El águila imperial ibérica se recupera en España y ya supera los 1.000 ejemplares
Hace apenas medio siglo, el águila imperial ibérica estaba al borde de desaparecer. En España solo quedaban unas pocas decenas de parejas reproductoras y su futuro parecía condenado. Hoy la situación ha cambiado por completo: la especie ya supera los 1.000 ejemplares y vuelve a ocupar territorios donde había desaparecido hace décadas.
Detrás de esta recuperación hay años de conservación, protección del hábitat, adaptación de tendidos eléctricos y programas de seguimiento que han convertido al águila imperial en uno de los mayores éxitos de la biodiversidad española. Aun así, los expertos recuerdan que las amenazas no han desaparecido y que mantener esta tendencia dependerá de seguir protegiendo a una de las aves más emblemáticas de la Península.
De solo 39 parejas a más de 1.000 ejemplares: así comenzó su recuperación
En los años setenta el águila imperial ibérica estaba al borde del colapso: el primer censo nacional de 1974 contabilizó 39 parejas y en el suroeste apenas sobrevivían 38.
La epidemia de mixomatosis que arrasó las poblaciones de conejo, su presa principal, y la instalación de líneas eléctricas sin protección provocaron altas tasas de mortalidad. La especie desapareció de Marruecos y Portugal y quedó restringida a refugios como Doñana y Sierra Morena. La tendencia comenzó a invertirse a finales de los ochenta gracias a la protección legal y a los programas de conservación: en 1988 ya se superaba el centenar de parejas, en 2004 se contaban 196 parejas en España y en 2017 el censo coordinado registró 536.
El crecimiento se aceleró con la financiación del programa LIFE y la colaboración de administraciones y ONG, aportando apoyo técnico y económico. Tal y como se detalla desde Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en 2021‑2022 se censaron 821 parejas en España y 20 en Portugal, una recuperación del 53 % respecto a 2017 y una auténtica reconquista de sus antiguas áreas. Además, en 2023 el registro ascendió a 841 parejas reproductoras.
Los nuevos lugares de España donde vuelve a criar el águila imperial
La recuperación de la población ha ido acompañada de una expansión territorial notable. Además de los clásicos refugios de Doñana y Sierra Morena, la especie ocupa ahora el Sistema Central, Montes de Toledo, Extremadura y nuevas zonas de Castilla y León.
El censo de 2022 mostró que las parejas reproductoras se distribuyen ya en 21 provincias españolas; Granada, Cuenca y Palencia incorporaron territorios a partir de 2018. Castilla‑La Mancha es la principal fortaleza: 396 territorios representan el 47 % del total español. Andalucía pasó de 70 parejas en 2011 a 136 en 2022, mientras Castilla y León alcanza 131 parejas y Madrid 83. En Extremadura se censaron 75 territorios y Portugal alberga unas 20 parejas. Datos más recientes muestran 191 territorios en Castilla y León y 109 parejas reproductoras en Madrid en 2025, lo que demuestra una expansión continua.
El águila imperial ibérica coloniza paisajes agrícolas y dehesas fuera de sus hábitats tradicionales, gracias a la abundancia de presas y a la reducción de molestias humanas.
El alimento del que depende para sobrevivir y criar con éxito
El águila imperial ibérica es un gran rapaz forestal de 2 m de envergadura y unos 3 kg de peso. Prefiere mosaicos de dehesas y bosques abiertos con altas densidades de conejo. El conejo constituye entre el 50 % y el 70 % de su dieta; cuando escasea, complementa con otros vertebrados y carroña, e incluso roba presas a otras aves de presa.
La abundancia de conejos es clave para su reproducción. La madurez sexual se alcanza hacia los cuatro años; las puestas se realizan entre febrero y abril, con 1‑4 huevos e incubación de unas 39‑42 días. Los pollos vuelan a los 65‑78 días y la longevidad media es de 16,5 años. La construcción del nido en grandes encinas, alcornoques o pinos se realiza en áreas poco perturbadas.
El éxito reproductivo varía según la abundancia de conejos y la ausencia de molestias; en algunas zonas la productividad media supera 1,8 pollos por nido, mientras que en Doñana apenas llega a 0,89. Sin conejos suficientes, las parejas pueden abandonar puestas o producir menos pollos.
Los peligros que todavía ponen en riesgo al águila imperial ibérica
Aunque la recuperación es notable, las amenazas persisten. La electrocución en tendidos eléctricos de alta tensión sigue siendo la principal causa de mortalidad no natural; un estudio de 2024 señaló que el 73 % de las muertes no naturales se deben a colisiones y electrocuciones.
El veneno ha provocado 195 muertes entre 1992 y 2017 y continúa siendo responsable de un 13 % de la mortalidad. Además, la caza de esta gran rapaz aún ocurre. La reducción del conejo por enfermedades como la mixomatosis y la enfermedad vírica hemorrágica limita la disponibilidad de alimento; y la abundancia de presas determina la productividad de los nidos.
El cambio climático agrava la situación al causar sequías, incendios y olas de calor que afectan a Doñana y otros territorios. Además, la alteración del hábitat por infraestructuras y la urbanización siguen degradando dehesas y bosques. La UICN todavía clasifica a la especie como Vulnerable, y su supervivencia depende de mantener bajo control estas amenazas.
Las medidas que hicieron posible uno de los mayores éxitos de conservación en España
El éxito de la recuperación se debe a una combinación de acciones coordinadas. La protección legal del águila imperial en España y Portugal y su inclusión en el Catálogo Español de Especies Amenazadas fueron pasos esenciales.
La adaptación de miles de postes y apoyos eléctricos mediante el Real Decreto 1432/2008 redujo significativamente las electrocuciones. El programa LIFE de la Unión Europea aportó financiación y tecnología para estudios de seguimiento y adecuación de hábitats.
La colaboración de administraciones, ONG como SEO/BirdLife, WWF y propietarios de fincas ha permitido restaurar hábitats, vigilar nidos y liberar ejemplares criados en cautividad. La vigilancia estricta y campañas de concienciación han reducido la persecución directa y la creación de áreas protegidas ofrece refugios seguros.
La reintroducción en nuevas zonas y el incremento del conejo mediante programas de repoblación garantizan alimento para las parejas reproductoras. Estas medidas combinadas han permitido que la población supere los 1.000 individuos y que la especie vuelva a poblar territorios de los que desapareció hace décadas.
No obstante, su futuro dependerá de mantener y ampliar estas acciones, vigilando las amenazas emergentes y asegurando el equilibrio entre desarrollo humano y conservación.
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