Ciervos y jabalíes dificultan la supervivencia de este árbol de Doñana, pero no son la única causa: los científicos han descubierto una paradoja ecológica

 
Por Irene Juste, Editora Sénior. 16 septiembre 2026

El piruétano (Pyrus bourgaeana) es uno de los árboles característicos de los ecosistemas mediterráneos de Doñana, pero sus poblaciones llevan años teniendo dificultades para regenerarse. Un estudio científico que ha seguido durante casi dos décadas su evolución ha puesto el foco en la presión que ejercen ciervos y jabalíes sobre las plantas jóvenes, aunque estos animales están lejos de explicar por sí solos lo que está ocurriendo.

La falta de agua y las sequías prolongadas también están comprometiendo la supervivencia de la especie. Los investigadores hablan así de una paradoja de conservación: incluso dentro de un espacio protegido, una especie puede seguir sometida a diferentes presiones ambientales que dificultan su supervivencia.

Casi 20 años de datos muestran que el árbol tiene problemas para regenerarse

La investigación, liderada por científicos de la Estación Biológica de Doñana del CSIC, analizó cinco poblaciones de piruétano situadas dentro y fuera del Parque Nacional. El equipo estudió durante casi 20 años diferentes fases de la vida de estos árboles, desde las plántulas hasta los ejemplares adultos, para conocer qué factores estaban detrás de su declive.

Los resultados muestran que la regeneración de la especie es especialmente complicada. La supervivencia de las plántulas durante sus primeros años es muy baja y la presión de los herbívoros aparece como uno de los factores que más dificulta que estos pequeños ejemplares lleguen a convertirse en árboles adultos.

La situación es especialmente llamativa en algunas zonas del parque. En Matasgordas, por ejemplo, más del 60 % de los ejemplares adultos murieron durante las dos décadas estudiadas y apenas se produjo incorporación de nuevos árboles a las fases reproductivas. La mortalidad coincidió además con un acusado descenso de las aguas subterráneas.

El estudio publicado en Biological Conservation concluye que la protección del territorio no está garantizando por sí sola la persistencia del piruétano. De ahí que sus autores hablen de una paradoja de conservación.

Imagen: Wikimedia Commons

La presión de ciervos y jabalíes dificulta la regeneración de este árbol

Los ungulados sí tienen un papel importante en este proceso. Ciervos y jabalíes pueden consumir frutos, semillas y vegetación, y su actividad puede afectar especialmente a las fases más vulnerables del piruétano.

La investigación encontró una mayor presión de herbivoría sobre los ejemplares jóvenes en algunas de las poblaciones situadas dentro del Parque Nacional. Esto puede dificultar que las plantas sobrevivan durante los primeros años, precisamente cuando todavía no han alcanzado el tamaño necesario para resistir mejor las condiciones ambientales.

Otro trabajo científico centrado en las poblaciones de piruétano de Doñana también encontró una relación entre la actividad de los ungulados y la distribución de estos árboles. Las poblaciones sometidas a una mayor actividad de herbívoros presentaban una menor densidad de árboles.

Pero este dato no significa que ciervos y jabalíes sean los responsables únicos del declive. El propio estudio señala que la herbivoría actúa junto a otros factores, entre ellos el deterioro de las aguas subterráneas y las sequías prolongadas.

Es una diferencia importante: los ungulados pueden dificultar la regeneración del piruétano sin ser, por sí solos, la explicación de su situación actual.

Una misma fauna puede ayudar al árbol y dificultar su regeneración

La relación entre el piruétano y los animales de Doñana es todavía más compleja. No todos los mamíferos que interactúan con sus frutos tienen el mismo efecto.

Investigaciones anteriores han mostrado que animales como el zorro y el tejón europeo pueden actuar como dispersores de sus semillas. Al consumir los frutos y desplazarse después por el territorio, contribuyen a transportar las semillas a otros lugares. Los ungulados, en cambio, pueden tener un efecto diferente sobre las semillas y las plántulas.

Esto demuestra por qué resulta difícil dividir el ecosistema entre animales beneficiosos y perjudiciales para una especie vegetal.

La supervivencia del piruétano depende de una red de interacciones en la que participan herbívoros, dispersores de semillas, vegetación, agua y condiciones climáticas. Un cambio en cualquiera de estos elementos puede modificar las posibilidades de regeneración del árbol.

La falta de agua agrava el problema

Además de la presión de los herbívoros, los investigadores identificaron otro factor fundamental: el agua.

El descenso de las aguas subterráneas aparece relacionado con una elevada mortalidad de los ejemplares adultos en algunas zonas estudiadas. Esto es especialmente relevante porque un árbol adulto puede sobrevivir durante años, pero necesita unas condiciones ambientales suficientes para mantenerse y producir nuevas generaciones.

A esta situación se suman las sequías prolongadas. Cuando la disponibilidad de agua disminuye, las plantas jóvenes tienen más dificultades para superar sus primeros años de vida y los árboles adultos pueden quedar sometidos a un mayor estrés hídrico.

Por tanto, reducir el problema a la presencia de ciervos y jabalíes dejaría fuera una parte fundamental de lo que está ocurriendo. El piruétano se encuentra en medio de un escenario en el que herbivoría, falta de agua y sequía actúan conjuntamente.

La paradoja de conservar un ecosistema complejo

El caso del piruétano muestra una de las dificultades de conservar espacios naturales tan complejos como Doñana. La protección de un territorio no significa que todas las especies que viven en él tengan automáticamente las condiciones necesarias para prosperar.

Los investigadores plantean la necesidad de abordar varios factores al mismo tiempo, desde la gestión sostenible de los recursos hídricos hasta la presión de los herbívoros y la recuperación de las interacciones ecológicas que permiten dispersar las semillas. Así lo recoge la Estación Biológica de Doñana del CSIC en su explicación de los resultados.

La situación también recuerda que la conservación no consiste necesariamente en actuar sobre una única especie o amenaza. En un ecosistema como Doñana, los animales, las plantas, el agua y el clima están conectados.

El piruétano es un buen ejemplo de ello. Ciervos y jabalíes pueden dificultar su regeneración, pero la ciencia señala que su futuro depende de un conjunto mucho más amplio de factores ambientales. La paradoja está precisamente ahí: un árbol puede encontrarse dentro de uno de los espacios naturales más protegidos de España y, aun así, seguir teniendo problemas para garantizar el relevo de sus propias poblaciones.

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