Felipe Morales, biólogo: “Dar pan a los patos parece un buen gesto, pero acaba perjudicándolos”
Alimentar a los patos con pan suele considerarse un gesto amable, pero puede perjudicar tanto a las aves como al ecosistema. El biólogo Felipe Morales advierte en su vídeo que “lo que puede parecer un buen gesto acaba siendo perjudicial para ellos y para el entorno”.
El pan aporta energía, pero muy pocos nutrientes, y su consumo frecuente puede favorecer problemas de salud, una mayor concentración de aves y la contaminación del agua. Por ello, esta práctica tan habitual debería reconsiderarse desde una perspectiva responsable y basada en la evidencia científica.
El problema del pan no es que les dé energía: es lo que dejan de comer
Morales señala que el problema, en parte, es que “el pan no forma parte de su dieta natural y no les da casi nutrientes; solo les llena”. Aunque aporta energía rápida, principalmente en forma de almidón, no reproduce la variedad de plantas acuáticas, semillas, brotes, pequeños invertebrados y otros recursos que consumen las distintas especies de anátidas.
Por ello, cuando se afirma que el pan “no alimenta”, debe entenderse desde el punto de vista nutricional: contiene calorías, pero resulta desequilibrado cuando sustituye una parte importante de la dieta habitual.
En Ámsterdam, el investigador Burt y otros colaboradores observaron que el pan representaba alrededor del 67% de la comida ofrecida a las aves urbanas y calcularon un exceso de energía en seis de las siete zonas analizadas. Su estudio concluyó que esta alimentación era nutricionalmente inadecuada y podía favorecer la malnutrición.
El riesgo no depende de una sola miga, sino de la repetición diaria de cientos de personas alimentando a las aves. Además, los individuos dominantes suelen acaparar la comida, mientras que los ejemplares jóvenes o las especies más pequeñas compiten en desventaja.
Así, un alimento abundante puede coexistir con importantes carencias de proteínas, fibra, vitaminas y minerales. El pato se sacia antes, busca menos alimento natural y termina consumiendo muchas calorías, pero una dieta mucho menos equilibrada.
Darles pan puede tener consecuencias en su desarrollo y hasta en sus alas
Morales advierte de que una alimentación inadecuada puede provocar “problemas de salud o incluso deformaciones como el ala de ángel, que les deja las alas torcidas y puede impedirles volar”.
El ala de ángel consiste en una desviación del extremo del ala durante el crecimiento y, en los casos permanentes, las plumas de vuelo quedan orientadas hacia el exterior.
No obstante, conviene matizar la evidencia científica. Los estudios disponibles no demuestran que una porción de pan sea, por sí sola, la causa directa de esta deformación. La investigación publicada en Animal Bioscience describe un trastorno multifactorial, relacionado con el crecimiento acelerado, una dieta desequilibrada, el exceso energético, la genética, la densidad de población, el ejercicio e incluso determinados agentes infecciosos.
Por tanto, el mensaje más ajustado a la evidencia es que alimentar habitualmente a los patos con alimentos pobres desde el punto de vista nutricional puede contribuir a un contexto desfavorable, especialmente en ejemplares jóvenes, aunque no explique por sí solo todos los casos.
Además, concentrar a numerosas aves en un mismo punto aumenta la competencia, el estrés y el contacto con heces y restos de comida húmeda. Estas condiciones favorecen la circulación de patógenos y la aparición de alimentos con moho, relacionados con enfermedades como la aspergilosis.
El problema continúa incluso después de que el pato se coma el pan
El perjuicio no termina cuando el pato deja de comer. Como explica Morales, “el pan que sobra se descompone en el agua y favorece el crecimiento de bacterias y algas, reduciendo la cantidad de oxígeno y empeorando la calidad del agua”.
La materia orgánica y los nutrientes añadidos alimentan a los microorganismos. Durante el proceso de descomposición, estos consumen oxígeno disuelto, y en lugares con poca renovación del agua puede aparecer hipoxia, una situación perjudicial para peces, invertebrados y otros organismos acuáticos.
El exceso de nitrógeno y fósforo también favorece la eutrofización y la proliferación de algas o cianobacterias.
Además, alimentar a los patos atrae más aves al mismo punto y concentra sus excrementos. Diversos estudios han mostrado que las deposiciones de aves acuáticas pueden aportar nutrientes al agua y modificar las comunidades de fitoplancton.
No todo estanque verde se explica por unas rebanadas de pan: también influyen factores como fertilizantes, aguas residuales, temperatura o escasa circulación del agua. Aun así, arrojar pan supone una presión evitable, especialmente en lagunas pequeñas, urbanas o con poca renovación.
La mejor forma de ayudar a un pato puede ser no alimentarlo
La recomendación principal de Morales es “no darles nada”. Observarlos, fotografiarlos y explicar a los niños cómo buscan su propio alimento permite disfrutar del encuentro sin alterar su comportamiento natural. Esta opción evita sustituir su dieta, reduce la concentración de aves y elimina restos que pueden atraer ratas o empeorar la calidad del agua.
También deben respetarse siempre los carteles, las normas municipales y las indicaciones de los gestores de parques y humedales.
Morales añade que “si caes en la tentación”, conviene elegir vegetales o semillas. Aun así, esta alternativa necesita matices: no existe un alimento universal para todas las aves acuáticas, ya que sus necesidades cambian según la especie, la edad y el entorno.
Cuando una autoridad permita alimentar a las aves, deberían ofrecerse cantidades mínimas de productos apropiados, sin sal, moho, salsas ni ultraprocesados. Guisantes descongelados, avena simple, hojas verdes troceadas o alimento específico pueden ser opciones menos desequilibradas que el pan, aunque no deberían convertirse en una rutina.
La ayuda más útil consiste en conservar vegetación nativa, agua limpia y orillas tranquilas. Proteger el hábitat permite que los patos encuentren su propio alimento y evita convertir un gesto aparentemente amable en un problema para las aves y el ecosistema.
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