La ciencia pone fecha a lo inhabitable: estas regiones podrían no soportar el calor antes de 2070
Durante décadas, el cambio climático se percibió como una amenaza difusa, algo que afectaría sobre todo a generaciones futuras. Sin embargo, la ciencia empieza a ponerle cifras, mapas y, lo más inquietante, fechas. Ya no se habla solo de aumento de temperaturas o de récords puntuales, sino de límites físicos del cuerpo humano que podrían superarse en amplias regiones del planeta.
Estudios recientes basados en datos satelitales y modelos climáticos avanzados advierten de un escenario preocupante: si las tendencias actuales continúan, algunas zonas de la Tierra podrían volverse prácticamente inhabitables antes de 2070. No porque falte oxígeno o agua de forma inmediata, sino porque el propio organismo humano dejaría de poder soportar el calor y la humedad combinados.
El límite invisible del cuerpo humano que marca cuándo una región deja de ser habitable
Uno de los conceptos clave para entender estas advertencias científicas es la llamada temperatura de bulbo húmedo. A diferencia de la temperatura que vemos en el termómetro, este indicador combina el calor ambiental con la humedad del aire y mide cómo responde el cuerpo humano en esas condiciones.
Cuando la temperatura de bulbo húmedo alcanza los 35 ºC, el organismo pierde su capacidad básica de autorregularse. El sudor deja de evaporarse con eficacia y el cuerpo ya no puede disipar el calor interno. En ese punto, incluso una persona joven, sana y en reposo puede sufrir un colapso en cuestión de horas.
Los investigadores insisten en que no se trata de un umbral teórico. Los modelos climáticos muestran que, si no se reducen de forma drástica las emisiones y no cambian ciertos patrones de uso del suelo, este límite podría superarse de manera recurrente en varias regiones del mundo antes de 2070. Y no sería un episodio aislado, sino olas de calor cada vez más largas y frecuentes.
Del sur de Asia al Golfo Pérsico: las regiones donde el calor extremo podría volverse incompatible con la vida diaria
El estudio The future we don't want, que está basado en datos obtenidos del Centro de Simulación Climática de la NASA (NCCS), indica que entre las zonas más vulnerables aparece con claridad el sur de Asia, una región densamente poblada donde viven miles de millones de personas. Allí, la combinación de altas temperaturas, monzones húmedos y crecimiento urbano acelerado crea el escenario perfecto para alcanzar valores críticos de bulbo húmedo en las próximas décadas.
También se identifican riesgos elevados en áreas del Golfo Pérsico y el entorno del mar Rojo, donde el calor extremo ya es habitual y la humedad procedente del mar agrava la sensación térmica. En estas regiones, el margen de adaptación es cada vez menor.
América del Sur tampoco queda al margen. Algunas zonas de Brasil aparecen en las proyecciones como territorios donde el calor y la humedad podrían alcanzar niveles peligrosos, especialmente si continúan la deforestación y la urbanización sin planificación climática. En China, ciertos sectores del este y del sur también muestran señales preocupantes a medio plazo.
Los científicos subrayan que no todo un país se volvería inhabitable de golpe, pero sí determinadas áreas concretas que podrían dejar de ser aptas para la vida humana permanente tal y como la conocemos hoy.
Cuando el ser humano acelera el reloj climático: deforestación, ciudades y el efecto isla de calor
El calentamiento global no actúa solo. Las actividades humanas locales pueden adelantar de forma significativa ese calendario que marca la ciencia. La deforestación elimina la capacidad natural del suelo y la vegetación para regular la temperatura, reduciendo la evaporación y aumentando el calor acumulado.
En las ciudades, el problema se amplifica con el conocido efecto de isla de calor urbana. El asfalto, el hormigón y los edificios absorben calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche, impidiendo que la temperatura descienda. Esto hace que las olas de calor sean más intensas y peligrosas en entornos urbanos densamente poblados.
Según los investigadores, estas prácticas pueden provocar que regiones que estaban proyectadas como críticas hacia finales de siglo alcancen condiciones extremas mucho antes. El resultado no es solo un problema ambiental, sino también social, económico y sanitario.
¿Estamos ante un punto de no retorno o aún hay margen para actuar?
Pese a la dureza de las proyecciones, la comunidad científica coincide en un punto clave: el escenario no es inevitable. Las decisiones que se tomen en los próximos años serán determinantes.
La reducción rápida y sostenida de las emisiones de gases de efecto invernadero, la protección de bosques y humedales, y una planificación urbana adaptada al clima pueden retrasar, e incluso evitar, que algunas regiones crucen ese umbral de inhabitabilidad.
No se trata solo de proteger ecosistemas lejanos, sino de garantizar condiciones mínimas para la vida humana en amplias zonas del planeta. La ciencia ya ha puesto las cifras y las fechas sobre la mesa. Ahora, el margen de reacción depende de algo mucho menos técnico y mucho más complejo: la voluntad colectiva de cambiar el rumbo antes de que el calor marque el límite definitivo.
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- The future we don't want. C40 Cities. Disponible en: https://www.c40.org/what-we-do/scaling-up-climate-action/water-heat-nature/the-future-we-dont-want/
