La frase que desmonta uno de los mitos más repetidos sobre el aire acondicionado: “El problema no es dejarlo encendido toda la noche, sino cómo lo utilizas”

 
Por Irene Juste, Editora Sénior. 1 julio 2026

Con la llegada del verano y las noches tropicales, dormir sin aire acondicionado se convierte en una misión casi imposible para muchas personas. Cuando el termómetro apenas baja de los 25 grados durante la madrugada, mantener una temperatura agradable en el dormitorio parece la única forma de descansar. Sin embargo, alrededor del uso del aire acondicionado siguen existiendo numerosos mitos que llevan a muchas familias a gastar más electricidad de la necesaria.

Uno de los más extendidos es pensar que cuanto más frío esté el dormitorio, mejor se duerme. Sin embargo, los expertos coinciden en que el verdadero problema no es dejar el aire acondicionado funcionando durante toda la noche, sino hacerlo con una configuración poco eficiente. Ajustar una temperatura demasiado baja puede incrementar el consumo eléctrico sin aportar un mayor confort e incluso afectar a la calidad del descanso.

No se trata solo de una cuestión de ahorro. El médico especialista en Medicina del Sueño Javier Albares explica que el organismo necesita reducir ligeramente su temperatura corporal para iniciar el sueño. "Las altas temperaturas afectan nuestro descanso porque el cuerpo necesita bajar su temperatura para iniciar el sueño. Si no lo consigues, te cuesta dormir, te despiertas más y el descanso no es reparador", señala. Por ello, recomienda mantener el dormitorio entre los 24 y los 26 grados, una temperatura suficiente para favorecer un descanso de calidad sin obligar al aparato a trabajar más de lo necesario.

El mito sobre el aire acondicionado que muchos siguen creyendo

Una de las creencias más repetidas cada verano es que poner el aire acondicionado a 20 o 21 grados ayuda a dormir mejor. Aunque la sensación inicial sea de mayor frescor, los especialistas explican que bajar tanto la temperatura no mejora necesariamente el descanso y sí aumenta el esfuerzo que debe realizar el equipo para enfriar la estancia.

Cada grado que se reduce por debajo de la temperatura recomendada obliga al aparato a consumir más energía para mantener ese nivel de refrigeración durante toda la noche. Esto se traduce en una factura eléctrica más elevada a final de mes, especialmente cuando el aire acondicionado permanece encendido durante varias horas de forma continuada.

En este sentido, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recuerda que reducir excesivamente la temperatura no hace que la vivienda se enfríe antes. El aparato seguirá funcionando hasta alcanzar el valor programado y consumirá más electricidad cuanto mayor sea el esfuerzo necesario para lograrlo. La organización estima que cada grado adicional de refrigeración puede incrementar el consumo energético alrededor de un 7 %, por lo que recomienda mantener el aire acondicionado en torno a los 24 o 25 grados siempre que sea posible.

Además del gasto económico, una habitación excesivamente fría puede provocar molestias como sequedad en la garganta, sensación de congestión nasal o despertares durante la madrugada, por lo que mantener una temperatura moderada suele ser la opción más recomendable tanto para el confort como para la eficiencia.

El error que puede disparar el consumo eléctrico durante la noche

Cuando se habla del consumo del aire acondicionado, muchas personas piensan que el mayor error es dejarlo encendido mientras duermen. Sin embargo, el problema suele estar en la forma de utilizarlo.

Mantener el termostato en temperaturas muy bajas durante toda la noche obliga al aparato a trabajar continuamente para compensar el calor que entra desde el exterior. En cambio, utilizar funciones como el modo noche o programar un temporizador permite reducir progresivamente la potencia cuando el cuerpo ya ha alcanzado una temperatura confortable.

Otro debate habitual es si conviene apagar el aire acondicionado una vez que la habitación se ha enfriado o dejarlo funcionando. Sobre esta cuestión se ha pronunciado recientemente el electricista y divulgador Carlos Llull, quien explica en su vídeo que en los equipos con tecnología inverter apagar y volver a encender constantemente el aparato no siempre supone un ahorro. Según indica, las paredes, el techo y los muebles continúan acumulando calor, por lo que cuando el equipo vuelve a ponerse en marcha debe realizar un mayor esfuerzo para recuperar la temperatura programada. Por ello, en determinadas situaciones resulta más eficiente mantener una temperatura estable que obligar al aparato a enfriar la estancia desde cero una y otra vez.

Esto no significa que el aire acondicionado deba permanecer funcionando a máxima potencia durante toda la noche, sino que conviene aprovechar las funciones inteligentes que incorporan la mayoría de los equipos modernos para adaptar automáticamente el funcionamiento del aparato a las necesidades reales de cada momento.

Cómo dormir fresco sin gastar más de lo necesario

Dormir bien durante las noches más calurosas del verano y mantener controlada la factura de la luz es posible si se adoptan algunos hábitos sencillos.

Los expertos recomiendan enfriar la habitación antes de acostarse y mantener posteriormente el aire acondicionado entre los 24 y los 26 grados. Esta temperatura suele ofrecer un equilibrio adecuado entre confort térmico y consumo energético, evitando que el aparato tenga que trabajar constantemente para alcanzar valores demasiado bajos.

Siempre que el equipo lo permita, también resulta recomendable activar el modo noche, ya que reduce progresivamente la intensidad de funcionamiento conforme avanza la madrugada. Otra opción es utilizar un temporizador para que el aire acondicionado se apague automáticamente cuando la habitación ya haya alcanzado una temperatura agradable.

La OCU también aconseja realizar un mantenimiento periódico del aparato, especialmente limpiando los filtros, ya que un equipo en buen estado funciona con mayor eficiencia y consume menos electricidad. Del mismo modo, recomienda cerrar persianas y cortinas durante las horas de mayor insolación para impedir que la vivienda acumule calor, ventilar la casa durante las primeras horas de la mañana o al anochecer cuando la temperatura exterior desciende y evitar que el flujo de aire frío incida directamente sobre la cama.

En otras palabras, dormir con el aire acondicionado encendido no es el verdadero problema. La diferencia está en la temperatura elegida y en aprovechar las funciones de ahorro del equipo. Un pequeño cambio en la configuración puede traducirse en un mejor descanso y en una factura eléctrica mucho más contenida durante todo el verano.

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