Una finca ganadera llegó a tener 40.000 ovejas: hoy sus 62.000 hectáreas albergan más de 40.000 parejas de pingüino

 
Por Alejandro Lingenti. 23 septiembre 2026

A comienzos del siglo XX, miles de ovejas ocupaban estas tierras de la provincia argentina de Santa Cruz. La ganadería era entonces la principal actividad económica y Monte León llegó a convertirse en uno de los establecimientos ovinos más importantes de la Patagonia. Su historia, sin embargo, tomó un rumbo completamente diferente.

El territorio forma hoy parte del Parque Nacional Monte León, un espacio protegido de 62.169 hectáreas situado junto al Mar Argentino. Allí, donde durante décadas pastaron decenas de miles de ovejas, se encuentra actualmente una de las colonias de pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus) más importantes de Argentina.

La Administración de Parques Nacionales cifra la población reproductora en más de 40.000 parejas y, en su ficha oficial del área protegida, habla de unas 46.000 parejas. El cambio ocurrido en poco más de un siglo permite recorrer también una parte de la historia económica y ambiental de la Patagonia.

De más de 40.000 ovejas a un espacio protegido

La actividad ganadera marcó profundamente la historia de Monte León. La estancia estuvo vinculada a The Southern Patagonia Sheep Farming Company Limited, que inició su actividad ovina a finales del siglo XIX. Hacia 1920, los registros señalan que el establecimiento tenía 40.535 ovejas, 300 caballos, 8 vacas y 1 toro.

Durante buena parte del siglo XX continuó siendo una explotación ganadera. Sin embargo, el número de animales fue disminuyendo. Entre las décadas de 1970 y 2000 solo se mantuvieron aproximadamente entre 11.000 y 20.000 ovejas, ningún otro animal, y, finalmente, a finales de 2001 se retiró el ganado ovino.

El futuro de aquellas tierras comenzó a definirse poco antes. En 2001, la Fundación Vida Silvestre Argentina adquirió la estancia gracias a fondos aportados por Patagonia Land Trust. El propósito no era continuar con la explotación ganadera, sino conservar el territorio y transferirlo posteriormente al Estado.

En noviembre de 2002, las tierras fueron donadas a la Administración de Parques Nacionales. Dos años después, mediante la Ley 25.945, nació oficialmente el Parque Nacional Monte León.

La transformación fue especialmente significativa porque Monte León se convirtió en el primer parque nacional costero-marino de Argentina, protegiendo simultáneamente ambientes de la estepa patagónica y del litoral del Mar Argentino.

Más de 40.000 parejas de pingüinos de Magallanes

Uno de los grandes protagonistas de esta recuperación es el pingüino de Magallanes. Esta especie pasa buena parte de su vida en el mar, pero necesita regresar a tierra firme para reproducirse, construir o reutilizar sus nidos y criar a sus polluelos.

En Monte León encuentra un extenso sector costero apropiado para hacerlo. La información oficial de Parques Nacionales habla de más de 40.000 parejas reproductoras, mientras que la ficha específica del parque sitúa la colonia en aproximadamente 46.000 parejas, lo que la convierte en una de las principales del país.

Los pingüinos comienzan a llegar a la zona a partir de octubre. Durante la temporada reproductiva ocupan sus nidos, ponen los huevos y se turnan en diferentes tareas relacionadas con la incubación y la alimentación de las crías.

El visitante puede acercarse a la colonia mediante el llamado Sendero Pingüinera, aunque la observación debe realizarse respetando las indicaciones del área protegida. No hay que olvidar que, por acostumbrados que algunos ejemplares puedan parecer a la presencia humana, siguen siendo animales silvestres.

La protección del lugar resulta además relevante porque el pingüino de Magallanes depende tanto de la conservación de sus zonas terrestres de reproducción como de las condiciones del ecosistema marino donde obtiene su alimento.

Un refugio que va mucho más allá de los pingüinos

La riqueza de Monte León no termina en su enorme pingüinera. En sus diferentes ambientes se han registrado 134 especies de aves y 28 especies de mamíferos, además de reptiles, peces y numerosos invertebrados.

En la estepa pueden encontrarse guanacos, ñandúes, zorros, mofetas, armadillos y pumas. En las playas, acantilados y zonas rocosas aparecen gaviotas, gaviotines, cormoranes y otras aves marinas. También existen apostaderos de lobos marinos de un pelo.

Las restingas que quedan al descubierto cuando baja la marea esconden otro pequeño universo biológico formado por anémonas, estrellas de mar, erizos, cangrejos, mejillones y otros moluscos. Mar adentro, los bosques submarinos de grandes algas sirven de refugio para numerosas especies de peces, mientras que en las aguas de la zona pueden observarse ocasionalmente toninas overas y delfines australes.

El parque protege, por tanto, mucho más que una colonia de pingüinos: conserva el punto de encuentro entre dos grandes ecosistemas, la estepa patagónica y el Mar Argentino.

La antigua actividad ganadera tampoco ha sido borrada de su historia. Parte de las instalaciones de la finca permanece en pie y el antiguo galpón de esquila sirve para explicar cómo funcionaba uno de los establecimientos ovinos más importantes de la región.

Monte León reúne así dos épocas en un mismo paisaje. Los corrales y edificios recuerdan las decenas de miles de ovejas que ocuparon estas tierras durante el siglo pasado; los guanacos, pumas y, sobre todo, las decenas de miles de parejas de pingüinos muestran cuál es hoy su función principal: proteger uno de los grandes espacios naturales de la costa patagónica argentina.

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