En 1929 llevaron esta pequeña ave a Hawái para combatir las plagas: casi un siglo después amenaza a las especies nativas
Una pequeña ave verde de apenas unos diez centímetros se ha convertido en uno de los ejemplos más reveladores de los riesgos que puede entrañar la introducción de especies para controlar plagas. En 1929, el anteojito japonés (Zosterops japonicus), también conocido como mejiro, fue llevado a Hawái deliberadamente con la intención de reducir las poblaciones de insectos perjudiciales para la agricultura.
El experimento, sin embargo, tomó un rumbo muy diferente. El ave originaria de Asia oriental se adaptó extraordinariamente bien a las islas, amplió su distribución y penetró incluso en bosques nativos. Actualmente es considerada el ave terrestre más abundante de Hawái, según información oficial del propio estado. Su éxito plantea un problema: comparte alimentos y espacios de alimentación con numerosas especies autóctonas, algunas de ellas ya amenazadas.
El ave que Hawái llevó en 1929 para combatir las plagas de insectos
El anteojito japonés es fácilmente reconocible por el anillo de plumas blancas que rodea sus ojos y contrasta con el plumaje verdoso. Su distribución natural comprende zonas de Asia oriental y su dieta resulta particularmente flexible: puede consumir insectos, néctar y otros recursos vegetales. Precisamente esa alimentación fue una de las razones que motivaron su introducción.
En 1929, el entonces Hawaii Board of Commissioners of Agriculture and Forestry introdujo ejemplares en Oahu. El organismo estaba interesado en emplear aves insectívoras como método de control de insectos perjudiciales. Posteriormente, se produjeron nuevas introducciones, algunas de ellas poco documentadas, hasta aproximadamente 1937.
El problema fue que el mejiro no permaneció limitado a los campos agrícolas ni concentró su actividad exclusivamente en las plagas que se pretendía combatir. Su capacidad para aprovechar diferentes alimentos y ambientes favoreció una enorme expansión.
Con el tiempo colonizó las principales islas hawaianas y se convirtió en una presencia habitual incluso en bosques donde viven aves que no existen en ningún otro lugar del planeta.
Cómo el anteojito japonés empezó a competir con las aves nativas
La principal amenaza no consiste necesariamente en ataques directos. El problema es mucho más discreto: la competencia por los alimentos.
Una investigación publicada en Ecological Monographs examinó las relaciones entre 14 especies de paseriformes utilizando 7.861 puntos de muestreo distribuidos en siete bosques nativos de Hawái, Maui y Kauai. Los científicos encontraron indicios compatibles con competencia directa entre el anteojito japonés y especies nativas como el ʻiʻiwi y el ʻelepaio.
El estudio encontró además que el 62% de las correlaciones entre el anteojito y las especies nativas consideradas potenciales competidoras principales eran negativas. Esto no significa que el invasor sea responsable por sí solo del declive de todas esas aves, pero sí señala su importante papel en las interacciones entre especies introducidas y autóctonas.
Su ventaja reside en buena medida en su versatilidad. Puede explotar diferentes recursos y alimentarse en numerosos sectores de la vegetación, superponiendo su nicho con el de varias especies nativas.
Las aves nativas empezaron a ser más pequeñas
Una de las evidencias más llamativas apareció en una investigación publicada en 2009 en la revista científica Current Biology.
Los investigadores analizaron durante años aves del Hakalau Forest National Wildlife Refuge, en la isla de Hawái. El trabajo documentó que el anteojito japonés compartía diferentes recursos alimenticios con ocho especies nativas. A partir del año 2000, coincidiendo con un fuerte incremento de su población, los científicos observaron cambios preocupantes.
Los ejemplares juveniles de todas las especies nativas estudiadas presentaban picos y tarsos más cortos, mientras que la mayoría mostraba también menor masa corporal respecto al periodo anterior. En varias especies, una menor masa estaba relacionada con una reducción de la supervivencia juvenil.
En una zona cercana donde había menos anteojitos japoneses, en cambio, las aves mantenían tamaños normales.
El caso más delicado señalado por aquella investigación fue el del ʻakepa de Hawái (Loxops coccineus), especie amenazada cuya población estudiada había sido considerada viable entre 1987 y 1999, pero pasó a ser no viable entre 2000 y 2006 coincidiendo con el fuerte aumento del invasor. Los autores señalaron la competencia por los alimentos como un factor que requería una gestión intensiva.
Las aves de Hawái ya afrontaban otras amenazas
El problema debe entenderse dentro de un contexto mucho mayor. Las aves endémicas hawaianas afrontan simultáneamente distintas presiones, por lo que no puede atribuirse su declive exclusivamente al anteojito japonés.
La pérdida y transformación del hábitat, las especies introducidas y las enfermedades aviares constituyen amenazas importantes. Algunas aves hawaianas son especialmente vulnerables a la malaria aviar, mientras que el anteojito japonés presenta una elevada resistencia frente a esta enfermedad y a la viruela aviar.
Las islas son particularmente sensibles a las invasiones biológicas porque muchas de sus especies evolucionaron durante miles o millones de años aisladas de los competidores, depredadores y patógenos presentes en los continentes.
Por eso, Hawái ofrece numerosos ejemplos históricos de introducciones que produjeron efectos imprevistos. Antes del anteojito japonés, en el siglo XIX se habían introducido animales como la mangosta y el miná común para combatir diferentes plagas, con consecuencias ecológicas que posteriormente generaron preocupación.
Casi un siglo después, el anteojito japonés sigue expandido por Hawái
El caso del anteojito japonés no significa que todo control biológico sea perjudicial. Actualmente, la liberación de organismos destinados a combatir plagas está sometida a evaluaciones mucho más rigurosas que las realizadas durante aquellas primeras experiencias.
Lo ocurrido en Hawái muestra, sin embargo, por qué esas precauciones son necesarias. Una especie introducida para resolver un problema concreto puede reproducirse, extenderse fuera del lugar previsto y establecer relaciones ecológicas imposibles de anticipar completamente.
Casi un siglo después de aquella liberación de 1929, el pequeño mejiro no solo continúa en Hawái: se ha convertido en una de las aves más abundantes del archipiélago. Una solución concebida para combatir insectos terminó añadiendo una nueva presión sobre algunos de los ecosistemas insulares más singulares y vulnerables del planeta.
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