Marruecos da una lección a España: así consigue refrescar las casas sin aire acondicionado desde hace siglos
Cada verano, cuando las olas de calor elevan los termómetros por encima de los 40 ºC en buena parte de España, resurgen todo tipo de trucos para intentar mantener la casa fresca sin disparar el consumo eléctrico. Uno de los más comentados en las últimas semanas propone colocar una toalla o una sábana de algodón húmeda frente a una ventana para refrescar el aire que entra en la vivienda. Aunque la idea pueda parecer novedosa, en realidad forma parte de una tradición mucho más antigua vinculada a la arquitectura del norte de África.
Lejos de ser un remedio milagroso, este método tiene una base física conocida como enfriamiento evaporativo, un fenómeno que durante siglos se aprovechó en Marruecos para hacer más confortables las viviendas antes de la llegada del aire acondicionado. Hoy, arquitectos e ingenieros vuelven a fijarse en estas soluciones tradicionales para diseñar edificios más sostenibles y mejor preparados frente al cambio climático.
El creciente interés por estas estrategias también responde a una cuestión energética. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), la climatización es uno de los principales consumos eléctricos de los hogares españoles, especialmente durante el verano, cuando las olas de calor disparan el uso del aire acondicionado.
Arquitectos e investigadores vuelven la mirada hacia soluciones pasivas capaces de reducir la temperatura interior sin apenas consumo energético, recuperando principios que la arquitectura tradicional del Mediterráneo y del norte de África lleva aplicando desde hace siglos.
Por qué colocar un paño húmedo junto a la ventana puede ayudar a refrescar la casa
La técnica consiste en humedecer una tela de algodón y colocarla cerca de una corriente de aire, normalmente junto a una ventana abierta. Cuando el agua comienza a evaporarse, absorbe parte del calor del ambiente, de modo que el aire que atraviesa la tela puede entrar ligeramente más fresco en la vivienda.
Este proceso, conocido como refrigeración evaporativa, está ampliamente estudiado en ingeniería climática y se utiliza desde hace décadas en sistemas de climatización de bajo consumo. Su eficacia, sin embargo, depende de varios factores. Funciona especialmente bien en ambientes secos, donde la evaporación es rápida, mientras que pierde gran parte de su capacidad cuando la humedad relativa es elevada.
Este recurso puede aportar una ligera sensación de frescor en determinadas circunstancias, pero nunca sustituye a un equipo de aire acondicionado. También conviene utilizarlo durante las primeras horas de la mañana o por la noche, cuando el aire exterior es más fresco y favorece el intercambio térmico.
En realidad, el valor de este truco reside en que resume de forma muy simplificada un principio que la arquitectura tradicional marroquí lleva aplicando desde hace siglos mediante soluciones mucho más complejas y eficaces.
La arquitectura tradicional marroquí que vuelve a inspirar soluciones contra el calor extremo
Las viviendas tradicionales de Marruecos, conocidas como riads, fueron concebidas para mantener una temperatura agradable incluso durante los meses más calurosos del año. En lugar de abrir grandes ventanales al exterior, organizan toda la vivienda alrededor de un patio central con vegetación y, con frecuencia, una fuente o un pequeño estanque.
La arquitecta Mavi Vera, especializada en arquitectura bioclimática, explica que estos edificios “dan la espalda a la calle y vuelcan toda la vida hacia un patio interior”. Según señala, esta disposición evita que el aire extremadamente caliente del exterior penetre directamente en la vivienda y permite generar un microclima mucho más confortable gracias a la combinación de sombra, agua y vegetación.
Vera recuerda además que estos patios no son un elemento decorativo, sino una auténtica estrategia climática desarrollada durante generaciones. Las plantas aportan humedad al ambiente mediante evapotranspiración, mientras que las fuentes favorecen el enfriamiento evaporativo y los altos muros protegen los espacios interiores de la radiación solar directa. El resultado es una temperatura varios grados inferior a la registrada en las calles durante las horas centrales del día.
A ello se suman otros elementos característicos de la arquitectura tradicional marroquí, como los gruesos muros de adobe o piedra, capaces de almacenar el frescor nocturno y retrasar la entrada del calor, las calles estrechas que permanecen en sombra durante buena parte del día y las pequeñas ventanas exteriores, que reducen la ganancia térmica.
Estas soluciones, desarrolladas mucho antes de la aparición de electricidad, demuestran que la adaptación al clima puede lograrse mediante el propio diseño del edificio. No es casualidad que muchas de ellas vuelvan a despertar el interés de arquitectos e investigadores en un contexto marcado por el aumento de las temperaturas y la necesidad de reducir el consumo energético.
Los patios andalusíes que ya combatían el calor siglos antes del aire acondicionado
Aunque solemos asociar este tipo de arquitectura a las medinas marroquíes, muchas de sus estrategias también forman parte del patrimonio español. Durante siglos, la arquitectura andalusí adaptó soluciones similares para combatir el calor en ciudades como Córdoba, Sevilla o Granada, donde los veranos podían resultar tan extremos como en buena parte del norte de África.
Los patios interiores, las galerías porticadas, los muros encalados, las calles estrechas y las fuentes no eran únicamente elementos ornamentales. Todos respondían a una misma lógica: reducir la radiación solar directa, favorecer la circulación natural del aire y crear pequeños microclimas capaces de rebajar varios grados la temperatura respecto al exterior.
Uno de los mejores ejemplos es la Alhambra de Granada, cuyos patios, albercas y jardines fueron diseñados para potenciar la evaporación del agua y generar espacios más frescos incluso durante los meses más calurosos del año. Del mismo modo, los célebres patios cordobeses, reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO, siguen demostrando cómo la vegetación, la sombra y el agua pueden mejorar el confort térmico sin necesidad de consumir energía.
Para Mavi Vera, este tipo de construcciones demuestra que la arquitectura tradicional comprendía mucho mejor el clima local que muchos edificios contemporáneos. La arquitecta sostiene que estas soluciones “no nacieron como un recurso estético, sino como una respuesta directa a las condiciones ambientales”, aprovechando los recursos naturales disponibles antes de que existieran los sistemas de climatización modernos.
La lección del “método marroquí” que hoy recuperan arquitectos y científicos para enfriar las ciudades
Muchas de estas estrategias están siendo recuperadas por arquitectos e investigadores que buscan reducir el consumo energético de los edificios y adaptarlos a un clima cada vez más cálido. Uno de los proyectos más ambiciosos desarrollados en España es Cartuja Qanat, en Sevilla. Inspirado en los antiguos sistemas de refrigeración del mundo islámico, este espacio experimental combina sombra, agua, vegetación, materiales de alta inercia térmica y refrigeración evaporativa para crear un microclima urbano capaz de aliviar el calor extremo.
Los resultados publicados en la revista científica Building and Environment muestran que el sistema logró reducir de forma significativa la temperatura percibida en el espacio público durante episodios de calor intenso, manteniendo condiciones de confort incluso cuando el termómetro exterior superaba ampliamente los 40 ºC. El proyecto demuestra que recuperar conocimientos tradicionales puede ser una herramienta eficaz para hacer frente a las olas de calor sin depender exclusivamente del aire acondicionado.
A esta línea de investigación también se suma el estudio Lab Patio 2.12, impulsado por la Universidad de Málaga, que estudia cómo los patios mediterráneos y los materiales cerámicos tradicionales pueden ayudar a enfriar las viviendas de forma pasiva. El objetivo es combinar el conocimiento heredado de la arquitectura vernácula con las tecnologías actuales para diseñar edificios más eficientes y resilientes frente al cambio climático.
El llamado “método marroquí” es en realidad reflejo de una forma de construir que durante siglos supo convivir con el calor utilizando únicamente los recursos que ofrecía la naturaleza. Más que copiar literalmente el truco de la toalla húmeda sobre una ventana, la verdadera lección consiste en comprender que la mejor climatización muchas veces depende del propio diseño de la vivienda.
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