En 2012, una isla del Caribe estaba al borde del colapso: ahora es un paraíso natural lleno de vida
Vista desde el mar, Redonda parece poco más que la cima de un antiguo volcán emergiendo del Caribe. Esta pequeña isla deshabitada pertenece a Antigua y Barbuda y se encuentra a unos 50 kilómetros de Antigua. Pero su reducido tamaño contrasta con la dimensión del experimento ecológico que se ha desarrollado allí durante la última década.
Durante años, Redonda estuvo tan degradada que su superficie fue comparada con un paisaje lunar. Había perdido árboles y buena parte de su vegetación, mientras algunas de sus especies autóctonas sobrevivían en condiciones cada vez más difíciles. La causa no fue una catástrofe natural, sino principalmente la presencia de dos mamíferos introducidos: cabras y ratas negras.
La decisión de retirarlos desencadenó una recuperación que ha sorprendido incluso a los conservacionistas. La experiencia se ha convertido en un ejemplo de hasta qué punto un ecosistema insular puede reconstruirse cuando desaparece la presión que impedía su regeneración.
Cómo las cabras y las ratas devastaron la vegetación y la fauna de Redonda
La degradación tiene raíces históricas. Redonda fue explotada entre el siglo XIX y comienzos del XX para extraer guano de aves marinas, utilizado como fertilizante. Las cabras domésticas llegaron a la isla en algún momento después de la llegada de los europeos, mientras que las ratas negras (Rattus rattus) alcanzaron el Caribe como polizones en barcos.
El efecto combinado fue devastador. Las cabras consumían plantas y brotes e impedían la regeneración de la vegetación. Las ratas, por su parte, depredaban sobre reptiles y otros pequeños animales y podían atacar huevos y crías de aves.
Un estudio publicado en Integrative Zoology explica que ambas especies contribuyeron a la deforestación y desertificación de Redonda. Para 2012 la situación era tan extrema que incluso las aproximadamente 60 cabras asilvestradas que permanecían allí estaban muriendo de hambre.
El suelo desnudo quedaba además expuesto a la erosión. En una isla de pendientes pronunciadas, la desaparición de las plantas no afecta únicamente a lo que ocurre en tierra: sedimentos y rocas pueden acabar en el mar y perjudicar los ecosistemas costeros.
Así lograron retirar las especies invasoras de una isla casi inaccesible
En 2016 comenzó el Redonda Restoration Programme, impulsado por el Gobierno de Antigua y Barbuda, la organización local Environmental Awareness Group y Fauna & Flora, junto con otros colaboradores.
No se optó por eliminar las cabras. Fueron capturadas y trasladadas a Antigua, donde podían recibir cuidados. La operación resultó especialmente complicada por los abruptos acantilados y la ausencia de accesos sencillos.
Con las ratas se aplicó un programa de erradicación que culminó en 2017. La intervención eliminó así las dos grandes presiones que impedían recuperarse al ecosistema.
Y ocurrió algo significativo: no fue necesario replantar masivamente la isla para devolverle su vegetación. Una vez retirados los herbívoros invasores, numerosas plantas pudieron germinar, crecer y reproducirse otra vez.
Los datos recopilados por el programa de restauración de Fauna & Flora muestran la magnitud del cambio. Para 2019, la cobertura y biomasa vegetal se habían multiplicado por más de 20 y la abundancia de los invertebrados muestreados había aumentado más de ocho veces.
Los lagartos endémicos y las aves regresaron con fuerza tras la restauración de Redonda
Uno de los grandes beneficiados ha sido el lagarto terrestre de Redonda (Pholidoscelis atratus), endémico de la isla.
Antes de la intervención, los investigadores habían observado directamente a ratas cazando estos reptiles. Después de la erradicación, el cambio fue rápido. Los censos científicos realizados entre 2017 y 2019 registraron un aumento de más de seis veces en su población. Los datos posteriores del programa de conservación hablan de un incremento superior a ocho veces. También aumentó aproximadamente tres veces la población del lagarto arborícola de Redonda (Anolis nubilus).
La recuperación se extendió a las aves. El número de especies observadas pasó de 9 a 23 para 2019. Las aves marinas resultan especialmente importantes en ecosistemas de este tipo porque trasladan nutrientes desde el océano hacia la tierra a través de sus excrementos.
La eliminación de ratas de otras islas ha mostrado que esta relación puede alcanzar incluso los ecosistemas marinos. Una investigación publicada en Conservation Biology encontró que restaurar colonias de aves marinas mediante la erradicación de ratas y la recuperación de vegetación puede incrementar el aporte de nutrientes y beneficiar funciones ecológicas de los arrecifes.
Redonda se convirtió en una reserva protegida de casi 30.000 hectáreas
El éxito de Redonda llevó a dar un paso adicional. En 2023 se creó la Redonda Ecosystem Reserve, que protege no solamente la isla sino también sus aguas.
Según Fauna & Flora, la reserva comprende casi 30.000 hectáreas de tierra y mar, incluidas praderas de pastos marinos y alrededor de 180 kilómetros cuadrados de arrecife coralino. La base internacional Protected Planet confirma su designación como área protegida nacional en 2023.
Redonda demuestra así que restaurar un ecosistema no siempre significa reconstruirlo pieza por pieza. En determinadas islas, eliminar las especies invasoras que bloquean los procesos naturales puede ser suficiente para que semillas, plantas, invertebrados, reptiles y aves hagan buena parte del trabajo.
Una isla que parecía avanzar hacia el colapso ecológico terminó revelando que, bajo aquel paisaje desnudo, todavía existía capacidad para empezar de nuevo.
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