Un agricultor logra germinar unas semillas de tomate guardadas durante 110 años y resucita una variedad tradicional castellana
En una época en la que la agricultura busca cultivos más resistentes al calor, la sequía y las nuevas enfermedades, una historia llegada desde Castilla y León recuerda que, en ocasiones, las respuestas al futuro pueden encontrarse en el pasado.
El agricultor Emilio Medina ha conseguido germinar unas semillas de tomate fechadas en 1916, conservadas durante más de un siglo en un tarro de cristal por una familia de Matute de Almazán (Soria). El resultado ha sido la recuperación de una variedad local que prácticamente había desaparecido de los huertos españoles.
Más allá de la curiosidad, el caso pone sobre la mesa una cuestión que preocupa desde hace años a científicos, agrónomos y organizaciones internacionales: la pérdida de biodiversidad agrícola. Cada variedad tradicional que desaparece supone perder una combinación única de genes, adaptaciones al territorio y características culinarias que podrían resultar fundamentales para afrontar el cambio climático o futuras crisis alimentarias.
Así es el antiguo tomate castellano: pequeño, irregular y con un sabor inigualable
La variedad recuperada por Emilio Medina no pertenece a ninguna de las grandes variedades comerciales actuales. Se trata de una variedad tradicional castellana, también conocida como antiguo tomate soriano, seleccionada durante generaciones por agricultores de la comarca de Almazán mucho antes de la agricultura industrial.
Su aspecto dista bastante del tomate uniforme que suele encontrarse en los supermercados. Según describe el propio agricultor, presenta un color rojo intenso, un tamaño más pequeño que el de muchos tomates modernos, forma achatada, costillas muy marcadas y numerosas irregularidades en la base del fruto.
En términos comerciales podría considerarse un tomate “feo”, pero precisamente esas características son habituales en muchas variedades antiguas cultivadas antes de que la selección genética priorizara el tamaño, la resistencia al transporte o una apariencia homogénea.
Su principal virtud estaría en el sabor. Medina sostiene que recuerda al tomate que consumían sus bisabuelos, con una pulpa muy aromática y un equilibrio entre dulzor y acidez difícil de encontrar en muchas variedades comerciales actuales
Cómo han podido sobrevivir unas semillas durante más de un siglo sin estropearse
Aunque pueda parecer extraordinario, las semillas pueden permanecer viables durante décadas si se conservan en condiciones adecuadas de temperatura y humedad. La longevidad depende de cada especie, pero la ausencia de humedad y la protección frente a la luz ralentizan enormemente su deterioro.
En este caso, las semillas permanecieron guardadas en un recipiente durante más de cien años. Una vez germinadas, produjeron una primera cosecha que ya ha permitido obtener nuevas semillas para seguir cultivando la variedad sin depender del material original de 1916.
Precisamente por ese motivo existen bancos de germoplasma repartidos por todo el mundo, donde miles de variedades vegetales se conservan para garantizar que su patrimonio genético no desaparezca. Estas colecciones actúan como una auténtica póliza de seguro para la agricultura mundial.
Conservar las variedades tradicionales protege el futuro de la agricultura
La recuperación del tomate soriano ilustra un problema mucho más amplio. Durante las últimas décadas, buena parte de la agricultura ha ido concentrándose en un número reducido de variedades comerciales seleccionadas por su elevada productividad, uniformidad, capacidad de almacenamiento y resistencia al transporte.
Este proceso ha permitido aumentar la producción de alimentos, pero también ha reducido la diversidad genética disponible. Diversos estudios muestran que las variedades comerciales de tomate presentan una diversidad genética considerablemente menor que muchas variedades tradicionales y sus parientes silvestres, una circunstancia que limita el margen de adaptación frente a nuevas enfermedades o cambios ambientales.
La FAO lleva años alertando de la importancia de conservar la diversidad genética de los cultivos, ya que constituye la base para desarrollar plantas capaces de responder a condiciones climáticas cambiantes y garantizar la seguridad alimentaria a largo plazo.
Además, informa que el tomate, originario de la región andina y domesticado posteriormente en Mesoamérica antes de llegar a Europa en el siglo XVI, posee una enorme riqueza genética fruto de siglos de evolución y selección agrícola.
Las semillas tradicionales esconden una ventaja clave frente al cambio climático
El interés por las variedades tradicionales ya no responde únicamente a cuestiones gastronómicas. Muchos investigadores consideran que estas plantas pueden aportar genes de resistencia frente a fenómenos cada vez más frecuentes, como las olas de calor, la escasez de agua o determinadas enfermedades.
En el caso del tomate recuperado en Soria, Emilio Medina explica que procede de una población vegetal adaptada durante generaciones a los suelos y al clima castellanos, por lo que podría presentar una mayor capacidad para soportar condiciones adversas sin necesidad de grandes intervenciones agronómicas.
Además, el agricultor mantiene un auténtico banco vivo de semillas formado por más de un millar de variedades tradicionales de diferentes cultivos, muchas recuperadas gracias a agricultores mayores o hallazgos en antiguos hórreos, desvanes y viviendas rurales.
Su filosofía consiste en conservar las semillas cultivándolas periódicamente, ya que una semilla que vuelve a sembrarse mantiene mejor su viabilidad que otra almacenada indefinidamente.
La historia de este tomate centenario demuestra que conservar las variedades locales no significa únicamente preservar una parte del patrimonio gastronómico español. También supone mantener un valioso reservorio genético que puede ayudar a diseñar la agricultura del futuro.
Frente a un escenario marcado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la homogeneización de los cultivos, recuperar semillas olvidadas puede convertirse en una estrategia tan útil como innovadora: mirar al pasado para asegurar la alimentación de las próximas generaciones.
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