Compraron 47 hectáreas en Maryland para cazar y 20 años después las habían convertido en un refugio para la fauna con árboles, flores y humedales

 
Por Alejandro Lingenti. 30 septiembre 2026
Imagen: Eastern Shore Land Conservancy

Cuando Louise y John Durocher compraron una extensa propiedad rural en el condado de Kent, en Maryland (Estados Unidos), su propósito inicial era bastante diferente del que acabaría definiendo el futuro del terreno. La finca, de 116 acres (unas 47 hectáreas), iba a utilizarse principalmente para la caza.

Con el paso del tiempo, sin embargo, la relación de la familia con aquel paisaje cambió. Hace aproximadamente 20 años dejaron de cultivar parte de los terrenos y comenzaron un proceso progresivo de recuperación de la vegetación. Plantaron gramíneas autóctonas, flores silvestres, arbustos y miles de árboles.

Hoy, Tavern Creek Farm se ha convertido en un mosaico de praderas, bosques y humedales que proporciona alimento y refugio a numerosas especies. Y la familia ha dado un paso adicional: ha protegido legalmente las 47 hectáreas para impedir que ese trabajo pueda desaparecer en el futuro.

De terreno de caza a refugio para la fauna

La transformación no consistió simplemente en abandonar los cultivos. Los Durocher fueron sustituyendo parte del paisaje agrícola por diferentes ambientes naturales y plantando especies como abedul de río (Betula nigra), tulípero de Virginia (Liriodendron tulipifera), sicómoro americano (Platanus occidentalis), roble blanco (Quercus alba), pino taeda (Pinus taeda), nogal negro (Juglans nigra) y asimina (Asimina triloba).

Louise Durocher recuerda especialmente el primer año en que plantaron flores silvestres: las coreopsis llegaron a cubrir de amarillo alrededor de cinco acres, unas dos hectáreas.

El resultado actual es mucho más complejo que una parcela dominada por un único cultivo. Según la Eastern Shore Land Conservancy (ESLC), la finca cuenta con 9,7 hectáreas de bosque, 10,5 hectáreas de humedales y más de 7,3 hectáreas de cubierta destinada a conservación.

Las praderas están además comunicadas con los bosques mediante largos setos. Esa variedad permite encontrar actualmente castores, nutrias, zarigüeyas, ratas almizcleras y numerosas aves residentes y migratorias.

Imagen: Eastern Shore Land Conservancy

Los beneficios de devolver la vegetación autóctona a los campos

La experiencia de Tavern Creek Farm encaja con algo que diferentes investigaciones han observado en paisajes agrícolas: no hace falta necesariamente convertir toda una explotación en naturaleza salvaje para conseguir mejoras importantes.

Un experimento realizado en terrenos agrícolas de Iowa, por ejemplo, comprobó que dedicar alrededor del 10% de parcelas de maíz y soja a franjas de vegetación de pradera autóctona aumentaba la riqueza de insectos y aves y reducía considerablemente la escorrentía de agua y la pérdida de suelo.

La explicación está en las funciones que desempeña esa vegetación. Las flores aportan alimento a los polinizadores; los setos sirven de refugio y corredores para diferentes animales; las raíces contribuyen a sujetar el suelo; y las franjas vegetadas pueden interceptar parte del agua y los sedimentos que abandonarían los campos.

En Tavern Creek esta cuestión resulta especialmente importante por su proximidad al agua. Más de 31 acres de la propiedad llevan más de una década incluidos en prácticas de conservación vinculadas al programa agrícola federal estadounidense. Los bosques y humedales contribuyen a proteger Tavern Creek y, finalmente, la bahía de Chesapeake, una de las mayores zonas estuarinas de Estados Unidos.

Imagen: Eastern Shore Land Conservancy

Lo que esta transformación tiene en común con los campos españoles

El caso estadounidense tiene paralelismos interesantes con las estrategias que se están impulsando en España para recuperar biodiversidad dentro de los paisajes agrícolas.

El Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) recuerda que alrededor del 45% de la superficie española está destinada a usos agrícolas y ganaderos y señala que la intensificación ha provocado, entre otros efectos, la desaparición progresiva de espacios de vegetación natural que proporcionaban alimentación, refugio y lugares de reproducción a la fauna.

Recuperar esos pequeños espacios puede tener consecuencias significativas. Una síntesis científica en la que participó el Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC encontró que los paisajes agrícolas con mayor densidad de lindes podían albergar hasta un 70% más de artrópodos polinizadores y más de un 40% más de artrópodos relacionados con el control natural de plagas.

En España también se están ensayando soluciones como cubiertas herbáceas, setos, márgenes florales, charcas y recuperación de zonas improductivas de los cultivos. Proyectos como Olivares Vivos, desarrollado por SEO/BirdLife, han aplicado varias de estas actuaciones en olivares españoles para aumentar la complejidad del paisaje y favorecer la recuperación de biodiversidad.

Una protección pensada para durar más que sus propietarios

La última decisión de los Durocher es quizá la más importante para entender la historia. En 2026, los 116 acres de Tavern Creek Farm quedaron sometidos a una servidumbre permanente de conservación, financiada mediante un programa en el que participan el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y el estado de Maryland.

Este mecanismo limita permanentemente determinados usos y evita que la finca pueda transformarse posteriormente mediante urbanización, garantizando la conservación de sus valores naturales.

La gestión está ahora en manos de Sarah Starman, nieta de Louise y John Durocher. Su intención es que las siguientes generaciones puedan seguir encontrando allí bosques, humedales y praderas.

La propiedad que comenzó siendo un lugar adquirido para cazar termina así contando una historia diferente: la de cómo veinte años de pequeñas decisiones sobre qué plantar, qué dejar crecer y qué protegerpueden transformar por completo un paisaje.

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