Así fue el Evento Carrington, la tormenta solar que colapsó las comunicaciones y podría volver a repetirse

 
Por Germán Portillo, Ambientólogo. 5 agosto 2026

El Sol libera de forma constante energía y partículas al espacio, pero en ocasiones esa actividad aumenta de manera extraordinaria y puede desencadenar tormentas solares capaces de alterar el campo magnético de la Tierra. La mayoría pasan prácticamente desapercibidas, aunque algunas alcanzan una intensidad excepcional y pueden afectar a las comunicaciones, las redes eléctricas o los satélites.

El ejemplo más conocido es el Evento Carrington, considerado la mayor tormenta solar documentada hasta la fecha. Ocurrido en 1859, este episodio cambió para siempre la forma en que la ciencia entiende la relación entre el Sol y nuestro planeta. Más de 160 años después, sigue siendo el principal referente para evaluar qué consecuencias tendría una supertormenta solar en un mundo mucho más dependiente de la tecnología.

Qué es el Evento Carrington y por qué sigue siendo la mayor tormenta solar jamás registrada

El Evento Carrington fue la tormenta solar más intensa registrada en la historia moderna. Ocurrió a finales de agosto y principios de septiembre de 1859, cuando una enorme eyección de masa coronal (CME) procedente del Sol impactó directamente contra la Tierra, generando efectos sin precedentes sobre el campo magnético del planeta.

Este fenómeno recibe su nombre del astrónomo británico Richard Carrington, quien observó por primera vez una potente fulguración solar el 1 de septiembre de 1859. Apenas unas horas después, la radiación y las partículas solares alcanzaron la Tierra, algo extraordinariamente rápido incluso para los estándares actuales.

El Evento Carrington no solo marcó un antes y un después en la observación astronómica, sino que también demostró, por primera vez, hasta qué punto la actividad del Sol puede afectar al planeta y a la tecnología humana. Más de siglo y medio después, continúa siendo el principal referente para estudiar los riesgos asociados a las grandes tormentas solares.

Los efectos del Evento Carrington: colapso del telégrafo y auroras visibles en lugares insólitos

La supertormenta solar de 1859 tuvo consecuencias tan sorprendentes como inquietantes, especialmente si se tiene en cuenta el nivel tecnológico de la época. Sus efectos fueron inmediatos y se dejaron sentir en buena parte del planeta.

Uno de los impactos más importantes se produjo en las comunicaciones. La red de telégrafos colapsó prácticamente por completo. Durante horas, Europa y Estados Unidos quedaron incomunicados mientras muchos equipos comenzaron a fallar de forma caótica. Incluso se documentaron casos en los que los telégrafos siguieron funcionando sin estar conectados a baterías, gracias a las corrientes eléctricas inducidas por la tormenta geomagnética.

Pero los efectos no se limitaron a la tecnología. El cielo nocturno cambió por completo. Se observaron auroras boreales en lugares donde normalmente resultan imposibles, como Cuba o Hawái, y su intensidad era tal que, según numerosos testimonios, en algunas zonas era posible leer un periódico en plena noche sin necesidad de iluminación artificial.

El fenómeno dio lugar a escenas insólitas. Muchas personas pensaron que había amanecido en mitad de la madrugada, algunos animales comenzaron antes de tiempo sus rutinas diarias e incluso hubo quienes interpretaron el suceso como una señal del fin del mundo.

Cómo se produjo el Evento Carrington y por qué la eyección solar impactó directamente en la Tierra

El origen del Evento Carrington se encuentra en la intensa actividad del Sol, concretamente en las manchas solares. Estas zonas oscuras de la superficie solar no son simples imperfecciones, sino regiones con una enorme concentración de energía magnética donde se producen algunos de los fenómenos más violentos del Sistema Solar.

En este caso, una de esas regiones activas liberó una potente llamarada solar, acompañada de una eyección de masa coronal (CME), es decir, una gigantesca nube de plasma cargado que fue expulsada al espacio a gran velocidad.

Lo que convirtió este episodio en un fenómeno extraordinario fue que esa eyección estaba orientada directamente hacia la Tierra. Apenas 17 horas después, miles de millones de toneladas de partículas energéticas impactaron contra la magnetosfera terrestre.

Al chocar con el campo magnético del planeta, esta enorme cantidad de energía provocó una intensa tormenta geomagnética. En los casos más extremos, como ocurrió en 1859, estas perturbaciones son capaces de alterar el campo magnético terrestre y generar corrientes eléctricas que interfieren con infraestructuras tecnológicas.

¿Podría repetirse hoy una tormenta solar como el Evento Carrington?

Aunque el Evento Carrington fue un fenómeno excepcional, la comunidad científica tiene claro que no fue un caso único ni irrepetible. Las tormentas solares forman parte del comportamiento natural del Sol, que atraviesa ciclos de actividad durante los cuales este tipo de fenómenos pueden producirse.

Los estudios actuales apuntan a que las tormentas solares intensas pueden repetirse varias veces por siglo. Sin embargo, un episodio tan extremo como el de 1859 es mucho menos frecuente y podría tardar siglos en volver a ocurrir. Aun así, el riesgo no es inexistente. Diversas estimaciones científicas sitúan la probabilidad de una tormenta comparable entre el 0,46 % y el 1,88 % en las próximas décadas, una cifra baja, pero real.

Además, ya ha habido avisos recientes. En 2012, una eyección de masa coronal de gran intensidad pasó muy cerca de la órbita terrestre. Si hubiera impactado directamente contra el planeta, los expertos consideran que sus consecuencias podrían haber sido comparables o incluso superiores a las del Evento Carrington, debido a la enorme dependencia tecnológica actual.

Hoy vivimos en un mundo hiperconectado en el que satélites, redes eléctricas, internet, sistemas GPS y telecomunicaciones dependen directamente de la estabilidad del entorno espacial. Por ello, aunque la probabilidad de una supertormenta solar siga siendo reducida, su impacto potencial sería mucho mayor que hace más de 150 años.

Cómo se prepara la ciencia para una gran tormenta solar y qué medidas existen para minimizar sus efectos

La comunidad científica monitoriza de forma permanente la actividad del Sol. Agencias como la NASA y la ESA observan continuamente las manchas solares, las llamaradas y las eyecciones de masa coronal. Gracias a satélites especializados, es posible emitir alertas con varias horas de antelación, lo que permite adoptar medidas preventivas.

Uno de los principales desafíos consiste en proteger las infraestructuras críticas. Las redes eléctricas pueden adaptarse para soportar sobrecargas geomagnéticas, mientras que los satélites pueden activarse en “modo seguro” para reducir el riesgo de daños. También se trabaja para reforzar la resiliencia de los sistemas GPS, las telecomunicaciones e internet frente a este tipo de fenómenos.

Muchos países cuentan ya con protocolos específicos para responder a una tormenta solar severa. Entre las medidas previstas figuran la desconexión temporal de determinadas redes, la protección de infraestructuras estratégicas y la coordinación de los servicios de emergencia. El objetivo es evitar un efecto dominó que pueda afectar a sectores esenciales como la energía, el transporte, las comunicaciones o la sanidad.

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