Sebastián Villasante, experto en sostenibilidad oceánica: “El pulpo y las sardinas son muy vulnerables al cambio climático y su distribución está cambiando”
El cambio climático está transformando los océanos y sus efectos ya se dejan notar en especies de gran importancia para la pesca. El pulpo y las sardinas son especialmente vulnerables al calentamiento del mar, una situación que está modificando las zonas en las que se encuentran y que plantea nuevos desafíos para el sector pesquero.
Así lo advierte Sebastián Villasante, investigador especializado en economía y sostenibilidad de los océanos, en una entrevista concedida al diario El Progreso. El científico señala que los cambios en la distribución de estas especies están teniendo repercusiones en la disponibilidad de los recursos marinos, especialmente relevantes para la economía pesquera de Galicia.
Villasante, profesor de Economía Aplicada en la Universidade de Santiago de Compostela (USC) e investigador del Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnoloxías Ambientais (CRETUS), cuenta con una trayectoria de más de 200 publicaciones científicas. Su trabajo se centra en comprender cómo evolucionan los océanos y qué consecuencias tienen sus transformaciones para las personas que dependen de ellos.
El pulpo y las sardinas, cada vez más afectados por el cambio climático
Uno de los aspectos más destacados de la entrevista es la transformación que están experimentando las zonas en las que se distribuyen determinadas especies marinas. Al ser preguntado por los efectos del cambio climático en la economía pesquera gallega, Villasante señala dos ejemplos especialmente relevantes: el pulpo y las sardinas.
“Está habiendo cambios muy importantes. En primer lugar, en la disponibilidad de especies. Por ejemplo, el caso del pulpo o de las sardinas. Son especies que son muy vulnerables a los efectos del cambio climático y su rango de distribución está cambiando cada vez más”, explica el investigador.
Estas declaraciones ponen el foco en una de las consecuencias del calentamiento global sobre los ecosistemas marinos: las condiciones ambientales están cambiando y, con ellas, también lo hacen las áreas en las que distintas especies pueden encontrar un entorno adecuado.
La temperatura del agua es uno de los factores que influyen en la distribución de la vida marina. Cuando las condiciones cambian, algunas especies pueden modificar su presencia en determinadas zonas, mientras que otras áreas pueden adquirir mayor importancia para su desarrollo.
No obstante, estos procesos no son iguales para todas las especies ni responden necesariamente a una única causa. Para comprender cómo evolucionan las poblaciones de pulpo y sardina es necesario analizar también otros factores ambientales y las características de cada ecosistema.
Galicia ya nota las consecuencias en su actividad pesquera
Los cambios en la distribución de las especies no son una cuestión exclusivamente ambiental. También tienen consecuencias económicas y sociales en los territorios cuya actividad depende de la pesca y de otros recursos marinos.
En Galicia, el pulpo y las sardinas forman parte de una actividad pesquera con un importante peso económico y cultural. Por eso, cualquier modificación en su disponibilidad puede afectar a las capturas y a las personas que trabajan en el sector.
Villasante advierte de que esta transformación no se limita a las costas gallegas. “Son especies muy importantes para la mayor parte de los recursos que capturamos, pero eso no solamente está pasando en Galicia, va a seguir pasando cada vez más”, afirma en la entrevista.
El investigador también llama la atención sobre los efectos del cambio climático en el marisqueo. Según explica, “el cambio climático está afectando seriamente a la productividad y a la abundancia que tenemos en las rías”.
Esta cuestión amplía el alcance del problema. Las alteraciones ambientales pueden repercutir en diferentes recursos marinos y comprometer la actividad de quienes dependen de ellos. Además, los efectos no tienen por qué manifestarse de la misma manera en todas las rías ni afectar por igual a todas las especies.
Por ello, conocer cómo evolucionan los ecosistemas y anticipar sus cambios resulta fundamental para mejorar la gestión de los recursos y favorecer la adaptación del sector pesquero.
El futuro de los océanos también depende de cómo se gestionan sus recursos
La entrevista también aborda la relación entre la investigación científica, las políticas pesqueras y la sostenibilidad. Para Villasante, comprender el funcionamiento de los océanos exige estudiar no solo las especies y sus hábitats, sino también la actividad económica que se desarrolla a su alrededor.
El investigador recuerda que su trabajo incluye analizar cómo las decisiones políticas afectan al sector pesquero y cómo se distribuyen los beneficios que generan los océanos. En este sentido, considera importante estudiar tanto los recursos que proporcionan alimentos como otros beneficios vinculados al turismo, la acuicultura y las actividades costeras.
Su labor se enmarca en una visión amplia de la sostenibilidad marina, que tiene en cuenta las dimensiones ambientales, económicas y sociales. El objetivo es comprender cómo pueden convivir las distintas actividades que dependen del mar sin comprometer su futuro.
En este contexto, el cambio climático añade un desafío más: las condiciones en las que se han desarrollado tradicionalmente determinadas actividades pueden dejar de ser las mismas. Si cambia la distribución de las especies, también será necesario adaptar la forma de gestionar y aprovechar los recursos.
La advertencia de Villasante apunta, por tanto, a una transformación que va más allá del pulpo y las sardinas. El calentamiento de los océanos está modificando los ecosistemas marinos y obliga a prestar atención tanto a sus consecuencias ecológicas como a su impacto sobre las comunidades pesqueras. Comprender estos cambios será esencial para afrontar los retos de la pesca y la sostenibilidad marina en los próximos años.
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