Los científicos detectan una "mancha fría": así es el lugar entre España y Groenlandia que sigue enfriándose a pesar del calentamiento global
Mientras la temperatura media del planeta continúa aumentando como consecuencia del cambio climático, existe una región del océano Atlántico Norte que sigue una tendencia diferente. Se trata de la denominada "mancha fría", un área situada entre España y Groenlandia donde las aguas superficiales se han enfriado o han aumentado su temperatura a un ritmo mucho menor que el del resto de los océanos.
Lejos de poner en duda el calentamiento global, esta anomalía se ha convertido en uno de los fenómenos que más interés despierta entre los científicos. Las investigaciones apuntan a que podría estar relacionada con cambios en las grandes corrientes oceánicas que regulan el clima terrestre, por lo que entender qué ocurre en esta zona del Atlántico resulta clave para anticipar cómo podría evolucionar el clima en Europa y otras regiones del mundo durante las próximas décadas.
¿Por qué existe una enorme "mancha fría" en pleno Atlántico y qué está ocurriendo realmente?
La denominada mancha fría es una extensa región del Atlántico Norte situada entre la costa oriental de Canadá, el sur de Groenlandia y el oeste de Europa que, a diferencia del resto del planeta, ha mantenido una tendencia de enfriamiento o de calentamiento mucho más lento durante las últimas décadas. Esta anomalía destaca en los mapas de temperatura global porque aparece como un área azul rodeada de zonas que muestran un aumento generalizado de las temperaturas.
Aunque pueda parecer una contradicción en un contexto de calentamiento global, los científicos aclaran que este fenómeno no demuestra que el cambio climático se haya detenido. Al contrario, consideran que es una consecuencia indirecta de las alteraciones que el propio calentamiento está provocando en la circulación oceánica del Atlántico.
Durante años se planteó la posibilidad de que esta región estuviera perdiendo más calor hacia la atmósfera que el resto del océano. Sin embargo, investigaciones recientes apuntan a otra explicación. La mancha fría recibe menos calor transportado por las corrientes oceánicas. En otras palabras, el problema no es que el océano desprenda más energía, sino que llega una menor cantidad de agua cálida desde latitudes más meridionales.
La principal sospechosa es la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC), un sistema de corrientes que actúa como una gran cinta transportadora de calor. Esta circulación lleva aguas cálidas desde los trópicos hacia el Atlántico Norte y devuelve aguas frías y profundas hacia el sur. Si este mecanismo se debilita, disminuye el aporte de calor a esa zona del océano, favoreciendo la aparición de esta anomalía térmica.
La gran corriente oceánica que podría estar detrás de este fenómeno
Como hemos mencionado antes, el AMOC es un sistema de corrientes funciona como una gran cinta transportadora que redistribuye el calor por el océano Atlántico, desplazando aguas cálidas desde las regiones tropicales hacia el norte y devolviendo aguas frías y profundas hacia el sur. Cuando este mecanismo pierde intensidad, llega menos agua cálida al Atlántico Norte. Como consecuencia, la superficie oceánica en esa zona recibe un menor aporte de calor, lo que favorece que sus temperaturas sean inferiores a las esperadas en un planeta que, en conjunto, continúa calentándose.
Los investigadores señalan que esta ralentización no implica que la circulación oceánica vaya a detenerse de forma inminente, pero sí constituye una señal de que está respondiendo a los cambios que experimenta el sistema climático. Entre los factores que pueden contribuir a este debilitamiento se encuentra el deshielo acelerado de Groenlandia, que vierte grandes cantidades de agua dulce al Atlántico Norte. Al ser menos densa que el agua salada, esta dificulta el hundimiento de las masas de agua, un proceso esencial para mantener el funcionamiento de la AMOC.
Un estudio reciente ha reforzado esta hipótesis al concluir que la mancha fría no se debe principalmente a una mayor pérdida de calor hacia la atmósfera, sino a una reducción del calor transportado por las corrientes oceánicas. Según los autores, este cambio en la circulación explica mejor la persistencia de la anomalía térmica que cualquier otro mecanismo analizado.
Cómo puede afectar esta anomalía al clima de Europa y del resto del mundo
El debilitamiento de la AMOC no solo explica la persistencia de la mancha fría, sino que también podría tener efectos sobre el clima de amplias regiones del planeta. Al tratarse de uno de los principales sistemas de transporte de calor de la Tierra, cualquier cambio en su intensidad modifica el equilibrio térmico entre los océanos y la atmósfera.
En Europa, una de las consecuencias más estudiadas sería la alteración de los patrones meteorológicos. Aunque el calentamiento global seguiría elevando la temperatura media del planeta, algunas zonas del Atlántico Norte y del noroeste europeo podrían experimentar un enfriamiento relativo o cambios importantes en la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos, como olas de calor, temporales o variaciones en las precipitaciones.
Los efectos tampoco se limitarían al continente europeo. Los científicos advierten de que una AMOC más débil podría modificar la distribución de lluvias en distintas regiones del mundo, afectar a los ecosistemas marinos y alterar la productividad pesquera al cambiar la temperatura y la circulación de las aguas oceánicas.
Lo que esta “mancha fría” podría revelar sobre el futuro del cambio climático
Uno de los principales retos es determinar hasta qué punto la AMOC podría debilitarse en un escenario de calentamiento continuo. Aunque algunos modelos climáticos plantean la posibilidad de una ralentización significativa e incluso de alcanzar un punto de inflexión en el futuro, todavía existe un importante margen de incertidumbre. La falta de registros directos de larga duración dificulta establecer con precisión cuándo podrían producirse estos cambios y cuál sería su intensidad.
Para reducir esa incertidumbre, diferentes equipos científicos están ampliando las redes de observación del Atlántico Norte mediante boyas, sensores submarinos y campañas oceanográficas. Estos datos permiten conocer con mayor detalle cómo circulan las masas de agua, cómo varían la temperatura y la salinidad y de qué forma responde la AMOC al deshielo de Groenlandia y al aumento de las temperaturas globales.
Los expertos subrayan que la existencia de la mancha fría no contradice el calentamiento global. Al contrario, consideran que puede ser una de las señales de que el cambio climático está alterando procesos fundamentales del océano. Comprender su evolución será clave para mejorar las proyecciones climáticas y anticipar posibles cambios en las temperaturas, las precipitaciones y los fenómenos meteorológicos que podrían afectar a distintas regiones del mundo durante el presente siglo.
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