Solo quedan 209 urogallos cantábricos: así lucha León por salvar a su ave más emblemática

 
Por Karina Cruz, Bióloga. 20 mayo 2026
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Solo quedan 209 urogallos cantábricos en España y más de la mitad sobreviven en los bosques de León. Aunque el último censo confirma una ligera recuperación, los expertos advierten de que la especie continúa en peligro crítico por la fragmentación del hábitat y la pérdida de diversidad genética. Mientras científicos, centros de cría y vecinos de Laciana intentan evitar su desaparición, el urogallo se ha convertido en el gran símbolo de la conservación de los bosques atlánticos de la Cordillera Cantábrica.

Esta ave, emparentada con el urogallo común europeo, depende de un ecosistema muy específico formado por hayedos, robledales y abedulares húmedos. La desaparición de estos bosques, junto al aislamiento de las poblaciones y la baja natalidad, amenaza el futuro de una de las especies más emblemáticas y singulares de la fauna leonesa.

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La población del urogallo sube por primera vez en años, pero la especie sigue al borde de la extinción

En 2024 el Grupo de Trabajo del urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus), coordinado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), estimó la presencia de 209 urogallos en la cordillera Cantábrica. Este censo, realizado mediante identificación genética de excrementos y modelos de captura‑recaptura, supone un incremento del 8 % respecto a los 191 ejemplares de 2019. Del total, el 56 % son machos y el 44 % hembras, y 67 % de la población se concentra en las comarcas leonesas de Alto Sil, Laciana y Omaña.

El seguimiento genético no invasivo se ha convertido en la herramienta principal para conocer la situación del ave. El Centro de Investigação em Biodiversidade e Recursos Genéticos (CIBIO) de Oporto y el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC‑CSIC) colaboran en la identificación genética de muestras y en el análisis estadístico, lo que permite estimar poblaciones sin capturar a los animales. No obstante, los especialistas subrayan que, aunque se ha detenido el declive, el urogallo continúa en una situación frágil debido a la baja densidad, la fragmentación del hábitat y las amenazas persistentes.

Imagen: J.L.Cereijido

El Valle de Laciana lleva dos décadas intentando salvar al urogallo

Ante el fuerte descenso de la población a principios de los años 2000 la Junta de Castilla y León impulsó la creación del Centro del Urogallo en Caboalles de Arriba (Valle de Laciana) para diversificar la economía local tras el cierre de las minas y sensibilizar a la población. Inaugurado en 2006, el centro celebra en 2026 sus dos décadas de actividad, consolidado como un espacio clave de educación ambiental y divulgación.

El Valle de Laciana, declarado Reserva de la Biosfera y parte de la Red Natura 2000, combina un paisaje de hayas, robles y abedules con extensiones de pastizales que ofrecen hábitats para el urogallo, el oso pardo y otros endemismos. Además de la divulgación, se organizan proyectos de voluntariado ambiental y eventos culturales que refuerzan el vínculo entre la comunidad y el entorno.

El urogallo, un símbolo vivo de los bosques de León

El urogallo cantábrico es un indicador de la salud de los bosques atlánticos. A diferencia de otras subespecies, no vive en pinares, sino en bosques caducifolios mixtos de haya (Fagus sylvatica), abedul (Betula pendula) y robles (Quercus petraea y Q. pyrenaica).

Estas masas ofrecen alimento y refugio: en invierno los urogallos se alimentan de brotes de arándano y hojas de brezo, y en primavera las hembras conducen a sus pollos a zonas con insectos abundantes. Cada primavera, los machos se reúnen en cantaderos, claros donde despliegan la cola y emiten una serie de golpes y siseos para atraer a las hembras.

La población actual conserva rasgos genéticos que la hacen singular. Sin embargo, su situación aislada ha provocado depresión endogámica y pérdida de diversidad, lo que podría desencadenar un vórtice de extinción. Un estudio de la Estación Biológica de Doñana indica que el número de huevos por nido se ha reducido de casi 10 en la década de 1950 a apenas 4 en la actualidad, y sugiere que un “rescate genético” mediante la introducción de aves de otras poblaciones podría ser necesario.

Sin embargo, esta propuesta ha generado debate porque la clasificación tradicional como subespecie única ha impedido considerar la mezcla con otras poblaciones.

Reconocer al urogallo como símbolo vivo del bosque leonés ayuda a poner en valor la importancia de conservar su hábitat y abordar los dilemas genéticos de forma coordinada.

Imagen: JUAN CARLOS MUÑOZ ROBREDO

Valsemana: así trabaja el centro de cría que busca salvar al urogallo cantábrico

Para reforzar las poblaciones silvestres, la Junta de Castilla y León creó el Centro de Cría en Cautividad de Valsemana. Este programa se ha consolidado como referente científico gracias a la colaboración con el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA CSIC) y universidades europeas.

En 2026 el centro cuenta con 40 hembras y 20 machos de procedencia cantábrica y pirenaica. Las investigaciones han demostrado que la inseminación artificial sincronizada con la oviposición aumenta la fertilidad respecto a las cópulas naturales y que el esperma puede almacenarse en las hembras hasta 21 días, lo que supone un avance para las técnicas de cría.

Los responsables del centro estudian cómo mejorar las tasas de supervivencia analizando el momento de la suelta, el control de depredadores y la adaptación al hábitat.

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