Los 5 árboles que conviene plantar este otoño en el jardín: llenan de color el exterior y crecen fuertes
El otoño no solo cambia el color del jardín, también abre una ventana especialmente útil para plantar árboles. Cuando baja el calor y el suelo conserva humedad, las raíces pueden empezar a establecerse antes de que llegue el estrés del verano siguiente. La mejor época de plantación es entre octubre y abril y, además, los ejemplares en contenedores requieren menos riego si se plantan en otoño o invierno.
En España, donde las condiciones climáticas varían considerablemente de una región a otra, acertar con la especie y el lugar de plantación es clave. Estos cinco árboles aportan color, flores o frutos al jardín y, si se plantan correctamente desde el principio, pueden convertirse en protagonistas del exterior durante muchos años.
Arce japonés: colores intensos en otoño y cuidados sencillos
El arce japonés (Acer palmatum) es un árbol caducifolio de crecimiento lento a moderado, apreciado por su porte ligero y, sobre todo, por unas hojas que pueden pasar del verde o púrpura a tonos amarillos, bronce, naranja o rojo en otoño. Existen cultivares compactos y otros de porte llorón, una característica interesante para jardines con poco espacio, donde no es posible plantar ejemplares de gran tamaño.
Cuidados
Prefiere la sombra moteada y los suelos uniformemente húmedos, pero bien drenados. También necesita protección frente a los vientos secos, ya que el exceso de sol, viento o sequía puede quemar sus hojas.
En España, estas necesidades son especialmente importantes. En el norte húmedo y en zonas frescas resulta más sencillo mantener unas buenas condiciones, mientras que en áreas mediterráneas y del sur conviene situarlo al sol suave de la mañana o en semisombra durante la tarde.
El terreno debe mantenerse fresco, pero sin llegar a encharcarse. No conviene dejar que se seque por completo.
Después de plantarlo, una capa de acolchado alrededor de la base ayuda a conservar la humedad del suelo, aunque debe mantenerse separada del tronco.
Durante los primeros veranos, el riego regular es clave para favorecer un buen arraigo y ayudarle a superar los periodos de calor.
Ginkgo biloba: hojas doradas y un árbol que puede vivir siglos
El ginkgo (Ginkgo biloba) parece diseñado para el otoño: sus hojas en forma de abanico cambian del verde a un amarillo dorado luminoso antes de caer. Es un árbol caducifolio de crecimiento medio y gran longevidad que puede alcanzar dimensiones considerables. La extensión de la Universidad Estatal de Carolina del Norte señala alturas aproximadas de 15 a 24 metros, recomienda pleno sol y buen drenaje y destaca su tolerancia al calor, la sequía, la contaminación y las condiciones urbanas.
Cuidados
Por eso puede funcionar en muchos jardines españoles, siempre que haya espacio suficiente para su desarrollo. Un detalle importante al elegirlo es tener en cuenta que el ginkgo es una especie dioica: los ejemplares femeninos producen semillas rodeadas de una cubierta carnosa que, al madurar y caer al suelo, desprende un olor desagradable. Para un jardín doméstico, suele ser más práctico optar por un ejemplar masculino certificado o por una variedad de porte compacto. Después de plantarlo necesitará riegos regulares para favorecer el desarrollo de las raíces, pero una vez establecido se vuelve bastante autónomo.
Conviene evitar los terrenos que permanezcan encharcados y calcular desde el principio el tamaño que alcanzará de adulto. Lo recomendable es dejar suficiente distancia respecto a fachadas, muros y otros espacios estrechos.
Granado: flores, frutos y color con poco riego
El granado (Punica granatum) une tres efectos en una misma planta: flores intensas, frutos decorativos y comestibles y un follaje caducifolio que puede amarillear al final de la temporada. Es un arbusto grande o pequeño árbol, normalmente multiramificado, ligado a paisajes cálidos y secos. La Universidad Estatal de Carolina del Norte señala que se cultiva ampliamente en el ámbito mediterráneo, tolera distintos suelos si drenan bien, prefiere condiciones cálidas y áridas y soporta la sequía una vez establecido. Su fructificación llega en otoño.
Eso explica por qué es una elección lógica para buena parte de la España mediterránea.
Cuidados
Para favorecer la floración y la producción de frutos, conviene situarlo a pleno sol, con al menos seis horas de luz directa al día, y en un terreno bien drenado donde el agua no quede retenida.
Durante el primer año necesitará riegos de apoyo regulares para desarrollar bien las raíces. Después, pueden espaciarse y ajustarse a las temperaturas, las lluvias y las características del suelo.
Si se quiere darle porte de árbol, será necesario seleccionar los tallos principales y eliminar los chupones que broten desde la base.
En jardines pequeños también existen variedades de porte compacto, aunque algunas se cultivan principalmente por su valor ornamental y no por la producción de frutos.
Peral de flor: flores blancas y colores otoñales en un porte estrecho
El llamado peral de flor suele encontrarse en jardinería como Pyrus calleryana y, entre sus cultivares, Chanticleer destaca por su porte estrecho y cónico. Es un árbol caducifolio de hojas verdes y brillantes que suelen adquirir atractivos tonos en otoño. En primavera produce racimos de flores blancas y, después, pequeños frutos de color marrón.
Puede superar los 12 metros de altura, por lo que no es adecuado para cualquier rincón del jardín, aunque su crecimiento vertical facilita su integración en espacios donde una copa muy ancha resultaría problemática.
Cuidados
Para cultivarlo, la Royal Horticultural Society recomienda pleno sol y suelo fértil; admite arcilla, marga, arena o terrenos calizos siempre que la humedad no implique mal drenaje.
Conviene dejar suficiente espacio alrededor del ejemplar para que pueda desarrollarse sin interferir con construcciones u otros elementos del jardín. Durante los primeros años, necesitará riegos regulares mientras establece sus raíces.
También hay que tener en cuenta una cuestión ecológica. Pyrus calleryana está considerada una especie invasora en algunas zonas de Norteamérica, según la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Esta situación no debe trasladarse directamente a España, pero sí es recomendable evitar su propagación fuera de las zonas de cultivo y retirar las plántulas que puedan aparecer de forma espontánea.
Membrillero: frutos amarillos y aromáticos
El membrillero (Cydonia oblonga) es un árbol que ofrece interés en dos momentos del año: en primavera produce flores de tonos blancos o rosados y, en otoño, se llena de frutos amarillos, aromáticos y muy vistosos. Pertenece a la familia de las rosáceas y suele mantener un tamaño manejable, por lo que encaja bien en jardines donde, además de aportar valor ornamental, se busca obtener fruta.
La Royal Horticultural Society, en su guía de cultivo del membrillero, lo identifica como el árbol del membrillo; sus frutos aportan interés justo cuando otras especies empiezan a perder protagonismo.
Cuidados
Para cultivarlo en España, conviene elegir un emplazamiento soleado y un terreno capaz de evacuar bien el exceso de agua. El otoño ofrece temperaturas más suaves para su establecimiento, pero el cepellón debe mantenerse húmedo durante las primeras semanas.
Al colocarlo en el terreno, el cuello de la planta debe quedar al nivel del suelo. Después, conviene regar abundantemente y evitar suelos congelados o encharcados. Es recomendable mantener una zona despejada alrededor del tronco, sin césped, y aplicar una capa de acolchado que no llegue a tocar la corteza.
Una poda moderada permite eliminar ramas dañadas y mantener una copa bien aireada. No es necesario someterlo a podas intensas todos los años.
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