Cambio climático

Científicos vierten 62.000 litros de sosa cáustica en el océano y lo tiñen de rosa: así quieren capturar más CO₂

 
Germán Portillo
Por Germán Portillo, Ambientólogo. 24 septiembre 2026
Científicos vierten 62.000 litros de sosa cáustica en el océano y lo tiñen de rosa: así quieren capturar más CO₂
Imagen: Woods Hole Oceanographic Institution
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¿Qué ocurre cuando los científicos vierten 62.000 litros de sosa cáustica en el océano? En el golfo de Maine, una zona del Atlántico Norte llegó a teñirse temporalmente de rosa durante un experimento diseñado para estudiar una posible forma de aumentar la capacidad del mar para absorber CO₂.

El llamativo color no fue provocado por la sosa cáustica, sino por un colorante utilizado como trazador para seguir el recorrido del agua tratada. El objetivo era comprobar qué sucede cuando se eleva artificialmente la alcalinidad del océano y hasta qué punto este proceso puede favorecer la captura de dióxido de carbono de la atmósfera.

Los primeros datos han permitido observar cambios químicos en el agua y no han detectado impactos biológicos importantes en las mediciones iniciales. Sin embargo, los investigadores todavía tienen que analizar los resultados para determinar cuánto CO₂ puede retirarse realmente y qué consecuencias tendría aplicar esta técnica a una escala mucho mayor.

Cómo elevaron la alcalinidad del océano con 62.000 litros de sosa cáustica

Según explicó la Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI), el ensayo se diseñó para crear un parche de agua con mayor alcalinidad y seguir su evolución mediante un trazador.

Para aumentar la alcalinidad del agua, los investigadores utilizaron una solución de hidróxido de sodio al 50 %, conocida como sosa cáustica, que fue liberada de manera controlada en la cuenca de Wilkinson, en el golfo de Maine. El ensayo contemplaba hasta 16.500 galones, unos 62.000 litros, y finalmente la operación se prolongó durante unas seis horas.

La solución se introdujo en las aguas superficiales mediante un sistema instalado en un buque. Al mismo tiempo, los científicos añadieron rodamina, un colorante utilizado como trazador, para poder distinguir la zona tratada y seguir su desplazamiento con las corrientes. La mezcla se realizó además con agua de mar bombeada desde el propio barco para favorecer su dispersión.

El objetivo era crear una especie de “parche” temporal de mayor alcalinidad y observar qué ocurría con el carbono presente en el agua. Al aumentar la alcalinidad, el agua adquiere una mayor capacidad para neutralizar la acidez y convertir parte del carbono disuelto en bicarbonato, una forma química estable y abundante de manera natural en los océanos. De esta forma, el experimento pretendía comprobar si el océano podía incorporar más CO₂ de la atmósfera.

La elección de la zona tampoco fue casual. Las características de la cuenca de Wilkinson hacen que las aguas superficiales permanezcan relativamente concentradas durante un tiempo, lo que permitía seguir la evolución del parche antes de que terminara mezclándose con el agua circundante.

Científicos vierten 62.000 litros de sosa cáustica en el océano y lo tiñen de rosa: así quieren capturar más CO₂ - Cómo elevaron la alcalinidad del océano con 62.000 litros de sosa cáustica
Imagen: Woods Hole Oceanographic Institution

Qué ocurrió con el CO₂ y la fauna marina tras el experimento

Uno de los aspectos que más interés generaba en el experimento era conocer qué efectos podía tener el aumento repentino de la alcalinidad sobre los organismos marinos. Para vigilarlo, los investigadores realizaron mediciones físicas, químicas y biológicas durante varios días. El buque científico permaneció en la zona durante cuatro días y posteriormente vehículos submarinos autónomos continuaron recogiendo datos durante aproximadamente una semana.

Los primeros resultados no mostraron señales de mortalidad masiva ni un impacto biológico importante. Tampoco se observaron especies protegidas durante la operación. Los científicos analizaron, entre otros parámetros, la salud fotosintética de los organismos presentes en la zona y no detectaron alteraciones importantes en las primeras observaciones. Aun así, estos son resultados preliminares y el equipo necesita analizar todos los datos recopilados para determinar con mayor precisión los posibles efectos ecológicos.

En cuanto al clima, el experimento permitió comprobar que el agua tratada aumentó su alcalinidad y creó las condiciones necesarias para favorecer la captación de CO₂ por el océano. Esto indica que se crearon las condiciones químicas necesarias para favorecer la incorporación de carbono desde la atmósfera. Sin embargo, todavía queda por determinar cuánto CO₂ fue realmente retirado de la atmósfera como consecuencia de la prueba.

Por qué el océano se tiñó de rosa durante el experimento

El color rosa que apareció en el golfo de Maine no fue consecuencia de la sosa cáustica. Para poder seguir el recorrido de la zona tratada y comprobar cómo se mezclaba con el agua del océano, los investigadores añadieron rodamina WT, un colorante utilizado como trazador en estudios científicos.

La sustancia permitió identificar visualmente y mediante instrumentos la extensión del agua modificada y seguir su desplazamiento con las corrientes. De esta manera, los científicos pudieron estudiar durante las horas posteriores cómo se dispersaba la solución alcalina y cómo cambiaban parámetros como el pH y la alcalinidad.

El llamativo tono rosa era, por tanto, una herramienta para rastrear el experimento, no el resultado químico de verter la sosa cáustica en el océano. Una vez que el agua tratada comenzó a mezclarse con el resto del golfo, el colorante se fue diluyendo progresivamente.

Científicos vierten 62.000 litros de sosa cáustica en el océano y lo tiñen de rosa: así quieren capturar más CO₂ - Por qué el océano se tiñó de rosa durante el experimento
Imagen: Woods Hole Oceanographic Institution

Hasta dónde puede llegar esta técnica para retirar CO₂ de la atmósfera

El ensayo realizado en el golfo de Maine representa un primer paso para estudiar si aumentar artificialmente la alcalinidad del océano puede ayudar a retirar CO₂ de la atmósfera. La idea se basa en un proceso químico que ya ocurre de forma natural en los mares. Y es que, una mayor alcalinidad permite que el agua absorba CO₂ y lo transforme principalmente en formas de carbono disuelto más estables.

Sin embargo, los investigadores todavía tienen que analizar una gran cantidad de datos antes de saber hasta qué punto esta técnica puede resultar eficaz y qué consecuencias tendría si se aplicara a una escala mucho mayor. Una prueba controlada de 62.000 litros no permite extrapolar directamente sus resultados a grandes superficies del océano.

Precisamente por eso, el experimento busca responder a cuestiones que todavía permanecen abiertas, como cuánto CO₂ puede retirar realmente el océano, durante cuánto tiempo permanece almacenado y qué efectos puede producir sobre los ecosistemas marinos. Los datos obtenidos en el golfo de Maine servirán para continuar investigando una tecnología que, por ahora, sigue en una fase experimental.

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