La NASA compara El Niño de 2026 con el de 1997: las imágenes muestran un fenómeno que podría ser histórico

 
Por Irene Juste, Editora Sénior. 28 octubre 2026
Imagen: El fenómeno de El Niño en 2026 / NASA

Las imágenes por satélite permiten observar cómo está evolucionando El Niño en el océano Pacífico y compararlo con algunos de los episodios más intensos registrados. La NASA ha puesto frente a frente dos mapas separados por casi 29 años: uno del 13 de octubre de 1997 y otro del 12 de octubre de 2026. El parecido entre ambos ha llamado la atención de los investigadores.

Las dos imágenes muestran una extensa zona de aguas con una altura superior a la habitual en el Pacífico ecuatorial central y oriental, que se prolonga hasta las costas de Sudamérica. Este patrón es una de las señales características de El Niño y recuerda al que se observó durante el episodio de 1997-1998, considerado uno de los más intensos de los registros modernos.

La comparación no significa que ambos episodios vayan a tener exactamente las mismas consecuencias. Sin embargo, los datos permiten estudiar cómo se distribuye el calor en el océano y ayudan a los científicos a estimar qué podría ocurrir durante los próximos meses, en un contexto en el que se prevé que el fenómeno continúe intensificándose.

Las imágenes de la NASA muestran un patrón parecido al de 1997

La comparación publicada por el Observatorio de la Tierra de la NASA utiliza datos de altimetría por satélite para mostrar las anomalías en la altura de la superficie del mar. En el mapa de octubre de 2026, las zonas rojas indican que el nivel del océano está por encima de la media, mientras que los tonos azules representan áreas con una altura inferior a la habitual.

El fenómeno también aparece en la imagen de octubre de 1997, tomada durante uno de los episodios más intensos de El Niño. En ambos casos, el agua más elevada se extiende por el Pacífico central y oriental y alcanza la costa sudamericana. Esta distribución constituye una pista importante sobre la acumulación de calor en el océano.

Para realizar la comparación, los investigadores han recurrido a dos misiones satelitales diferentes. La imagen de 1997 se basa en datos del satélite TOPEX/Poseidon, mientras que la de 2026 utiliza mediciones del Sentinel-6 Michael Freilich.

La continuidad de estas observaciones permite disponer de un registro de unos 35 años, con el que los científicos pueden estudiar la evolución de la superficie oceánica y comparar episodios separados por décadas. Según Josh Willis, investigador del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL), el fenómeno actual está siguiendo una evolución que podría llevarlo a superar algunos de sus precedentes más intensos.

No obstante, el propio investigador advierte de que no existe un patrón único para todos los episodios de El Niño. La posición de las aguas más cálidas y la respuesta de la atmósfera pueden variar y, con ellas, también lo hacen sus efectos sobre el clima.

Imagen: El fenómeno de El Niño en 1997, 2015 y 2026 / NASA

Qué revelan las anomalías en la altura del océano

El Niño es un fenómeno climático natural que se produce de forma irregular, aproximadamente cada dos a siete años. Se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental y por cambios en la circulación atmosférica que pueden modificar los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.

Las imágenes de la NASA permiten comprender una de las señales que ayudan a identificarlo. Cuando el agua del mar se calienta, se expande y ocupa más volumen. Por eso, las zonas con aguas más cálidas pueden presentar una altura superior a la habitual. Las diferencias de nivel también reflejan cómo se distribuye el agua entre las distintas partes del océano.

El proceso está relacionado con los vientos alisios, que normalmente empujan las aguas superficiales cálidas hacia el oeste del Pacífico, en dirección a Asia y Oceanía. Cuando estos vientos se debilitan, parte de esa agua caliente se desplaza hacia el este, lo que favorece un nuevo aumento de la temperatura y contribuye a alterar la circulación atmosférica.

Este mecanismo de interacción entre el océano y la atmósfera puede reforzarse a medida que avanza el episodio. Por eso, los científicos combinan las mediciones de altura del mar con datos de temperatura, viento y precipitaciones para seguir su evolución.

La NASA también ha comparado el episodio actual con el de 2015-2016, otro de los más intensos de las últimas décadas. Sin embargo, en aquel caso las anomalías de altura del océano no se extendieron hasta la costa sudamericana de la misma manera que en 1997 y 2026. Esa diferencia ayuda a explicar por qué dos episodios fuertes de El Niño no tienen por qué generar los mismos patrones meteorológicos.

Imagen: El fenómeno de El Niño en 1997 / NASA

El Niño podría intensificarse durante los próximos meses

Las previsiones apuntan a que el episodio actual continuará fortaleciéndose. En su informe del 8 de octubre de 2026, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó que existía más de un 83 % de probabilidad de que El Niño alcanzara una intensidad fuerte o muy fuerte durante el periodo que se prolonga hasta enero-marzo de 2027.

La NASA también recoge estas previsiones en su análisis y destaca que el fenómeno de 2026 se ha desarrollado de forma más repentina que el de 1997-1998. Aunque las imágenes muestran similitudes entre ambos, todavía es necesario observar cómo evoluciona la interacción entre el océano y la atmósfera para determinar el alcance de sus efectos.

La Organización Meteorológica Mundial, por su parte, ha advertido de que el fortalecimiento de El Niño puede alterar las temperaturas y las precipitaciones en diferentes partes del mundo. Entre los riesgos asociados se encuentran las lluvias intensas, las inundaciones, las sequías y los episodios de calor extremo, aunque su probabilidad y distribución dependen de cada región y de la época del año.

Estos cambios no afectan por igual a todos los territorios. El Niño puede favorecer precipitaciones abundantes en algunas zonas y condiciones más secas en otras, mientras que factores climáticos adicionales pueden modificar la respuesta habitual. Por ello, la intensidad del fenómeno por sí sola no permite anticipar con exactitud qué tiempo hará en cada país.

Las imágenes comparadas por la NASA ofrecen, en definitiva, una referencia visual para entender la magnitud que podría alcanzar el episodio actual. La semejanza con octubre de 1997 es una señal relevante para los investigadores, pero las próximas mediciones del océano y las observaciones meteorológicas serán fundamentales para comprobar cómo evoluciona El Niño y qué consecuencias acaba teniendo durante el invierno de 2026-2027.

Imagen: El fenómeno de El Niño en 2015 / NASA

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