De extintos a vivos: las especies que protagonizaron los mayores redescubrimientos de la ciencia
Durante décadas, algunos animales fueron considerados oficialmente extinguidos. La ausencia de avistamientos durante años, e incluso durante más de un siglo, hizo pensar a los científicos que habían desaparecido para siempre. Sin embargo, expediciones en lugares remotos, descubrimientos completamente inesperados y los avances en genética terminaron demostrando que algunas de estas especies seguían vivas.
Desde un pez prehistórico que parecía haber desaparecido junto a los dinosaurios hasta tortugas gigantes, aves incapaces de volar o primates extremadamente raros, estos redescubrimientos han cambiado la forma en la que entendemos la biodiversidad y la extinción. Muchos de ellos ocurrieron cuando prácticamente nadie esperaba volver a encontrar un solo ejemplar.
Estos son algunos de los casos más sorprendentes de especies que se creían extintas y cuya reaparición dejó completamente desconcertada a la comunidad científica.
Celacanto, el pez que se creía extinguido desde la época de los dinosaurios apareció vivo
Durante décadas, el celacanto africano (Latimeria chalumnae) fue presentado como un pez desaparecido junto con los dinosaurios, porque el registro fósil sugería que el linaje había terminado hace unos 65 millones de años. Todo cambió en 1938, cuando apareció un ejemplar vivo en una captura frente a Sudáfrica.
El hallazgo desconcertó a la comunidad científica porque no era una especie parecida a los fósiles: era, en esencia, un celacanto real. El shock fue doble. Primero, porque seguía existiendo. Segundo, porque obligó a reescribir ideas sobre extinción, evolución y supervivencia en ambientes marinos profundos, remotos, todavía muy poco explorados por humanos.
La sorprendente reaparición del takahē cuando todos lo daban por extinguido
El takahē (Porphyrio hochstetteri), un ave grande y no voladora de Nueva Zelanda, fue dado por extinto después de que los últimos registros confiables quedaran atrás en el siglo XIX. Durante casi cincuenta años, parecía otro caso cerrado, pero en 1948 Geoffrey Orbell y su equipo encontraron una población viva en las remotas montañas Murchison, en Fiordland. La sorpresa fue enorme porque el ave no reapareció en zoológicos ni en colecciones, sino en su propio refugio natural, escondida a plena vista. Ese redescubrimiento no solo cambió su historia: también inició uno de los programas de conservación más emblemáticos del país.
Insecto palo de la isla Lord Howe
El insecto palo de la isla Lord Howe (Dryococelus australis) parecía perdido para siempre después de la llegada de ratas negras en 1918, que arrasaron su población original. Durante décadas se lo trató como extinto, pero la historia dio un giro insólito en 2001, cuando una expedición halló una población viva en Ball’s Pyramid, un islote rocoso y casi imposible.
El hallazgo ya era asombroso, pero quedaba una duda: aquellos insectos lucían distintos a los ejemplares históricos. Años después, los análisis genómicos confirmaron que sí eran la misma especie. La ciencia pasó de asumir una pérdida definitiva a planear su regreso.
La tortuga gigante de Fernandina reapareció más de un siglo después
La tortuga gigante de Fernandina (Chelonoidis phantasticus) era casi un fantasma científico: solo se conocía por un ejemplar recogido en 1906. Con tan poca evidencia y más de un siglo sin confirmaciones, muchos especialistas pensaban que la especie ya no existía.
Todo cambió en 2019, cuando se encontró una hembra viva de Chelonoidis phantasticus en la isla Fernandina. Aun así, hubo dudas, porque su caparazón no coincidía del todo con el histórico. El verdadero golpe llegó con la genética: la secuenciación genética demostró que ambos individuos pertenecían a la misma especie. No era una tortuga parecida, sino la prueba viva de una supervivencia inesperada.
Pecarí del Chaco: el mamífero que la ciencia solo conocía por fósiles y apareció vivo
El pecarí del Chaco o taguá (Catagonus wagneri) fue una sorpresa mayor porque, antes de verse vivo, la ciencia lo conocía solo por restos fósiles y subfósiles. En otras palabras, primero fue clasificado como una especie del pasado.
Esa idea cayó en los años setenta, cuando Ralph Wetzel encontró individuos vivos en el Chaco paraguayo y el caso llegó a la revista Science. El impacto fue enorme: un mamífero grande, ignorado por la zoología formal, había sobrevivido en un paisaje áspero y poco estudiado. Más que un simple redescubrimiento, fue una lección sobre cuánto puede ocultar un ecosistema aparentemente conocido.
El mono lanudo de cola amarilla reapareció después de casi 50 años desaparecido
El mono lanudo de cola amarilla del Perú (Lagothrix flavicauda) pasó décadas rodeado de incertidumbre. Había sido descrito a partir de pieles y, durante mucho tiempo, la ciencia solo contó con unos pocos ejemplares de museo.
Después de 1926 no hubo confirmaciones, y empezó a crecer la sospecha de que la especie se había extinguido. En 1974, una expedición demostró su supervivencia en bosques nublados peruanos. La evidencia fue contundente: un juvenil vivo mantenido como mascota, además de pieles y cráneos obtenidos localmente. El hallazgo devolvió al mapa uno de los primates más raros de América en plena ciencia moderna.
Musaraña de orejas pequeñas de Nelson
La musaraña de orejas pequeñas de Nelson (Cryptotis nelsoni) era casi invisible para la ciencia. Solo se conocía por una pequeña serie recolectada en 1894 en el volcán San Martín Tuxtla, México, y después desapareció del registro durante más de un siglo. Esa ausencia llevó incluso a pensar que podía haberse extinguido.
En 2003, un equipo de la Universidad Nacional Autónoma de México la redescubrió en la misma región montañosa donde había sido hallada por primera vez. El impacto no vino de una imagen espectacular, sino de algo más contundente: ejemplares nuevos, capturados y documentados 109 años después, que confirmaban su persistencia real allí.
Telestes turskyi, el pez que volvió a aparecer en un río europeo después de años desaparecido
El pez Telestes turskyi, un pequeño ciprínido de la cuenca adriática, parecía otro caso perdido por su distribución mínima y la falta prolongada de registros fiables. Durante años fue tratado como extinto. Sin embargo, en mayo de 2002 volvió a aparecer en el río Čikola, en Croacia.
La noticia sorprendió porque no se trataba de una población amplia y evidente, sino de una especie que había pasado inadvertida en un sistema acuático muy restringido y vulnerable a la extracción de agua, la sequía y la contaminación. Su redescubrimiento mostró que, incluso en Europa, todavía pueden sobrevivir especies dadas por desaparecidas.
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