EEUU encuentra a 1.700 metros bajo tierra unos microorganismos capaces de convertir el CO₂ en roca
La búsqueda de nuevas formas de reducir la concentración de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera ha llevado a los científicos a explorar algunos de los lugares más extremos del planeta. Uno de esos lugares se encuentra a más de 1.700 metros bajo tierra, en las profundidades de una antigua mina de Dakota del Sur, en Estados Unidos. Allí, un grupo de investigadores ha identificado unos microorganismos capaces de acelerar un proceso natural que podría resultar clave para el futuro de la captura de carbono.
El hallazgo ha despertado el interés de la comunidad científica porque estos microorganismos parecen favorecer la transformación del CO₂ en minerales sólidos, un mecanismo conocido como mineralización del carbono. Esta capacidad podría ayudar a almacenar el carbono de forma más segura y permanente que otros métodos utilizados actualmente para reducir las emisiones responsables del calentamiento global.
El descubrimiento realizado a más de 1.700 metros de profundidad
Los microorganismos fueron encontrados en el Sanford Underground Research Facility (SURF), un laboratorio científico instalado en el interior de una antigua mina de oro situada en Dakota del Sur. Este centro de investigación permite estudiar las condiciones extremas que existen a grandes profundidades y analizar formas de vida capaces de sobrevivir en entornos donde apenas llega la luz y los recursos son muy limitados.
Durante sus investigaciones, los científicos detectaron comunidades microbianas que interactúan con las rocas del subsuelo de una manera especialmente interesante. Al estudiar su comportamiento en el laboratorio, comprobaron que estos microorganismos aceleraban reacciones químicas que favorecen la formación de minerales carbonatados, compuestos sólidos capaces de almacenar carbono durante largos periodos de tiempo.
Lo más llamativo es que este proceso, que de forma natural puede requerir años o incluso décadas, se produjo en apenas unos días durante algunos de los experimentos realizados por los investigadores. Este resultado llevó a los expertos a plantearse si estos microorganismos podrían utilizarse en el futuro para mejorar los sistemas de captura y almacenamiento de carbono.
Cómo consiguen estos microorganismos convertir el CO₂ en roca
Aunque la idea de unos seres vivos capaces de convertir el dióxido de carbono en piedra pueda parecer sacada de una novela de ciencia ficción, el mecanismo detrás de este fenómeno se basa en procesos químicos bien conocidos por la ciencia.
Cuando el CO₂ entra en contacto con determinadas rocas ricas en minerales reactivos, puede producirse una serie de reacciones que terminan formando carbonatos sólidos. Estos minerales actúan como una especie de almacén natural donde el carbono queda atrapado de manera estable durante miles o incluso millones de años.
Los microorganismos descubiertos en el laboratorio subterráneo no transforman directamente el CO₂ por sí solos. Su papel consiste en acelerar las reacciones químicas necesarias para que la mineralización ocurra con mayor rapidez. En otras palabras, funcionan como catalizadores biológicos que facilitan la conversión del carbono gaseoso en compuestos sólidos.
Según los investigadores, la presencia de estas comunidades microbianas multiplica la velocidad a la que se forman los minerales carbonatados. Esto podría representar una ventaja importante frente a otros sistemas de captura de carbono que requieren infraestructuras complejas o largos periodos de almacenamiento para garantizar que el CO₂ no vuelva a escapar a la atmósfera.
Por qué este hallazgo podría ser importante para la lucha contra el cambio climático
La captura y almacenamiento de carbono se ha convertido en una de las estrategias más estudiadas para reducir el impacto de las emisiones industriales. Actualmente existen tecnologías capaces de capturar CO₂ procedente de centrales eléctricas, fábricas o instalaciones industriales, pero uno de los principales desafíos sigue siendo cómo almacenarlo de forma segura y permanente.
En muchos proyectos, el gas se inyecta en formaciones geológicas profundas donde permanece confinado. Sin embargo, la posibilidad de acelerar su conversión en roca ofrece una alternativa especialmente atractiva porque reduce el riesgo de fugas futuras.
Los investigadores creen que los microorganismos descubiertos en Dakota del Sur podrían ayudar a desarrollar nuevas técnicas de almacenamiento basadas en procesos biológicos. Si se consigue reproducir este comportamiento a gran escala, sería posible transformar grandes cantidades de carbono en minerales estables en un periodo mucho más corto que el observado en condiciones naturales.
Además, esta estrategia podría aplicarse en combinación con tecnologías de captura directa de CO₂ o con sistemas industriales que ya generan corrientes concentradas de dióxido de carbono. La combinación de ambas soluciones permitiría retirar carbono de la atmósfera y almacenarlo de forma prácticamente permanente.
Los retos que todavía deben superar los científicos
A pesar del entusiasmo generado por el descubrimiento, los expertos insisten en que todavía queda un largo camino antes de que esta tecnología pueda utilizarse de manera comercial o a gran escala.
Los resultados obtenidos hasta ahora proceden principalmente de experimentos realizados en condiciones controladas. El siguiente paso será comprobar si estos microorganismos mantienen la misma eficacia cuando se trabaja con volúmenes mucho mayores de CO₂ y en entornos geológicos diferentes.
También será necesario estudiar el coste económico de implementar este tipo de soluciones y determinar qué formaciones rocosas ofrecen las mejores condiciones para favorecer la mineralización acelerada del carbono.
Por otro lado, los científicos recuerdan que este tipo de tecnologías no debe considerarse una alternativa a la reducción de emisiones. Aunque la captura y almacenamiento de carbono puede desempeñar un papel importante en la transición energética, la disminución del uso de combustibles fósiles seguirá siendo una de las principales herramientas para limitar el calentamiento global.
Aun así, el descubrimiento de estos microorganismos en las profundidades de una antigua mina estadounidense demuestra que la naturaleza sigue escondiendo soluciones sorprendentes. Lo que comenzó como una investigación sobre la vida en condiciones extremas podría acabar aportando nuevas herramientas para afrontar uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI.
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