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Qué es la Gran Muralla Verde: el muro de árboles de 8.000 kilómetros con el que África quiere frenar el desierto del Sahara

 
Alejandro Lingenti
Por Alejandro Lingenti. 9 julio 2026
Qué es la Gran Muralla Verde: el muro de árboles de 8.000 kilómetros con el que África quiere frenar el desierto del Sahara
Imagen: ONU
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La desertificación en África avanza a una velocidad alarmante. En el Sahel, la enorme franja semiárida que separa el desierto del Sahara de las sabanas del sur, el aumento de las temperaturas, las sequías extremas y la degradación del suelo están transformando paisajes fértiles en territorios cada vez más hostiles para la vida humana. Frente a esa amenaza, once países africanos decidieron impulsar una de las iniciativas ambientales más ambiciosas del planeta: la Gran Muralla Verde.

El proyecto, coordinado por la Unión Africana, busca crear un gigantesco corredor ecológico de unos 8.000 kilómetros de longitud que atraviese el continente desde Senegal hasta Yibuti. Aunque su objetivo inicial era plantar millones de árboles para frenar el avance del desierto del Sáhara, con el paso de los años la Gran Muralla Verde ha evolucionado hacia una estrategia mucho más amplia basada en la restauración de ecosistemas, la agricultura sostenible y la recuperación de comunidades afectadas por el cambio climático.

La iniciativa comenzó a tomar forma en 2005 y fue lanzada oficialmente en 2007. Participan países como Senegal, Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudán, Eritrea, Etiopía y Yibuti. En conjunto, la iniciativa pretende restaurar 100 millones de hectáreas degradadas antes de 2030, capturar hasta 250 millones de toneladas de carbono y generar unos 10 millones de empleos verdes en una de las regiones más vulnerables del planeta.

La solución para frenar la desertificación no consiste solo en plantar árboles

El Sahara no deja de expandirse. Diversos estudios climáticos muestran que el Sahel se está calentando más rápido que el promedio global, mientras las lluvias son cada vez más irregulares. La pérdida de vegetación acelera la erosión del suelo, disminuye la retención de agua y reduce la productividad agrícola. Para millones de personas que dependen de la agricultura y la ganadería, esta situación se traduce en hambre, migraciones forzadas y conflictos por recursos básicos.

El avance de la desertificación podría empujar a cientos de millones de personas a desplazarse antes de mediados de siglo si no se toman medidas de adaptación climática. La Gran Muralla Verde intenta responder precisamente a ese escenario. Pero no se trata únicamente de plantar árboles. En muchos lugares se están recuperando técnicas agrícolas tradicionales, restaurando vegetación autóctona y protegiendo brotes naturales ya existentes.

En países como Etiopía, por ejemplo, buena parte del éxito del proyecto ha consistido en permitir que especies locales vuelvan a crecer mediante podas y protección del suelo, en lugar de depender exclusivamente de nuevas plantaciones.

Qué es la Gran Muralla Verde: el muro de árboles de 8.000 kilómetros con el que África quiere frenar el desierto del Sahara - La solución para frenar la desertificación no consiste solo en plantar árboles
Imagen: Reuters Connect

Senegal y Etiopía, dos ejemplos emblemáticos del proyecto

Senegal ya logró plantar millones de árboles resistentes a la sequía, especialmente acacias, una especie fundamental para fijar nitrógeno en suelos pobres y mejorar la fertilidad. En algunas zonas del norte senegalés, donde antes predominaba el terreno árido, comenzaron a reaparecer cultivos y pasturas.

Etiopía, por su parte, restauró millones de hectáreas utilizando sistemas de regeneración natural gestionada por agricultores locales. Los especialistas consideran que esta estrategia puede ser más eficaz y sostenible que las reforestaciones masivas tradicionales, porque utiliza especies ya adaptadas al ecosistema.

Además de capturar carbono y recuperar biodiversidad, estas intervenciones ayudan a reducir tormentas de polvo, estabilizar temperaturas locales y mejorar la infiltración de agua en el suelo. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sostiene que la restauración de ecosistemas degradados será una herramienta clave para enfrentar el cambio climático en regiones áridas.

Dificultades ante la financiación insuficiente y los conflictos armados

Aunque la iniciativa se convirtió en un símbolo global de restauración ambiental, el proyecto enfrenta enormes dificultades. La financiación sigue siendo insuficiente y muchos países del Sahel atraviesan crisis políticas, golpes de Estado o conflictos armados que dificultan las tareas de restauración.

En varias regiones, millones de árboles plantados durante los primeros años murieron por falta de agua y mantenimiento. Eso obligó a replantear estrategias y priorizar especies locales mucho más resistentes a las condiciones extremas.

Los informes más recientes indican que todavía se completó una porción relativamente pequeña de los objetivos previstos para 2030. Por eso algunos expertos creen que los plazos deberán extenderse al menos hasta 2035. Aun así, numerosos científicos consideran que el proyecto sigue siendo una referencia mundial porque combina restauración ecológica, seguridad alimentaria y adaptación climática a gran escala.

La iniciativa que inspira la lucha de otros países contra la desertificación

La estrategia africana también comenzó a inspirar iniciativas similares en otras partes del mundo. China, por ejemplo, impulsa desde hace décadas su propia “Gran Muralla Verde” para contener el avance del desierto de Gobi. En los últimos años incluso incorporó nuevas tecnologías para estabilizar dunas y proteger áreas agrícolas.

Sin embargo, la experiencia africana posee un componente humano y social especialmente fuerte. La restauración del paisaje no apunta únicamente a mejorar indicadores ambientales: también busca evitar que millones de personas pierdan sus medios de vida en una región donde el cambio climático ya dejó de ser una amenaza futura para convertirse en una realidad cotidiana.

La Gran Muralla Verde se transformó así en una de las mayores apuestas ambientales del siglo XXI. Un proyecto gigantesco, atravesado por dificultades económicas y políticas, pero que al mismo tiempo refleja cómo la restauración ecológica puede convertirse en una herramienta clave para enfrentar la crisis climática global.

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Imagen: INFOCONGO

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