Linces ibéricos contra milanos negros en Doñana: la falta de conejos lleva al felino a cazar las crías de la rapaz

 
Por Irene Juste, Editora Sénior. 29 octubre 2026
Imagen: Fabrizio Sergio. EBD-CSIC / Europa Press

En Doñana, la escasez de conejos y los largos periodos de sequía están alterando las relaciones entre algunos de los animales que habitan este espacio natural. Un estudio científico ha documentado un comportamiento poco habitual del lince ibérico, que ha empezado a depredar a las crías de milano negro, un ave rapaz con la que comparte parte de sus recursos alimentarios.

El fenómeno ha llegado a tener consecuencias importantes para la reproducción de esta ave. En 2018, los ataques del felino afectaron a casi la mitad de los nidos de milano negro observados en el área de estudio. Los resultados, publicados en la revista científica Nature, muestran cómo la falta de alimento puede desencadenar cambios que van mucho más allá de la supervivencia de una sola especie.

La investigación también revela que las consecuencias no terminan en los nidos afectados: los milanos pueden abandonar sus territorios y otras aves se benefician de su ausencia. Detrás de esta cadena de cambios hay una combinación de factores ambientales que ayuda a comprender hasta qué punto el equilibrio de un ecosistema depende de la disponibilidad de agua y alimento.

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El lince ibérico trepa a los árboles para alcanzar las crías del milano negro

El lince ibérico (Lynx pardinus) es un felino especializado en la caza del conejo, que constituye la mayor parte de su dieta. Aunque puede alimentarse de otras presas cuando escasean los lagomorfos, los investigadores han documentado en Doñana una conducta especialmente llamativa: la depredación de polluelos de milano negro (Milvus migrans).

Ambos animales han convivido durante décadas en este espacio natural, donde comparten el conejo como recurso alimentario. Sin embargo, la situación ha cambiado en los últimos años. Según la investigación publicada en Nature, los ataques a los nidos aumentaron de forma notable a partir de 2016.

Los datos históricos permiten apreciar la magnitud del cambio. Entre 1993 y 2012, los investigadores registraron únicamente 13 ataques en 904 nidos. En 2018, en cambio, la depredación llegó a afectar a casi la mitad de los polluelos de la población estudiada.

Para llegar hasta ellos, los linces pueden trepar por los troncos y alcanzar nidos situados a unos 12 metros de altura. No se trata, por tanto, de un encuentro fortuito entre dos especies, sino de un comportamiento que puede tener consecuencias directas sobre el éxito reproductivo de una rapaz.

Imagen: Junta de Andalucía / Europa Press

La escasez de conejos y la sequía están detrás del cambio

Para comprender por qué el lince ha empezado a atacar con tanta intensidad estos nidos, hay que fijarse en la disponibilidad de sus presas habituales. Una de las causas principales es el declive de los conejos, que sufrieron un importante descenso a partir de 2013 debido a la enfermedad hemorrágica vírica. Esta enfermedad ha afectado gravemente a sus poblaciones en distintos puntos de la península ibérica.

La pérdida de su principal recurso alimentario obliga al lince a buscar alternativas. En condiciones normales, puede recurrir a animales como patos, perdices o pequeños mamíferos. Sin embargo, la sequía también reduce la disponibilidad de algunas de estas presas, especialmente de las aves acuáticas que encuentran alimento en las marismas.

De esta forma, la disminución de los conejos coincide con periodos en los que otras fuentes de alimento son menos abundantes. El resultado es una mayor presión sobre las presas alternativas y un cambio en las interacciones entre especies que antes podían coexistir sin que se observaran ataques de esta magnitud.

La investigación apunta, además, a una posible explicación adicional: los linces atacaron con mayor frecuencia los nidos de milano negro situados bajo árboles donde había restos de conejos. Este patrón sugiere que, además de conseguir alimento, el felino podría estar reduciendo la presencia de un competidor por las mismas presas.

No obstante, esta interpretación debe entenderse como una posible motivación adicional, no como una intención consciente demostrada. Lo que sí muestran los datos es que la escasez de alimento y la sequía pueden modificar el comportamiento de los depredadores y alterar el equilibrio de todo un ecosistema.

Los milanos abandonan sus territorios y otra ave sale beneficiada

Los efectos de estos ataques no se limitan a las crías que mueren en los nidos. Los investigadores observaron que los milanos negros adultos cuyos nidos habían sido depredados tenían más probabilidades de abandonar su territorio y desplazarse a otras zonas.

Este comportamiento puede entenderse como una respuesta para evitar nuevos ataques. Sin embargo, también modifica la distribución de las aves dentro del parque y puede afectar a otras especies que comparten su hábitat.

Uno de los resultados más llamativos es el aumento de los mochuelos europeos, pequeñas aves nocturnas que se alimentan principalmente de insectos y que también pueden ser presas del milano negro. Al disminuir la presencia de esta rapaz en determinadas zonas, los mochuelos encuentran menos presión por parte de uno de sus depredadores.

Tal y como explica la Estación Biológica de Doñana del CSIC, el cambio de comportamiento de los linces, el desplazamiento de los milanos y la respuesta de los mochuelos muestran cómo una alteración inicial puede propagarse por distintos niveles de la cadena alimentaria.

Este fenómeno se conoce como efecto en cascada: cuando cambia la abundancia o el comportamiento de una especie, las consecuencias pueden extenderse a otras que mantienen relaciones de depredación o competencia con ella. Por eso, analizar únicamente la evolución de una población no siempre permite comprender lo que está ocurriendo en un ecosistema.

Recuperar los conejos y garantizar el agua, claves para el futuro de Doñana

El estudio pone de manifiesto que la conservación de los depredadores también depende de las condiciones ambientales que permiten mantener sus recursos alimentarios. En el caso de Doñana, los investigadores señalan dos prioridades: recuperar las poblaciones de conejo y garantizar un régimen de inundación adecuado en las marismas del Guadalquivir.

El conejo europeo es una especie clave en los ecosistemas mediterráneos, ya que sirve de alimento a numerosos depredadores. Su declive no solo perjudica al lince ibérico y al milano negro, sino que puede desencadenar cambios en las relaciones entre muchas otras especies.

Al mismo tiempo, mantener el agua en las marismas durante los periodos adecuados favorece la presencia de aves acuáticas, que constituyen una fuente alternativa de alimento para el lince cuando escasean los conejos. Si las sequías reducen también estas presas, las posibilidades de adaptación del felino se estrechan.

La investigación, publicada en Nature bajo el título Drought and disease trigger novel interactions among top predators, se apoya en el seguimiento de 1.624 nidos de milano negro entre 1993 y 2023. Este registro a largo plazo ha permitido detectar una interacción que habría sido difícil de identificar mediante observaciones puntuales.

El caso de Doñana demuestra que la sequía y las enfermedades pueden actuar conjuntamente y amplificar sus efectos sobre la fauna. También recuerda que conservar una especie no consiste únicamente en proteger a sus ejemplares, sino en mantener las condiciones ecológicas que hacen posible su supervivencia y la convivencia con el resto de los animales.

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