Germán Portillo, ambientólogo: “La normativa europea sobre gases refrigerantes ayuda al medio ambiente, pero supone un coste para los ciudadanos”
La Unión Europea ha endurecido la normativa sobre gases refrigerantes utilizados en frigoríficos y sistemas de aire acondicionado con el objetivo de reducir su impacto climático. Estas sustancias, aunque menos visibles que otras emisiones industriales, tienen un alto potencial de calentamiento global.
El ambientólogo Germán Portillo valora positivamente la medida desde el punto de vista medioambiental. Sin embargo, advierte de que la transición tecnológica tendrá un coste económico. Según explica, muchas de las adaptaciones necesarias acabarán repercutiendo en el consumidor final. Una transformación necesaria, pero no exenta de debate.
La Unión Europea endurece las normas sobre los gases refrigerantes: qué cambia exactamente
La Unión Europea continúa avanzando en su estrategia para reducir las emisiones contaminantes con nuevas restricciones a los gases refrigerantes utilizados en frigoríficos, equipos de aire acondicionado y otros sistemas de climatización. El objetivo es reducir progresivamente el uso de determinados gases fluorados, conocidos por su elevado potencial de calentamiento global, e impulsar alternativas más sostenibles.
Estas medidas afectan tanto a fabricantes como a instaladores y empresas de mantenimiento, que deberán adaptarse a nuevas exigencias técnicas y a refrigerantes alternativos. Aunque la finalidad es medioambiental, el debate sobre el impacto económico de esta transición sigue abierto.
“Ayuda al medio ambiente, pero tiene un coste”: la valoración de Germán Portillo
El ambientólogo Germán Portillo considera positiva cualquier iniciativa destinada a reducir el impacto ambiental de la actividad humana, aunque advierte de que estas transformaciones suelen tener consecuencias económicas que terminan llegando al consumidor.
"Todo lo que sea una ley que ayude a proteger el medioambiente es bienvenida", afirma. Sin embargo, añade que "las leyes de transición energética están afectando directamente más al consumidor, debido a que todas las limitaciones a las empresas se traducen en aumentos de costes que acabamos pagando los consumidores".
A su juicio, el principal reto consiste en encontrar un equilibrio entre la protección ambiental y la capacidad de adaptación de los distintos sectores económicos afectados por la normativa.
Por qué preocupan estos gases si no son la principal fuente de emisiones
Aunque los gases refrigerantes no generan el mismo volumen de emisiones que otros sectores, los expertos llevan años alertando de su capacidad para contribuir al calentamiento global cuando se producen fugas.
Portillo recuerda que "las emisiones de gases refrigerantes no son las más peligrosas si las comparamos con las que se emiten en el transporte y en la industria, que es donde realmente se debe hacer hincapié".
Sin embargo, también subraya que estos compuestos tienen una característica que los convierte en un problema relevante: "Estos gases refrigerantes tienen un potencial de calentamiento extremadamente alto, por lo que una fuga puede tener un impacto considerable".
Por este motivo, la Unión Europea considera prioritario limitar su uso y acelerar la implantación de alternativas con menor impacto climático.
El problema que pasa desapercibido: las fugas de los sistemas de refrigeración
Uno de los aspectos más importantes de la normativa es el refuerzo de los controles sobre instalaciones y equipos para evitar pérdidas accidentales de refrigerante.
Según explica Portillo, la reducción de fugas puede generar beneficios ambientales significativos. "La reducción de fugas, el control más estricto de las instalaciones y la sustitución progresiva de ciertos gases fluorados que se utilizan en frigoríficos y otros electrodomésticos pueden ayudar a disminuir emisiones que, aunque muchas veces pasan desapercibidas, tienen un efecto importante sobre el calentamiento global".
El especialista destaca además que la presencia masiva de sistemas de refrigeración hace que el impacto acumulado sea mayor de lo que muchas personas imaginan.
"Teniendo en cuenta que hoy día casi todas las personas cuentan con aire acondicionado, hay climatización en supermercados, centros comerciales, cámaras frigoríficas en industrias, etc., todo suma un impacto mayor", señala.
Los sustitutos de los gases fluorados que están ganando terreno
La transición impulsada por Bruselas está favoreciendo el desarrollo y la implantación de nuevos refrigerantes con menor potencial de calentamiento global.
Entre las opciones que más protagonismo están adquiriendo se encuentran los llamados refrigerantes naturales. "Cada vez tienen más protagonismo el CO₂, el propano o el amoníaco, especialmente en instalaciones industriales y comerciales", explica Portillo.
Junto a ellos, también están creciendo diferentes alternativas de bajo PCA (Potencial de Calentamiento Atmosférico), diseñadas para reducir el impacto climático de los sistemas de refrigeración y climatización.
El reto pendiente de la normativa europea
Aunque valora positivamente la dirección tomada por la Unión Europea, Portillo considera que todavía existen aspectos que deberían reforzarse para facilitar una transición más equilibrada.
"La normativa intenta avanzar hacia una dirección, pero existen bastantes problemas", afirma. Entre ellos menciona la necesidad de ayudar a los profesionales del sector a adaptarse a las nuevas exigencias.
"Muchos profesionales y pequeñas empresas necesitan formación y recursos para trabajar con nuevas tecnologías y refrigerantes alternativos", explica.
Asimismo, cree que debería intensificarse la vigilancia sobre los equipos más antiguos para minimizar el riesgo de fugas y mejorar la eficiencia de las instalaciones existentes.
¿Afectará esta normativa al precio de frigoríficos y aires acondicionados?
La pregunta que más preocupa a muchos consumidores es si estas medidas terminarán repercutiendo en el precio de los equipos de refrigeración y climatización.
Portillo considera que existe esa posibilidad si las empresas deben asumir importantes inversiones para adaptarse a los nuevos requisitos técnicos sin recibir apoyo suficiente.
"Las leyes deberían tener un margen o subvención o algún tipo de ayuda a las empresas para la adaptación a ese cambio", sostiene. De lo contrario, advierte, "casi todos los incrementos de costes relacionados con las nuevas tecnologías los acaba pagando el ciudadano".
Por ello, el ambientólogo defiende que las políticas medioambientales deben ir acompañadas de mecanismos que faciliten la transición tanto a las empresas como a los consumidores.
Una transición necesaria, pero con desafíos por resolver
La nueva normativa europea sobre gases refrigerantes busca reducir emisiones con un elevado potencial de calentamiento global y acelerar la adopción de tecnologías más sostenibles. Para Germán Portillo, se trata de una medida positiva desde el punto de vista ambiental, pero que también plantea retos económicos y de adaptación para el sector.
"Todo lo que sea una ley que ayude a proteger el medioambiente es bienvenida", resume. El desafío ahora será lograr que esa transición se produzca de forma eficaz sin trasladar todo el peso económico a ciudadanos y pequeñas empresas.
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