Guatemala logra reproducir un pez con 100 millones de años de historia y devuelve 1.000 crías a la naturaleza
Sobrevivió a transformaciones del planeta que acabaron con innumerables especies y conserva características que remiten a un linaje con más de 100 millones de años de historia evolutiva. Ahora, la machorra o pejelagarto (Atractosteus tropicus) protagoniza un experimento de conservación inédito en Guatemala: después de siete años de trabajo, especialistas consiguieron reproducirla bajo cuidado humano y llevar 1.000 pequeños ejemplares nacidos en el programa hasta la laguna Güiscoyol, en el departamento de Santa Rosa.
El proyecto está impulsado por el Centro de Conservación Marina (CCM), con acompañamiento técnico del Zoológico La Aurora. El trabajo no termina con la liberación: los investigadores seguirán a los peces para determinar cómo crecen, sobreviven y se adaptan al medio natural. Esa información podría utilizarse en futuros programas de repoblamiento.
El logro ofrece además una oportunidad poco habitual para estudiar una especie cuyo pasado evolutivo contrasta con las amenazas actuales de los ecosistemas acuáticos. Observar qué sucede tras su regreso al medio permitirá obtener información sobre su comportamiento y aportar nuevas herramientas para conservar las poblaciones que todavía sobreviven en la región.
Siete años hasta conseguir reproducir al pejelagarto y liberar 1.000 crías
La reproducción fue el resultado de un proceso mucho más largo que una temporada de cría. Durante siete años, el equipo trabajó para conseguir que estos peces completaran su ciclo reproductivo bajo cuidado humano.
El proyecto contempla el acondicionamiento de los reproductores, el seguimiento de los huevos, la crianza de los alevines y la evaluación de su crecimiento y supervivencia. También busca identificar lugares apropiados para devolver ejemplares a la naturaleza. La investigación se desarrolla mediante un protocolo científico del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP).
El primer gran resultado llegó en septiembre de 2026. Las crías nacieron bajo cuidado humano y posteriormente 1.000 alevines fueron trasladados a la laguna Güiscoyol, conectada con el sistema del Canal de Chiquimulilla.
No se eligió cualquier edad para hacerlo. Los peces tenían apenas tres o cuatro centímetros, una etapa que los investigadores consideran apropiada porque todavía no se habían acostumbrado completamente a recibir alimento de las personas. El veterinario Juan Pablo Gaitán explicó a Emisoras Unidas que así pueden aprender a cazar y desenvolverse en su hábitat.
El pejelagarto, un pez prehistórico que puede medir 1,40 metros y vivir hasta 20 años
El pejelagarto posee una apariencia difícil de confundir. Su cuerpo es alargado, presenta escamas resistentes y tiene un hocico prolongado provisto de dientes. Los ejemplares adultos pueden alcanzar alrededor de 1,40 metros, mientras que su esperanza de vida en condiciones naturales puede situarse entre los 16 y 20 años.
Pertenece a un grupo evolutivo muy antiguo, de ahí que sea presentado habitualmente como un “fósil viviente”. La expresión no significa que el pez actual sea idéntico a un animal que nadaba hace 100 millones de años, sino que su linaje conserva rasgos morfológicos muy antiguos.
Su distribución se extiende por zonas de México y Centroamérica, donde ocupa ríos, lagunas, humedales y otros ambientes de agua dulce. Como depredador, también interviene en las redes alimentarias de esos ecosistemas.
La situación de conservación requiere, además, una precisión. A escala global, la especie aparece clasificada como de “preocupación menor” en los datos de la Lista Roja de la UICN recogidos por FishBase. Sin embargo, en Guatemala figura en la categoría 3 del Listado de Especies Amenazadas, según la información divulgada sobre el programa.
El reto ahora es comprobar si los 1.000 pejelagartos sobreviven en libertad
La introducción de los alevines no garantiza por sí misma la recuperación de sus poblaciones. Precisamente por eso, una de las partes más importantes comienza ahora: comprobar cuántos sobreviven y cómo responden a las condiciones naturales de la laguna.
La pesca, la transformación de los ecosistemas acuáticos, la contaminación y las alteraciones en la disponibilidad de agua pueden ejercer presión sobre las poblaciones locales. El programa pretende obtener datos que permitan decidir si la reproducción bajo cuidado humano puede convertirse en una herramienta efectiva de conservación y repoblamiento.
La experiencia tiene además una dimensión local. El pejelagarto forma parte de los ecosistemas acuáticos guatemaltecos y posee importancia para la actividad pesquera, especialmente en el Canal de Chiquimulilla. Conocer mejor su reproducción podría ayudar a compatibilizar ese aprovechamiento con su conservación.
Después de siete años de ensayos, por tanto, el nacimiento de las primeras crías no representa el final del proyecto. Es el inicio de una prueba mucho más decisiva: saber si esos pequeños peces nacidos bajo supervisión humana pueden crecer, reproducirse y contribuir algún día a reforzar las poblaciones silvestres de uno de los linajes de peces más antiguos que todavía habitan las aguas de Mesoamérica.
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