Ecosistemas

Excavó un pequeño estanque en el jardín para un proyecto escolar y 9 años después se ha convertido en un ecosistema lleno de vida

 
Alejandro Lingenti
Por Alejandro Lingenti. 7 octubre 2026
Excavó un pequeño estanque en el jardín para un proyecto escolar y 9 años después se ha convertido en un ecosistema lleno de vida
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En 2017, el jardín de una familia del valle de Shenandoah, en Virginia (Estados Unidos), era fundamentalmente una extensión de césped donde apenas destacaba el sonido de los grillos. Ese otoño, Maggie Johnson, que entonces tenía 14 años, decidió excavar allí un pequeño estanque como proyecto para una clase de agricultura de su instituto.

Lo que sucedió después ofrece un ejemplo a pequeña escala de un proceso bien conocido por los ecólogos: cuando aparece un nuevo hábitat acuático y existen poblaciones animales y vegetales en los alrededores capaces de alcanzarlo, la colonización puede comenzar sorprendentemente rápido.

Nueve años más tarde, aquel agujero excavado a mano es un ecosistema con anfibios, insectos y plantas acuáticas que además proporciona agua y alimento a aves y mamíferos.

El pequeño agujero que empezó a llenarse de vida en pocas semanas

La historia fue documentada en 2026 por el fotógrafo de conservación Steven David Johnson, padre de Maggie, en la National Wildlife Federation. Maggie delimitó un círculo de unos 12 pies (aproximadamente 3,7 metros) de diámetro y comenzó a excavar a mano. Tras investigar previamente cómo construirlo, consiguió que en la primavera de 2018 estuviera lleno de agua.

La familia acondicionó después las orillas con piedras, tierra y vegetación. Pero la fauna se adelantó. “Solo unas semanas después de que se llenara el estanque, llegaron los primeros sapos americanos”, recuerda Maggie en el artículo.

Con los años aparecieron más anfibios. En una publicación anterior de la propia organización, Johnson explicaba que, además de aquellos primeros sapos, habían llegado otras seis especies de ranas, junto con libélulas y escarabajos acuáticos. Las aves utilizan el agua para bañarse y los ciervos se acercan a beber.

El proceso no es una anomalía ecológica. Una investigación publicada en Basic and Applied Ecology sobre la biodiversidad de los estanques de jardín concluyó que estos pequeños ambientes pueden contribuir al conjunto regional de especies y actuar como piezas de una red de hábitats acuáticos, especialmente allí donde el desarrollo urbano ha eliminado otros puntos de agua.

Excavó un pequeño estanque en el jardín para un proyecto escolar y 9 años después se ha convertido en un ecosistema lleno de vida - El pequeño agujero que empezó a llenarse de vida en pocas semanas

Los sapos no tardaron en encontrar el nuevo estanque

Entre los protagonistas del estanque está el sapo americano (Anaxyrus americanus), una especie ampliamente distribuida por el este de Norteamérica y particularmente bien adaptada a aprovechar pequeños cuerpos de agua.

Los adultos pasan gran parte de su existencia en tierra, pero necesitan agua dulce para reproducirse. Según la Mountain Lake Biological Station de la Universidad de Virginia, pueden vivir en bosques, campos, jardines y terrenos agrícolas siempre que dispongan de una masa de agua semipermanente adecuada para sus renacuajos.

Su desarrollo ayuda a explicar por qué el nuevo estanque fue colonizado con tanta rapidez. Durante la reproducción, las hembras depositan miles de huevos en largos cordones gelatinosos. Estos pueden eclosionar en apenas 3 a 12 días. Los renacuajos se alimentan y crecen en el agua durante aproximadamente 40 a 70 días, hasta completar la metamorfosis.

Durante ese proceso desarrollan primero las patas traseras y posteriormente las delanteras, pierden las branquias y finalmente reabsorben la cola. Después abandonan progresivamente el agua y adoptan la vida principalmente terrestre. La Virginia Herpetological Society señala precisamente los estanques pequeños, someros y sin peces entre sus hábitats larvarios apropiados.

En Maggie's Pond también se escuchan ahora ranas arbóreas grises y ranas verdes, una señal de que la comunidad de ranas y otros anfibios se ha diversificado desde aquellos primeros sapos.

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Por qué un pequeño estanque puede convertirse en un refugio para muchas especies

El tamaño no es necesariamente el factor decisivo. La vegetación, la profundidad, la calidad del agua, la ausencia de contaminantes y la conexión con espacios verdes circundantes pueden determinar qué organismos consiguen establecerse.

Un estudio de 2025 basado en más de 800 estanques domésticos encontró que su edad, superficie y, especialmente, la vegetación acuática y de las orillas estaban relacionadas con la presencia de anfibios, odonatos —el grupo que incluye libélulas y caballitos del diablo— y aves. La investigación también encontró un efecto negativo de los alguicidas sobre la presencia de anfibios.

La familia Johnson siguió, sin proponérselo inicialmente como experimento científico, varios de esos principios. Alrededor del agua incorporó especies vegetales autóctonas como Cephalanthus occidentalis y Pontederia cordata, además de plantas atractivas para los polinizadores. Posteriormente añadió nenúfares blancos, cuyas hojas, tallos y raíces proporcionan refugio y superficies aprovechables por anfibios y macroinvertebrados.

Los estudios respaldan la importancia de estos refugios. Una investigación realizada sobre 240 estanques urbanos y 782 no urbanos del Reino Unido encontró cifras comparables de especies y familias de macroinvertebrados entre ambos grupos, lo que demuestra que incluso los estanques situados en ambientes transformados pueden conservar una diversidad considerable.

Un trabajo publicado en 2026 en Diversity and Distributions aporta otro matiz: tras estudiar durante varios años anfibios, macroinvertebrados y microorganismos de 32 estanques estadounidenses, los investigadores comprobaron que la urbanización modificaba la composición de las comunidades, pero no provocaba necesariamente una reducción general de su riqueza.

Maggie's Pond no demuestra por sí solo que cualquier agujero lleno de agua vaya a transformarse en un refugio de biodiversidad. Sí ilustra un mecanismo ecológico bien establecido: crear agua, estructura vegetal y refugios abre un espacio que distintas especies pueden colonizar. Nueve años después de aquella tarea escolar, donde había fundamentalmente césped existe una pequeña red trófica. Y esa transformación comenzó con una adolescente, una pala y menos de cuatro metros de jardín.

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