Joan Calderón, jardinero: “Si riegas o tocas las plantas por la noche, las molestas igual que si te molestaran a ti, ya que a esas horas descansan”
Las plantas pueden parecer completamente inmóviles a simple vista, pero detrás de esa aparente quietud se producen continuamente procesos que permiten a estos organismos adaptarse a su entorno. Tienen ritmos diarios, responden a los ataques de otros seres vivos, intercambian señales químicas y hasta contribuyen a reducir la temperatura de los lugares en los que crecen.
Joan Calderón, jardinero y divulgador especializado en el cuidado de zonas verdes, ha recopilado cuatro de estos comportamientos que suelen resultar desconocidos para buena parte del público en uno de sus últimos vídeos de Instagram (@jardineriacalderon).
Una planta enferma puede avisar a las demás de que hay una plaga
Una de las características más llamativas de las plantas es su capacidad para responder a lo que ocurre a su alrededor y enviar señales a otros organismos vegetales. Sus raíces están en contacto permanente con el suelo y con una enorme variedad de microorganismos, y determinadas sustancias pueden actuar como señales entre plantas.
“Las plantas se comunican entre ellas por debajo de la tierra”, explica Calderón. Según asegura, “cuando una está enferma o tiene una plaga, suelta una sustancia por las raíces y avisa al resto del jardín para que se prepare”.
Los científicos han encontrado diferentes mecanismos de comunicación química entre plantas, tanto bajo tierra como a través del aire. Un estudio publicado en 2026 en Communications Earth & Environment recoge precisamente evidencias sobre el papel de los compuestos orgánicos volátiles liberados por las raíces en las interacciones entre plantas. Estas sustancias pueden ser percibidas por plantas próximas y desencadenar respuestas relacionadas con la defensa frente a herbívoros.
Este fenómeno permite que una planta modifique su comportamiento en función de lo que está sucediendo a su alrededor. Además, las plantas no necesitan desplazarse para responder a los cambios del entorno. Al estar ancladas al suelo, han desarrollado a lo largo de la evolución sistemas que les permiten detectar alteraciones y reaccionar ante ellas.
Qué ocurre con las plantas por la noche y por qué Joan Calderón recomienda no molestarlas
La segunda curiosidad que explica Calderón tiene que ver con algo que ocurre todos los días y que resulta mucho menos visible: cuando llega la noche, las plantas modifican su funcionamiento.
“Las plantas también duermen”, asegura. “Por la noche cierran los poros, bajan el ritmo y descansan. Si las riegas o las tocas a esas horas, las molestas igual que si te molestaran a ti”.
Aunque no es comparable con el descanso humano, lo que sí tienen las plantas es un reloj circadiano, un sistema interno que regula numerosos procesos en ciclos de aproximadamente 24 horas.
Este reloj interviene en funciones relacionadas con el crecimiento, el metabolismo y las respuestas frente a diferentes condiciones ambientales. Las investigaciones más recientes muestran además que estos ritmos están coordinados entre distintas células, tejidos y órganos de la propia planta.
Durante la noche, por tanto, la planta no queda completamente inactiva. Cambia la intensidad y el tipo de procesos que lleva a cabo y utiliza, entre otras cosas, las reservas acumuladas durante el día. El reloj circadiano permite incluso ajustar el metabolismo para aprovechar de forma eficiente esas reservas hasta que vuelva a amanecer.
Esto hacen las plantas para sobrevivir a los días de mucho calor
Durante el verano hay otro fenómeno que resulta especialmente fácil de apreciar. Las plantas pierden agua a través de sus hojas mediante un proceso conocido como transpiración.
“Cuando hace mucho calor las plantas sudan igual que tú, sueltan agua por las hojas para refrescarse”, explica el jardinero. “Y por eso debajo de un árbol siempre hay menos grados que directamente al sol”.
La transpiración se produce principalmente a través de los estomas, unos pequeños poros situados en las hojas que regulan el intercambio de gases y la pérdida de agua.
En los árboles, además, hay otro elemento fundamental: la sombra. Sus copas bloquean parte de la radiación solar y, combinadas con la evapotranspiración, pueden contribuir a reducir la temperatura del entorno. Por eso la diferencia entre permanecer directamente bajo el sol o hacerlo bajo la copa de un árbol puede ser notable durante las horas de más calor.
Algunas plantas pueden pedir ayuda cuando las ataca un insecto: así llaman a sus depredadores
La última curiosidad de la que habla el jardinero tiene que ver con uno de los mecanismos de defensa vegetal más llamativos. Algunas plantas pueden responder al ataque de determinados insectos liberando sustancias al aire.
“Hay plantas que cuando las ataca un bicho sueltan un olor al aire que atrae a los enemigos naturales de ese insecto”, cuenta Calderón. “Es decir, que llaman al depredador por ellas mismas”.
La explicación hace referencia a los compuestos orgánicos volátiles que determinadas plantas liberan cuando sufren daños provocados por herbívoros. Estas sustancias pueden actuar como señales para otros organismos y, en algunos casos, atraer a depredadores o parasitoides que atacan a los insectos que están dañando la planta.
Es una estrategia especialmente llamativa porque una planta no puede escapar de una plaga. En lugar de huir, puede modificar su química y utilizar el entorno para defenderse.
“La gente piensa que una planta es un trozo verde que está ahí quieto y resulta que son mágicas, hacen cosas que ni te imaginas”, concluye el jardinero.
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