comenzaban a incorporarse al dosel forestal. En el tercio restante, el crecimiento continuaba limitado por los herbívoros.

Luke Painter, investigador principal del estudio, destacó que la recuperación de los grandes carnívoros había puesto en marcha un proceso ecológico interrumpido durante décadas.

Esta regeneración también puede beneficiar a otras especies. Los álamos proporcionan alimento y refugio a diferentes aves y mamíferos, incluidos los castores, cuya actividad contribuye a crear hábitats acuáticos.

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Los lobos y los ríos de Yellowstone: qué hay de cierto en esta transformación

El caso de Yellowstone suele utilizarse para explicar las llamadas cascadas tróficas, procesos mediante los cuales los cambios en una población animal repercuten sobre otras especies y sobre el conjunto del ecosistema.

La recuperación de árboles y arbustos puede favorecer la estabilidad de las riberas, reducir la erosión y mejorar las condiciones para distintas especies acuáticas. De ahí procede la conocida afirmación de que los lobos llegaron a cambiar el curso de los ríos.

Sin embargo, los científicos advierten que esta explicación resulta demasiado simplificada. Los cambios en los cauces dependen también de factores hidrológicos, climáticos y geológicos, y no pueden atribuirse exclusivamente a los lobos.

De hecho, una investigación publicada en 2025 sobre la recuperación de los sauces provocó un debate científico acerca de la magnitud real de estos efectos.

Los investigadores Daniel MacNulty y sus colaboradores cuestionaron los métodos empleados para calcular el crecimiento de la vegetación y defendieron que la recuperación había sido desigual.

Cuántos lobos viven ahora en Yellowstone y cómo ha evolucionado su población en España

La reintroducción ha permitido establecer una población reproductora permanente. Según los datos oficiales del parque Yellowstone, en enero de 2026 se contabilizaban al menos 84 lobos distribuidos en 8 manadas.

En España también habita el lobo gris, representado por la población ibérica, tradicionalmente denominada Canis lupus signatus, más conocidos como lobos ibéricos.

El último censo nacional, correspondiente al periodo 2021-2024, identificó 333 manadas, concentradas principalmente en Castilla y León, Galicia, Asturias y Cantabria.

Según el Ministerio para la Transición Ecológica, esta cifra representa un crecimiento del 12 % respecto al censo anterior, aunque sigue por debajo de las 500 manadas consideradas necesarias para garantizar su viabilidad genética a largo plazo.

La experiencia estadounidense demuestra que recuperar grandes depredadores puede contribuir a restaurar procesos ecológicos perdidos. No obstante, sus resultados dependen de las características de cada territorio y de la interacción entre numerosas especies.

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